—?Sera capaz de entender que de nuestra discrecion dependen las vidas de muchos hombres y mujeres?
—Lo entiende —confirmo de nuevo Hernando al tiempo que Fatima asentia avergonzada.
—Vamos, entonces.
Los dos hombres franquearon la reja que daba acceso a la biblioteca y se detuvieron. En su interior, en estanterias, aparecian centenares de tomos encuadernados, rollos de pergamino y algunas mesas para lectura. Entre dos de ellas habia un corro de cinco sacerdotes. En cuanto el herrador se dio cuenta de la reunion que se celebraba en el interior de la biblioteca intento retroceder, pero uno de los sacerdotes se apercibio de su presencia y los llamo. Abbas, grande como era, entrecruzo los dedos de sus manos en senal de oracion, se las llevo al pecho e inclino la cabeza; Hernando lo imito y ambos se dirigieron hacia el grupo.
—?Que quereis? —inquirio, molesto, el religioso que les habia llamado, antes incluso de que llegaran hasta el grupo de sacerdotes.
—Lo conozco, don Salvador —intervino entonces otro de los sacerdotes, el mayor de ellos, calvo y gordo, de escasa estatura, pero con una voz demasiado dulce para su aspecto—. Es un buen cristiano y colabora con la Inquisicion.
—Buenos dias, don Julian —saludo entonces Abbas.
Hernando farfullo un saludo.
—Buenos dias, Jeronimo —contesto el sacerdote—. ?Que te trae por aqui?
Uno de los religiosos se dirigio a una estanteria para coger un libro; los demas, salvo don Salvador, que los escrutaba, presenciaban la escena con cierta displicencia hasta que las palabras de Jeronimo llamaron su atencion.
—Hace tiempo... —Abbas carraspeo un par de veces—, hace tiempo, cuando llegaron los moriscos granadinos, me pedisteis que si encontraba entre ellos a un buen cristiano que ademas supiera escribir bien en arabe, os lo trajese. Se llama Hernando —anadio el herrador, tomando del brazo a su acompanante y obligandole a dar un paso al frente.
?Escribir en arabe! Hernando sintio sobre si hasta los ojos del Cristo crucificado que presidia la biblioteca. ?Habia enloquecido Abbas? Hamid le enseno los rudimentos de la lectura y la escritura en el lenguaje universal que unia a todos los creyentes, pero de ahi a que le presentasen en la biblioteca catedralicia como un buen conocedor... Algo le impelio a volverse hacia la entrada, donde encontro a Fatima escuchando tras la reja. La muchacha le animo con un imperceptible gesto de sus labios.
—Bien, bien... —empezo a decir don Julian.
—?No es demasiado joven para saber escribir en arabe? —le interrumpio don Salvador.
Hernando percibio un movimiento de intranquilidad en Abbas. ?Acaso este no habia pensado en lo que podria sucederles? ?No lo tenia preparado? Noto la animadversion que rezumaba de las palabras de don Salvador.
—Teneis razon, padre —contesto con humildad, al tiempo que se volvia hacia el—. Creo que mi amigo valora en demasia mis escasos conocimientos.
Don Salvador irguio la cabeza ante los ojos azules del morisco. Dudo unos instantes.
—Aunque sean escasos, ?donde los adquiriste? —le interrogo despues, quiza con un tono de voz algo diferente al utilizado hasta entonces.
