hacia las caballerizas. Superaron el alcazar de los reyes cristianos y Hernando decidio afrontar el asunto.

—Yo no puedo traducir esos documentos —se quejo—. Estan escritos en arabe culto. ?Como voy a ensenar arabe culto a ese sacerdote?

Abbas anduvo unos pasos mas sin contestar. Sentia cierta desconfianza. No le habia satisfecho la actitud de Fatima, demasiado atrevida e inconsciente, pero aun asi, se dijo, todos contaban con ella; ademas, reconocio, ?no habia sido el mismo quien acababa de senalarle el lugar en el que se escondia el mihrab, instandola a rezar? ?Acaso no tenian todos identicos sentimientos?

—Es al reves —confeso el herrador ya cerca de la puerta de las cuadras—. Es don Julian quien tiene que ensenarte a ti el arabe culto, el de nuestro libro divino.

Hernando se detuvo en seco, con la sorpresa dibujada en su rostro.

—Si —confirmo Abbas—, ese sacerdote, don Julian, es uno de nuestros hermanos y el mas culto de los musulmanes de Cordoba.

36

En las mismas fechas en que Aisha era puesta en libertad tras su detencion en Sierra Morena, Brahim abandono la partida de monfies del Sobahet junto a dos de los esclavos fugitivos que la componian. El escupitajo que le lanzo su esposa antes de abandonar el campamento se sumo al intenso dolor que sentia en el brazo. Poco despues de que Aisha desapareciese entre los arboles, los monfies se pusieron en marcha y Brahim se arrastro tras ellos; no podia quedarse solo en las sierras y tampoco podia volver derrotado y manco a Cordoba, por lo que los siguio, siempre a cierta distancia, como un perro maltratado. El Sobahet lo permitio; Ubaid se reia de el lanzandole los restos de su comida. Por eso, cuando escucho que dos de los hombres pretendian huir a Berberia, se sumo a ellos y juntos se encaminaron hacia las costas valencianas. Durante varias largas jornadas robaron comida y buscaron ayuda en las casas moriscas, tratando siempre de evitar a las cuadrillas de la Santa Hermandad que vigilaban aquellas antiguas vias romanas, ahora descuidadas. Anduvieron hacia el este, hacia Albacete, desde donde tomaron el camino que llevaba a Xativa para, desde alli, llegar a las poblaciones costeras del reino de Valencia situadas entre Cullera y Gandia, todas ellas casi exclusivamente pobladas por moriscos.

Desde aquellas costas y pese al esfuerzo de los sucesivos virreyes de Valencia, el flujo de moriscos hacia Berberia era constante, ayudados por los corsarios que acudian a saquear el reino. Los espanoles no dejaban vivir a los cristianos nuevos bautizados a la fuerza, pero tampoco los dejaban escapar a tierras musulmanas; no solo los nobles y terratenientes perdian mano de obra barata, sino tambien la propia Iglesia estaba empenada en la salvacion de sus almas como defendia el duque de Gandia, Francisco de Borja, general de los jesuitas, que abogaba «porque tantas almas como se podia perder, no se pierdan». Pero los moriscos ya se preocupaban por salvar sus almas... si bien en aquellas tierras donde se loaba a Muhammad, y sus hermanos valencianos ayudaban a todos aquellos que, decididos a abandonar los reinos que les habian pertenecido durante ocho siglos, se proponian cruzar a Berberia.

Brahim y sus companeros, junto a media docena mas de moriscos, lo consiguieron cuando al amanecer de una manana de septiembre cerca de una cincuentena de corsarios recorrieron la costa para saquear los arrabales de Cullera. Los corsarios utilizaron su tactica habitual: tres galeotas fondearon al amparo de la noche mas alla de la desembocadura del rio Jucar, donde desembarcaron, lejos del lugar que pretendian atacar. Al dia siguiente, al alba, se dirigieron a pie hacia su objetivo. Excepcion hecha de los posibles ataques perpetrados

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