—Tampoco.
Palomero decia haber descubierto la trampa con la que Mariscal acostumbraba a desplumar, ya no a los «blancos», los ingenuos que acudian a su casa de tablaje, sino a los propios fulleros o tahures por expertos que pudieran ser.
—Es capaz de mover el lobulo de la oreja derecha al tiempo que permanece imperterrito —le confeso maravillado—. No se le mueve ni un solo musculo mas del rostro, ?ni siquiera el resto de la oreja! Juega a medias con un complice, que en cuanto reconoce la senal, sabe que cartas lleva Mariscal y apuesta. ?Ahora?
Hernando estallo en carcajadas ante el rostro contraido de su amigo.
—No. Lo siento.
En general, exceptuando algunos fracasos como el del falso muerto, las cosas le iban bien. Tanto, que ya habia hablado con Juan para pagarle el primer plazo de una mula, no la que el hubiera deseado pero tampoco la que podria comprar con su capital: el tratante le hizo un buen precio. Pensaba trocarle a Brahim aquella mula por Fatima. No se negaria por mas que odiase a Hernando. Hacia tiempo que no reclamaba a su segunda esposa. Fatima continuaba con su ayuno, para lo que tampoco tenia que hacer grandes esfuerzos dadas las carencias, por lo que no engordaba y se mantenia extremadamente delgada y languida, algo que no atraia a un Brahim siempre cansado debido al extenuante trabajo en los campos, al que no estaba acostumbrado. Aisha colaboraba en la tranquilidad de la muchacha y saciaba a su esposo cuando este se veia capaz. Sin embargo, desde que la habia salvado del toro en el callejon, los ojos negros de Fatima chispeaban dia y noche. Hernando tuvo que convencerla de su plan.
—?Seguro que aceptara! —trato de animarla—. ?No ves como se levanta al alba y como retorna a casa despues de una jornada de trabajo en los campos? Esta consumiendose dia a dia. Brahim es hombre del camino; nunca ha sido agricultor, y menos por la miseria que le pagan. Necesita el espacio abierto. Te repudiara. No me cabe duda.
Y era cierto. Ni siquiera el ya notorio embarazo de Aisha logro trocar el alicaido espiritu del arriero, que venia ahora a confundirse con su natural mal humor e irascibilidad.
—Te odia a muerte —alego Fatima, quien era consciente de que, en los ultimos dias, Brahim habia vuelto a mirarla con ojos lascivos. Se cruzaba con ella en la casa, le impedia el paso y echaba las manos a sus senos. La muchacha opto, sin embargo, por no transmitir sus temores a un ilusionado Hernando. No era lo unico que le ocultaba esos dias, penso con tristeza.
—Pero se quiere mas a si mismo —sentencio el—. Cuando yo estaba en el vientre de mi madre, me acepto a cambio de una mula. ?Por que no iba a ser lo mismo ahora en peores circunstancias?
Con aquellos cuatro reales que acababa de obtener de don Nicolas, calculo justo al doblar el callejon que llevaba a la ruinosa casa en la que se hacinaban, podria entregarle a Juan el primer pago de la mula. Un joven apostado en la misma esquina le ordeno que guardara silencio. ?Que hacia alli aquel muchacho? Lo tenia visto en la casa; dormia con su familia en una de las habitaciones del piso superior... ?Como se llamaba? Hernando se acerco a el, pero el joven se llevo un dedo a los labios y le indico que continuara.
Desde la misma puerta, percibio un ambiente festivo impropio e inusual. Extranado por el son de una cancion morisca, cantada en susurros, cruzo el portal y se dirigio al patio interior del edificio, identico al de la mayoria de las casas cordobesas, que los cristianos convertian en vergeles plagados de todo tipo de aromaticas y coloridas flores alrededor de la sempiterna fuente. En las casas arrendadas por los moriscos, aquellos patios servian para todo menos para el ornato y la complacencia; alli se tendia, se
