—Espera aqui.
El hombre se alejo hacia una de las mazmorras que daban al patio, por detras de las arcadas que lo circundaban, y Hernando presencio como dos alguaciles que mascullaban sin cesar, sucios de excrementos y orines, flanqueaban al reo condenado a galeras. El galeote, mugriento, sonreia entre los malhumorados alguaciles, mientras que desde las mazmorras se despedian de el a gritos, y la gente se apartaba con asco a su paso. Los siguio con la mirada hasta que abandonaron la carcel y al volverse hacia el patio, se encontro con Aisha, que habia dejado a Shamir en brazos de otra reclusa.
—Madre...
—Hernando —musito Aisha al verle.
—?Donde podriamos estar a solas un rato? —pregunto Hernando al alcaide.
Este les cedio una pequena habitacion contigua a la porteria, sin ventanas, que servia de almacen.
—?Que hacias...? —empezo a preguntar tan pronto como el alcaide cerro la puerta tras de si.
—Abrazame —le interrumpio Aisha.
Contemplo a su madre, que le esperaba con los brazos entreabiertos, como si no se atreviera a refugiarse en el. ?Nunca se lo habia pedido! Por un segundo recordo como, en Juviles, ella reprimia sus muestras de carino ante la mas minima posibilidad de ser descubierta y ahora... Se echo en sus brazos y la abrazo con fuerza. Aisha lo arrullo y tarareo una de sus canciones de cuna sin lograr evitar que el son se quebrase por algun sollozo.
—?Que hacias en el camino de las Ventas, madre? —pregunto al fin con la voz tomada.
Aisha le conto la huida a la sierra, el encuentro con los monfies y con Ubaid; como le cortaron la mano a su padrastro y a ella le perdonaron la vida.
—Le escupi y le insulte —revelo al final, titubeando, incapaz todavia de aceptar el hecho de que habia dejado a su esposo abandonado en Sierra Morena despues de que le cortasen una mano.
Hernando deseo reir, gritar incluso. ?Perro!, penso. ?Por fin su madre se habia rebelado! Sin embargo, algo le aconsejo no hacerlo.
—El se busco su perdicion —se limito a afirmar.
Aisha titubeo antes de asentir ligeramente.
—Ubaid quiere matarte —le advirtio—. Es peligroso. Se ha convertido en el lugarteniente de un jefe de los monfies.
—No te preocupes por ello, madre —la atajo, sin excesiva conviccion—. Nunca bajara a Cordoba, ni por mi ni por nadie. Piensa solamente en ti y en el nino. ?Como os tratan aqui?
—Nadie nos molesta... y comemos.
Abbas respeto el silencio en el que Hernando se habia sumido cuando empezo a caminar a su lado. La despedida habia sido larga: Aisha sollozaba y parecia querer retenerlo junto a ella, y el... tampoco queria dejarla alli, pero antes de que se dejara llevar por el mismo llanto, cuando Aisha percibio un ligero temblor en el menton de su hijo y noto que se le aceleraba la respiracion, le obligo a marcharse. Hernando busco al alcaide y le prometio dinero, cualquier cosa a cambio de que la tratara bien y cuidara de ella, y abandono la carcel mirando una y otra vez la puerta de la mazmorra por la que su madre desaparecio.
