miraban a Aisha sin esconder su deseo.
—Di rapido lo que tengas que decir —conmino el jefe monfi a Brahim, antes incluso de que este llegase a su altura—. En cuanto regresen los hombres que nos faltan, partiremos. ?Por que crees que podria estar interesado en tus servicios?
—Porque necesito dinero —contesto sin tapujos Brahim.
El Sobahet sonrio con cinismo.
—Todos los moriscos lo necesitan.
—Pero ?cuantos de ellos escapan de Cordoba, se internan en Sierra Morena y acuden a ti?
El monfi penso en las palabras de Brahim. Aisha trataba de escuchar la conversacion a unos pasos de distancia. El nino ya se habia calmado.
— Los cristianos pagarian bien por mi detencion y la de mis hombres. ?Quien me asegura que no eres un espia?
— Ahi estan mi mujer y mi hijo varon —alego Brahim con un gesto hacia Aisha—. Pongo sus vidas en tus manos.
— ?Que podrias hacer? —pregunto el Sobahet, satisfecho con la replica.
— Soy arriero de profesion. Participe en el levantamiento y fui lugarteniente de Ibn Abbu en las Alpujarras. Se de recuas, y solo con verlas, con echar una ojeada a sus arreos y jaeces, puedo prever que es lo que transportan y cuales son sus defectos. Puedo moverme con una recua de mulas por cualquier lugar, por peligroso que sea, de dia o de noche.
—Ya tenemos a un arriero con nosotros: mi segundo, mi hombre de confianza —le interrumpio el Sobahet. Brahim se volvio hacia los esclavos—. No. No es ninguno de ellos. Le estamos esperando. Y ya hemos considerado la posibilidad de ayudarnos con algunas mulas, pero nos movemos con rapidez; las mulas no harian mas que entorpecer nuestros desplazamientos.
—Con buenos animales puedo moverme tan rapido como cualquiera de tus monfies y por lugares a los que nunca llegaria un hombre. Deberias tenerlos, multiplicarian tus beneficios.
—No. —El monfi acompano su negativa con un gesto de la mano—. No me interesa... —empezo a decir como si diera la conversacion por terminada.
—?Deja que te lo demuestre! —Insistio Brahim—. ?Que riesgo corres?
—Poner en tus manos nuestro botin, arriero. Ese seria el riesgo que correria. ?Que sucederia si te quedases atras con tus mulas cargadas? Deberiamos esperarte y arriesgar nuestras vidas... o confiar en ti.
—No te fallare.
—He oido demasiadas veces esa promesa —alego el Sobahet con una mueca.
—Podria actuar como espia...
—Ya tengo espias en Cordoba y en los pueblos que la circundan. Se de cada caravana que se mueve por el camino de las Ventas. Si quieres unirte a mi partida, te pondre a prueba, como a todos. Es lo mas que puedo ofrecerte. —En ese momento otro grupo de monfies aparecio entre los arboles—. ?Nos vamos! —grito el Sobahet—. Piensa en lo que te he dicho, arriero, y ven si quieres. Pero tu solo, sin tu mujer ni tu hijo.
—?Perra! ?Que hace esta puta aqui? —El grito resono entre el ajetreo de los hombres que se preparaban para partir. El Sobahet dio un respingo. Brahim se volvio hacia donde estaba Aisha.
