?Cuanto he esperado este...!
Pero Fatima no le dejo continuar: alzo ambas piernas hasta cenirlas a su cintura, quedo suspendida de el y se movio delicadamente la vulva hasta encontrar su pene erecto. Sus jadeos se confundieron en uno solo cuando Fatima se deslizo hacia abajo y el la penetro hasta llegar a lo mas hondo de su cuerpo. Hernando, en tension, sus musculos brillantes de sudor, la sostuvo agarrada por la espalda y ella se arqueo, contorsionandose en busca del placer. Fatima impuso el ritmo: escucho con atencion sus jadeos, sus suspiros y sus ininteligibles susurros; se detuvo en varias ocasiones y le mordisqueo los lobulos de las orejas y el cuello, hablandole para sosegar su impetu, prometiendole el cielo para luego, de nuevo, iniciar un ritmico baile sobre su miembro. Al fin, alcanzaron el orgasmo al tiempo.
Hernando aullo; Fatima se deleito en un extasis que se alzo por encima del grito de su esposo.
—Al lecho, llevame al lecho —le rogo la muchacha cuando el hizo ademan de alzarla y separarse—. Asi. ?Llevame! —Se abrazo todavia mas a el—. Los dos juntos —le exigio—. Te amo. —Tiraba de sus cabellos mientras el la conducia al talamo—. No te separes de mi. Quiereme. Mantente dentro de mi...
Tumbados, sin romper su union, se besaron y acariciaron hasta que Fatima noto que el deseo renacia en Hernando. Y volvieron a hacer el amor, con frenesi, como si fuera la primera vez. Luego ella se levanto y preparo limonada y frutos secos, que le sirvio en la misma cama. Y mientras Hernando comia, le lamio todo el cuerpo, moviendose como una gata hasta que el se sumo a su juego tratando de alcanzarla con su lengua a medida que ella se deslizaba de un lado a otro.
Esa noche, los dos juntos, recorrieron una y otra vez los milenarios caminos del amor y del placer.
35
Habian transcurrido siete meses desde que contrajeran matrimonio. Aisha cumplio los sesenta dias de condena, fue puesta en libertad y Hernando obtuvo el permiso del administrador para que, junto a Shamir, compartiera con ellos las habitaciones de encima de las cuadras.
Fatima estaba embarazada de cinco meses y Saeta acabo entregandose a sus cuidados y caricias. No volvio a hablarle en arabe. La misma noche de bodas, tumbados en la cama, sudorosos, habia explicado a Fatima lo que le habia sucedido con el potro y don Diego.
—Un cristiano siempre sera un cristiano —le contesto ella en un tono absolutamente distinto al utilizado a lo largo de la noche, recelosa ante la afirmacion de que alli la unica religion eran los caballos—. ?Malditos! No te fies, mi amor: con caballos o sin ellos, nos odian y lo haran siempre.
Luego Fatima volvio a buscar el cuerpo de su esposo.
Hernando trabajaba de sol a sol. Dos veces al dia tenia que pasear a los potros del ronzal para que hicieran ejercicio. Lo hacia con un ronzal largo alrededor del que giraban los animales; con una vara verde untada con miel en la boca, cuyo grosor debia ir en aumento hasta llegar al de una lanza para que se acostumbrasen al freno de hierro que un dia les embocarian, y con sacos de arena en el lomo para que se hicieran al peso de un jinete. En las cuadras los limpiaba restregandoles todo el cuerpo con un mandil; les levantaba pies y manos y les limpiaba los cascos preparandolos para el momento en que los herrasen. Saeta
