es limpia hasta los romanos! ?Quinto Varus dio origen a mi apellido! Dime: ?quien ha osado sostener tal afrenta?

Noto el aliento a cebolla de don Nicolas en su rostro.

—No..., no lo se —tartamudeo, en esta ocasion sin necesidad de simular. ?No se habria excedido? El joven temblaba de ira—. No los conozco. Como comprendera vuestra excelencia, no me trato con tales personajes.

—?Los reconocerias? —?Como reconocer a dos hombres que acababa de inventarse? Podia contestarle que en la noche no los vio con suficiente claridad—. ?Los reconocerias? —insistio el hidalgo, zarandeandole con violencia por los hombros.

—Por supuesto —afirmo Hernando, y se separo de el.

—?Acompaname a la Corredera!

—No.

Don Nicolas dio un respingo.

—?Como que no? —El hidalgo dio un paso hacia el y Hernando reculo.

—No puedo. Me esperan en la... —?Cual era el gremio mas alejado de la zona del Potro? Aquel en el que no le encontrara despues si le buscaba—. Me esperan en la olleria. Vuestros problemas no me incumben. Lo unico que me interesa es mantener a mi familia. Si no acudo a trabajar, el maestro no me pagara. Tengo esposa e hijos a los que trato de educar en la doctrina cristiana... —?Ahi estaba!, se felicito al ver al hidalgo rebuscar con torpeza en sus calzas hasta encontrar una bolsa. ?Por Fatima!, penso Hernando—. Uno de ellos esta enfermo y me parece que otro...

—?Calla! ?Cuanto te paga tu maestro? —pregunto, tanteando las monedas en el interior de la bolsa.

—Cuatro reales —mintio.

—Toma dos —le ofrecio.

—No puedo. Mis hijos...

—Tres.

—Lo siento, excelencia.

El hidalgo puso en su mano una moneda de cuatro reales.

—?Vamos! —ordeno.

Para llegar de la ermita de la Consolacion, donde estaba el torno para los expositos, hasta la Corredera solo habia que cruzar la plaza de las Canas; unos escasos pasos que el hidalgo anduvo tieso y con vigor, la mano en la empunadura de la espada, renegando, clamando venganza contra aquellos que se habian permitido mancillar su apellido. Hernando lo hizo por delante, empujado por don Nicolas de tanto en tanto. ?Y ahora?, pensaba, ?como escapar de aquella trampa que el mismo se habia tendido? Pero apreto la moneda en su mano. ?Cuatro reales! ?Todo dinero era bueno para comprar la libertad de Fatima!

—?Y si no estuviesen esta tarde? —planteo en una de las ocasiones en que el hidalgo le azuzo por la espalda.

—Reza para que no sea asi —se limito a contestar don Nicolas.

Accedieron a la gran plaza cordobesa por su testero sur. Hernando trato de acostumbrar la vista al gran espacio. En la plaza se contaban tres mesones: el de la Romana, alli por donde habian accedido, y otros dos a su derecha, en el testero este, junto a la calle del Toril, el de los Leones y el del Carbon, situados cerca del hospital de Nuestra

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