obligados a convertirse en monfies para escapar de una esclavitud injusta, de un trato ignominioso. ?Luchar y matar cristianos? Si. ?Los cristianos les habian robado su libertad y sus creencias! ?Eran ellos quienes habian esclavizado a sus esposas e hijas! Pero asesinar a una mujer musulmana...

Antes de que el monfi rindiese la espada, el Sobahet y Ubaid intercambiaron sus miradas. No podia pedirle aquello a los hombres, parecio decirle el jefe monfi a su lugarteniente, ni tampoco debia hacerlo el personalmente; era una mujer musulmana. Entonces intervino Ubaid:

—Coge a tu nino y a tu marido y vete. Eres libre. Yo, Ubaid, te concedo la vida, la misma que le quitare a tu otro hijo.

Aisha abrio los ojos sin mirar a nadie. Se levanto presurosa, temblando, y acudio al hombre que sostenia a Shamir, que se lo ofrecio en silencio. Luego se dirigio alli donde se hallaba Brahim, postrado junto a las brasas. Lo observo con desprecio y le escupio.

—Perro —acerto a insultarle.

Abandono el claro del bosque, deshecha en llanto, sin saber adonde dirigirse.

—Ensenale donde esta el camino de las Ventas —ordeno el Sobahet a uno de los monfies, cuando la espalda de Aisha se perdia en direccion contraria, hacia la fragosidad de la sierra.

33

Hernando entrego a Rodrigo un soberbio ejemplar de tres anos de edad, ya embridado, nervioso, y de una curiosa capa pia, con grandes manchas marrones sobre blanco. Los potros, una vez montados, cuando ya se dejaban mandar en el picadero de las caballerizas reales, debian acostumbrarse al campo, a los toros y a los animales, a cruzar rios y saltar cortadas, a galopar por los caminos y a detenerse al solo contacto con el freno, pero tambien debian conocer la ciudad: pararse junto al taller de un forjador y permanecer impasibles ante los golpes en el hierro sobre la forja; moverse entre la gente sin asustarse de las correrias de los ninos, de los colores, de las banderas o de los muchos animales que andaban sueltos por Cordoba —perros, gallinas y por supuesto los numerosos cerdos peludos y oscuros, de colas negras, y orejas y hocicos puntiagudos en los que algunos mostraban imponentes colmillos—; soportar la musica, las fiestas y todo tipo de ruidos e imprevistos. ?Que seria de aquellos caballos y sobre todo de sus domadores si el rey o cualquiera de sus familiares, allegados o beneficiados cayeran por los suelos porque sus monturas se hubieran asustado del estruendo de los pifanos y timbales en una parada militar o del griterio de los subditos ante su rey?

Todavia no habian llegado los nuevos potros de las dehesas, por lo que Hernando se limitaba a ayudar en las cuadras sin funcion concreta, y con aquel proposito Rodrigo, montado en el pio, y Hernando a pie, con una larga y flexible vara en la mano, salieron de ellas por la manana a recorrer la ciudad y someter al fogoso potro a toda clase de nuevas experiencias.

—Te he visto trabajar en las cuadras y me complace tu labor —le dijo el jinete antes de echar el pie al estribo del caballo—, pero de momento no deja de ser similar a la de los demas. Ahora comprobare si en verdad posees ese sentido especial que creyo percibir en ti don Diego. Vamos a recorrer la ciudad y a ensenarsela a este potro. Se asustara. Cuando ello suceda, si consideras que yo ya no debo hacer nada mas, que castigarlo con las espuelas o con la vara seria contraproducente, deberas intervenir azuzando al caballo y en la medida correcta. ?Entiendes?

Hernando asintio cuando el jinete ya pasaba su pierna

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