lavaba, se trabajaba la seda, se cocinaba y hasta se dormia; no existia flor que resistiese aquel trajin. Todos los vecinos del inmueble se hallaban reunidos en el patio o en las habitaciones de la planta baja. Vio bastantes caras nuevas. Y tambien vio a Hamid. Algunos charlaban en susurros; otros, con los ojos cerrados, como si quisieran huir de aquella gran prision cordobesa, tarareaban la cancion que habia escuchado al entrar. En una esquina del patio, quiza orientada hacia La Meca, un hombre rezaba. Al momento entendio el porque de la vigilancia en la esquina del callejon: las reuniones de moriscos estaban prohibidas y mas para rezar, pero...
—Si os descubrieran —recrimino a Hamid, que se dirigio a el nada mas verlo—, no habria escapatoria. El callejon no tiene salida y los cristianos siempre accederian a la casa por...
—?Por que te excluyes de la reunion, Ibn Hamid? —le interrumpio el alfaqui.
Hernando se quedo atonito. Hamid le habia hablado con dureza.
—Yo..., no. Lo siento. Tienes razon. Queria decir si nos descubrieran. —Hamid asintio, aceptando la excusa—. ?Que..., que se celebra? Corremos un riesgo importante. ?Que haces aqui?
—Mi amo me ha dado licencia por un rato. No podia perderme este dia.
Hernando ni siquiera estaba al tanto del calendario cristiano, menos por lo tanto del musulman. ?Seria alguna fiesta religiosa?
—Lo lamento, Hamid, pero no se que dia es. ?Que celebramos? —insistio distraido, mirando a la gente. De repente vio a Fatima, el adorno de una mano de oro brillaba en su cuello. ?Que habia sido de esa mano? ?Donde la mantenia escondia? Fatima volvio la vista hacia el, como si, en la distancia, se hubiera sentido observada. Hernando fue a sonreirle pero ella desvio la mirada y bajo la cabeza. ?Que sucedia? Busco a Brahim y lo localizo cerca de Fatima. En el patio no podria abordar a la muchacha para preguntar por que le rechazaba de aquella forma—. ?Que celebramos? —volvio a preguntar al alfaqui, en esta ocasion con un hilo de voz.
—Hoy hemos rescatado de la esclavitud a nuestro primer hermano en la fe —le contesto Hamid con solemnidad—. Aquel —anadio, senalandole a un hombre que mostraba la marca al fuego de una letra en su mejilla. Hernando dirigio su atencion hacia el morisco, que junto a una mujer recibia la felicitacion de los presentes. ?Que importancia podia tener un rescate para que Fatima...? ?Que era lo que sucedia?—. La que esta a su lado es su esposa —prosiguio Hamid—. Se entero de que el vivia como esclavo en la casa de un mercader de Cordoba y...
Hamid detuvo su explicacion.
—?Y? —pregunto Hernando sin darle mayor importancia. ?Que le pasaba a Fatima? Intento captar su atencion de nuevo, pero era evidente que ella le rehuia.
—Acudio a la comunidad.
—Bien.
—A sus hermanos.
—Aja —murmuro Hernando.
— Todos han contribuido aportando el coste del rescate. ?Todos los moriscos de Cordoba! Incluso yo he dado algun dinero que logre obtener... —Hernando se volvio extranado, interrogando a Hamid con la mirada—. Fatima —confeso entonces el alfaqui— ha sido una de las mas generosas.
Hernando meneo la cabeza como si quisiera alejar las
