de cuyos miembros temieron que la nueva construccion acabase con sus capillas o altares y en pugna con el cabildo catedralicio, los veinticuatros y jurados de Cordoba dictaron un bando por el que se sentenciaba a muerte a todo operario que se prestase a trabajar en la construccion de la nueva catedral. El emperador Carlos I puso fin al contencioso y autorizo la construccion de la nueva catedral.
Mientras esperaban la entrada de todos los fieles, muchos de los cuales se tuvieron que conformar con permanecer en el huerto del claustro, asi como del tribunal del Santo Oficio, de los miembros de los cabildos catedralicio y municipal y sobre todo de los reos, entre murmullos, risas y conversaciones de los espectadores, Hernando tuvo tiempo suficiente para observar el interior del magno edificio capaz de albergar a miles de personas. Con independencia del huerto, la planta de la mezquita era casi cuadrangular. En su centro se procedia a la construccion de la nueva catedral, toda ella rodeada de centenares de columnas y dobles arcos montados que combinaban el rojo y el ocre. El espacio que quedaba entre la ultima linea de columnas y los muros de la mezquita habia sido aprovechado por los nobles y prebendados cristianos para abrir numerosas capillas dedicadas a sus santos y martires. Altares, cristos, cuadros e imagenes religiosas, como sucedia a lo largo y ancho de las calles de toda la ciudad, se exponian al fervor popular como muestra del poder de las casas nobles que las pagaban y beneficiaban con mandas y legados. Alli donde mirase, podia encontrar los escudos de armas y emblemas heraldicos de nobles, caballeros y principes de la Iglesia: esculpidos en la propia fabrica, en paredes, arcos y columnas; labrados en el hierro forjado del sinfin de rejas que cerraban las capillas perimetrales; en las laudas sepulcrales, casi todas a ras de suelo; en los retablos y pinturas de las capillas y en cualquier soporte por nimio que este pudiera resultar: cerraduras, lamparas, picaportes, cofres, sillas..., amen de los que aparecian en los escudos de guerra y los cascos de los caballeros castellanos, alemanes, polacos o bohemios que colgaban por doquier en gratitud por las victorias conseguidas en nombre del cristianismo.
«Musulman entre cristianos», se sintio Hernando al son de la musica del organo y los canticos del coro que anunciaba la entrada del obispo, del inquisidor de Cordoba y del corregidor de la ciudad, todos por delante de sus respectivas cortes y de los reos. «Igual que aquella construccion», anadio para si acariciando una de las columnas: el fervor cristiano se mostraba en todo el perimetro del templo, donde se hallaban las capillas. El espacio que se abria a partir de esas capillas, con sus mil columnas y arcos ocres y rojos cantaba la magnificencia de Ala, y en el centro, rodeada por las columnas, la nueva capilla mayor y el coro, de nuevo cristiana.
Hernando elevo la mirada al techo de la catedral: los cristianos buscaban acercarse a Dios en sus construcciones, alzandolas cuanto sus recursos tecnicos les permitian; firmes en sus bases, esbeltas en las alturas. Sin embargo la mezquita de Cordoba se mostraba como un prodigio de la arquitectura musulmana, el resultado de un audaz ejercicio constructivo en el que el poder de Dios venia a descender sobre sus creyentes. La seccion de los arcos superiores de las dobles arcadas que descansaban sobre las columnas de la mezquita, era el doble de ancha que la seccion de los arcos que los aguantaban. Al contrario de lo que sucedia con las construcciones cristianas, en la mezquita, la base firme, el peso, se hallaba por encima de las esbeltas columnas en notorio y publico desafio a las leyes de la gravedad. El poder de Dios se situaba en las alturas, la debilidad de los creyentes que oraban en la mezquita, en su base.
?Por que no habrian derruido los cristianos todo vestigio de aquella religion que tanto odiaban, igual que con las demas mezquitas de la ciudad?, se pregunto con la mirada todavia en los arcos dobles por encima de las columnas. El cabildo catedralicio de Cordoba era de los mas ricos de Espana y sus nobles tambien, y devocion no faltaba para haber asumido un proyecto como aquel. Podian haber proyectado la construccion de una gran catedral como las de Granada o Sevilla y sin embargo, habian permitido que la memoria
