palabras que acababa de escuchar. La moneda de cuatro reales del hidalgo que todavia apretaba en el puno estuvo a punto de escaparsele de entre los dedos, tal fue la debilidad que le asalto. ?Fatima! ?Una de las que mas habia contribuido!
—Esos dineros... —balbuceo—, esos dineros eran para comprar su propia libertad y...
—?La tuya? —anadio Hamid.
— Si —contesto con firmeza, reponiendose—. La mia. ?La nuestra!
Volvio a buscar a Fatima y en esta ocasion la encontro erguida al otro lado del patio. Ahora si que ella le sostuvo la mirada, segura de que Hamid ya le habia contado el destino que habia dado a sus dineros. Fatima habia explicado al alfaqui para que atesoraban aquella cantidad, y le confeso que ella se veia incapaz de decirselo. Con una sensacion extrana, Hernando la contemplo: estaba orgullosa y satisfecha, el brillo de sus ojos competia con el fulgor titilante que las luces arrancaban a la joya de oro que adornaba su cuello.
—?Por que? —le pregunto Hernando desde la distancia.
Fue Hamid quien le contesto:
—Porque te has alejado de tu pueblo, Ibn Hamid —le recrimino a su espalda. Hernando no se movio—. Mientras los demas nos organizamos, intentamos rezar en secreto y mantener vivas nuestras creencias, o ayudamos a aquellos de los nuestros que lo necesitan, tu te has dedicado a correr por Cordoba como un rufian. —Hamid espero unos instantes. Hernando continuo quieto, hechizado por aquellos ojos negros almendrados—. Me duele ver a mi hijo en el ultimo de los grados que rigen y gobiernan nuestro mundo: el de los baldios.
Hamid percibio un ligero temblor en los hombros de Hernando.
—Tu me ensenaste —replico este, sin volverse— que por debajo hay otro: el ultimo, el duodecimo, el de las mujeres. ?Por eso Fatima ha tenido que renunciar a su libertad?
—Ella confia en la misericordia de Dios. Tu deberias hacer lo mismo. Vuelve con nosotros, con tu pueblo. Vuestra esclavitud, la tuya y la de Fatima, no es la de los hombres, que se puede comprar. Vuestra esclavitud es la de nuestras leyes, la de nuestras creencias, y esa solo Dios esta llamado a proveerla. Cuando Fatima me entrego el dinero y me explico para que lo tenias, por que luchabas por conseguirlo, le dije que confiara en Dios, que no perdiera la esperanza. Entonces me aseguro que con una sola frase lo entenderias... —Hernando volvio la cabeza hacia aquel que todo le habia ensenado. La sabia. Sabia que frase era aquella, pero solo al escucharla de nuevo la capto en todo su significado: en la historia que se escondia tras ella, en los padecimientos y las alegrias compartidas con Fatima. Hamid entrecerro los ojos antes de susurrarla—: Muerte es esperanza larga.
29
Repudiame! ?Matame, si no! Fuerzame si eso es lo que deseas. .. Pero jamas volveras a obtener mi consentimiento. ?Por Dios que morire antes que entregarme de nuevo a ti!
Incluso en la penumbra de la habitacion fue perceptible el temblor de ira con que Brahim acogio la negativa de Fatima a su acercamiento. Aisha, agazapada en una esquina, escucho aquellas palabras, confundida entre el terror por la reaccion de Brahim y el orgullo por la actitud de la muchacha; la joven pareja con su pequeno, tumbada sobre un jergon en
