la Inquisicion vigilaba y sancionaba la herejia. En tiempos de los musulmanes, los fieles se purificaban y hacian sus abluciones en cuatro lavatorios, dos para mujeres y dos para hombres, que el califa al-Halan construyo fuera de la mezquita, frente a sus fachadas oriental y occidental, y luego accedian a la sala de oracion a traves de las diecinueve puertas, una por nave, que se abrian por sus costados y que los cristianos habian tapiado. Por tanto, aquel dia, entraron en el recinto por la puerta del Arco de Bendiciones, la unica que quedaba abierta en el huerto, alli donde antano se bendecian los pendones de las tropas que partian a luchar contra los musulmanes. Ya en el interior, esperaron a que sus ojos se habituaran a la luz de las lamparas que colgaban del techo de solo nueve varas de altura, y hasta Abbas, aun conociendola, no pudo sino sumarse a la impresion que inmovilizo a Fatima y Hernando mientras la gente entraba a raudales, sorteandolos unos, empujandolos otros. ?Un bosque de casi un millar de columnas alineadas, unidas todas ellas por dobles arcadas, unas encima de otras, que alternaban el rojo de los ladrillos y el ocre de la piedra en los arcos, se abria ante ellos invitandolos a la oracion!
Permanecieron quietos unos instantes respirando el fuerte olor a incienso. Hernando contemplaba absorto los capiteles visigoticos o romanos, todos diferentes, que culminaban las columnas en su union con los arcos. Fatima seguia flanqueada por los dos hombres.
—No hay otro Dios que Dios y Muhammad es el mensajero de Dios —susurro entonces ella, como si alguna fuerza externa, magica, le hubiera obligado a pronunciar tales palabras.
—?Estas loca? —la increpo Abbas a la vez que volvia la cabeza para ver si alguien daba muestras de haberla oido.
—Si —contesto Fatima en voz alta, al tiempo que se adelantaba, embriagada, acariciando su prominente barriga, hacia el interior de la mezquita.
Abbas dirigio la mirada hacia Hernando suplicandole que impidiera cualquier disparate por parte de su esposa.
—Hazlo por nuestro hijo —le rogo este tras alcanzarla y posar su mano sobre la barriga de la muchacha. Fatima parecio despertar—. Un dia te jure que pondria a los cristianos a tus pies, hoy te juro que algun dia rezaremos al unico Dios en este lugar santo. —Ella entrecerro los ojos. Aquel compromiso no le parecio suficiente—. Lo juro por Ala —anadio Hernando en voz baja.
—Ibn Hamid —le contesto ella sin precaucion alguna. La gente seguia fluyendo por sus costados, charlando excitada por el auto de fe que iban a presenciar—. Recuerda siempre este juramento que acabas de hacer y cumplelo suceda lo que suceda.
Abbas resoplo al ver como Fatima se agarraba de nuevo al brazo de su esposo.
Poco mas pudieron adentrarse en la mezquita; miles de personas rodeaban ya la zona en la que se estaba construyendo la nueva catedral renacentista, en forma de crucero, sustentada en grandes pilares y arbotantes al estilo gotico, en el corazon del lugar de oracion de los musulmanes —en la nave central que conducia al
