moriscos que tenian atemorizados a los buenos cristianos, como el Sobahet, un cruel monfi valenciano que capitaneaba una de las partidas que se habian hecho fuertes en Sierra Morena, al norte de Cordoba, compuesta en su mayor parte por esclavos desesperados, fugados de tierras de senorio, donde la vigilancia era menor que en la ciudad, y que debido a tener los rostros marcados al hierro no podian esconderse en las ciudades y optaban por hacerlo en las sierras.

Los monfies eran su unica posibilidad, concluyo Brahim.

Al amanecer del dia siguiente, tras pasar ante la iglesia y el cementerio de Santa Marina, y dejar a su izquierda la torre de la Malmuerta destinada a carcel de nobles, Brahim, Aisha y el pequeno Shamir abandonaron Cordoba por la puerta del Colodro, en direccion norte hacia Sierra Morena.

Habia ordenado a Aisha que se preparase para partir con el y el nino, y que se proveyese de comida y ropa de abrigo. Su tono fue tan tajante que la mujer ni siquiera se atrevio a preguntar. Cruzaron la puerta del Colodro mezclados entre la gente que salia a trabajar a los campos o al matadero, y se dirigieron hacia Adamuz, por encima de Montoro, en el camino de las Ventas, el que unia Cordoba con Toledo a traves de Sierra Morena. Cerca de Montoro acababan de encontrar a cuatro cristianos degollados y con las lenguas cortadas; los monfies debian rondar por la zona.

Desde Cordoba hasta Toledo, en el camino de las Ventas, habia numerosas posadas para los viajeros que lo transitaban, por lo que Brahim tomo sendas alejadas de la via principal, o incluso campo a traves, pero antes de llegar a Alcolea, en descampado, como estaba ordenado hacerlo, se produjo el primer encuentro con la Santa Hermandad. Atado a un poste hundido en la tierra, el cadaver asaetado de un hombre se descomponia para servir de alimento a los carroneros y de advertencia a los vecinos: esa era la forma en que la Hermandad ejecutaba sus sentencias de muerte contra los malhechores que osaban delinquir fuera de las ciudades. Brahim recordo las precauciones que le habian aconsejado tomar y obligo a Aisha a abandonar la ruta que seguian, aunque se trataba de un camino apartado por el que trataban de rodear las estribaciones de Sierra Morena e internarse directamente en la sierra. Entre alcornoques y canadas, su instinto de arriero le permitio orientarse sin dificultad y encontrar aquellos pequenos y desconocidos senderos que solo seguian los cabreros y los expertos en la montana.

El y Aisha, que caminaba en silencio detras de su marido con el nino a cuestas, tardaron todo el dia en recorrer la distancia que separaba Cordoba de Adamuz, un pequeno pueblo sometido al senorio de la casa del Carpio; acamparon en sus afueras, entre los arboles, escondidos de los viajeros y la Hermandad.

—?Por que escapamos de Cordoba? —Se atrevio a preguntar Aisha en el momento en que entregaba a Brahim un pedazo de pan duro—. ?Adonde nos dirigimos?

—No escapamos —le contesto su esposo con rudeza.

Ahi termino la conversacion y Aisha se volco en el nino. Pernoctaron a la intemperie, sin encender fuego y luchando contra el sueno, temerosos del aullar de los lobos, los grunidos de los cerdos salvajes o cualquier otro sonido que pudiera delatar la presencia del oso. Aisha protegio a Shamir con su cuerpo. Brahim, sin embargo, parecia feliz; observaba la luna y dejaba vagar la mirada entre las sombras, deleitandose con la que habia sido su forma de vida antes de la deportacion.

Al alba, efectivamente, fueron los monfies quienes

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