fue el primero en admitir el trabajo en el patio con un saco de arena en el lomo y una gruesa vara en la boca. Con independencia de esos trabajos, a menudo alguno de los jinetes le pedia que le acompanara a recorrer la ciudad como hiciera con Rodrigo.
Le gustaba su trabajo y los potros rebosaban salud y buenas maneras. Sorprendio a los mozos de cuadra con propuestas de algun tipo de alimentacion complementaria a la paja y avena que de ordinario comian los potros: Saeta, brioso, debia comer una pasta de habas o garbanzos hervidos con salvado y un punado de sal durante la noche; algun otro potro, apocado, debia complementar su alimentacion con trigo o centeno, igualmente hervido la noche anterior hasta formar una pasta a la que tambien debia anadirsele salvado, sal y, en este caso, aceite. Frente a aquellas recomendaciones, que originaron alguna reticencia en las costumbres de las caballerizas, don Diego considero que en nada podian perjudicar a los potros, por lo que accedio a los consejos del morisco. Los resultados fueron notorios e inmediatos: Saeta, sin perder su brio, se sosego, y aquellos potros apocados ganaron en animo y alegria. Jinetes, mozos de cuadra, herradores y guarnicioneros le respetaban y hasta el administrador le concedia con diligencia todo aquello que pudiera necesitar, como la recomendacion para que Aisha pudiera trabajar ayudando en el hilado de la seda.
Ese 8 de diciembre de 1573, dia de la Concepcion de Nuestra Senora, los inquisidores tenian previsto celebrar un auto de fe en la catedral de Cordoba. Hernando y Fatima vivian con inquietud el alboroto que el anuncio origino entre la poblacion, incluido el personal de las caballerizas, tal y como habia sucedido en la misma fecha de los dos anos anteriores, en los que el mismo dia fue el elegido para celebrar sendos autos de fe. El del ano anterior alcanzo el cenit del fervor popular y la curiosidad morbosa: en ese auto, tras un largo proceso en el que se hizo necesaria la tortura, se dicto sentencia contra siete brujas, entre ellas la famosa hechicera de Montilla Leonor Rodriguez, conocida como «La Camacha», a quien, tras abjurar de
Sin embargo, ni el uno ni la otra pudieron permanecer ajenos a las intenciones del tribunal de la Inquisicion para aquel ano. La noche anterior, Abbas les habia hecho una visita.
—Manana deberemos acudir a la mezquita a presenciar el auto de Fe —les anuncio bruscamente tras saludarlos.
Hernando y Fatima cruzaron sus miradas.
—?Tu crees? —Pregunto el joven—. ?Que razon podria...?
—Hay varios moriscos condenados.
Pese a su origen africano, Abbas se llevaba muy bien con los inquisidores. El mismo seguia las instrucciones dadas a Hernando y se presentaba ante sus despiadados vecinos del alcazar como el mas cristiano de los cristianos, hasta el punto de que no era inusual que se le pusiese como ejemplo de evangelizacion de alguien nacido en la secta de Mahoma. Su oficio le permitia, asimismo, ganarse la confianza y gratitud de los avaros inquisidores y familiares del Santo Oficio: el herraje de una puerta desprendida, aquella barandilla de hierro que habia cedido; un adorno quebrado. ?Las rejas de los ventanucos de las mazmorras...! Todos aquellos pequenos arreglos eran encomendados al habil herrador de las caballerizas que decia realizarlos por devocion, sin cobrar por ellos.
—Aun asi —insistio Hernando—, ?que razon podria llevarnos a presenciar el auto de fe?
