por una gran armada corsaria, el corso terrestre basaba sus incursiones en la sorpresa y la rapidez. Los saqueos debian llevarse a cabo en un periodo de tiempo relativamente corto, inferior al plazo de respuesta a los toques de rebato de la ciudad asaltada y de las circundantes; los corsarios no querian entablar batalla. Luego, las galeotas acudian a recogerlos con el botin a un punto cercano y previamente pactado.

Esa noche, una avanzadilla de corsarios se interno en las tierras para visitar a los moriscos y obtener de ellos informacion para el pillaje; los cristianos nuevos tenian prohibido acercarse al litoral bajo pena de tres anos de galeras. Fue entonces cuando Brahim, los dos esclavos y otros tantos moriscos se sumaron a la expedicion. Dos hombres practicos en el terreno los acompanaron a fin de indicar a los corsarios los caminos para llegar a Cullera.

—Dejame una espada, me gustaria ir con vosotros —solicito el arriero a un hombre que parecia ser el adalid, ya de vuelta en la playa en la que permanecian escondidos los corsarios en espera del amanecer. Las galeotas seguian en alta mar, para no ser avistadas.

—?Morisco y manco? —le espeto el corsario—. ?Guardate de intervenir!

Brahim apreto los dientes y se dirigio al grupo de moriscos emplazados lejos de los corsarios, sentados sobre la arena, en silencio.

—?Que miras? —espeto a uno de los esclavos fugados de la partida de Ubaid, lanzandole una patada que le rozo el rostro. Brahim trato de permanecer en pie, ofendido, hasta que un corsario le ordeno de malos modos que se sentara como los demas y guardara silencio.

En una intervencion fulminante, los corsarios atacaron los arrabales de Cullera. Sorprendieron a los campesinos que habian acudido a atender sus tierras y tomaron diecinueve cautivos pero, en lugar de perseguir a otros tantos que huian despavoridos, partieron velozmente al punto de encuentro pactado con las galeotas, en esta ocasion cercano a Cullera. Ni las fuerzas en el interior de la ciudad, ni las de los lugares cercanos, tuvieron siquiera oportunidad de contrarrestar el ataque y antes de que se hubiesen percatado de lo sucedido, corsarios, cautivos y moriscos fugados se hallaban ya embarcados en las galeotas, rumbo a alta mar.

Sin embargo, una vez hubieron superado la distancia de un tiro de lombarda, las tres galeotas viraron hacia la costa e izaron «bandera de seguro»; las naves ya iban suficientemente cargadas con el botin de otras incursiones y la temporada de navegacion se hallaba proxima a finalizar. Los valencianos sabian que significaba la bandera blanca: los arraeces corsarios estaban dispuestos a negociar en aquel mismo momento el rescate de los cautivos. Aceptaron el seguro e iniciaron los tratos, chalupas arriba y abajo. Quince hombres fueron rescatados durante la manana, los cuatro restantes continuaron viaje hacia los mercados de esclavos de Argel.

Durante las dos tranquilas jornadas del tornaviaje, en las que los galeotes tuvieron que esforzarse por avanzar en una mar en calma, Brahim fue testigo del mismo desprecio por parte de la tripulacion corsaria —toda ella compuesta por turcos y renegados cristianos— que tuvieron que sufrir los moriscos durante el levantamiento de las Alpujarras. Nadie queria saber nada con ellos. Los alimentaron como si fueran perros y ni siquiera los utilizaron para bogar en el Mediterraneo. ?Por que aceptaban llevarlos entonces? Recordo, el regocijo de los moriscos valencianos a la vista de los corsarios; el solo hecho de pensar en el dano que infligirian a los cristianos era para ellos suficiente satisfaccion, maxime cuando con ello mantenian viva la esperanza de una futura ayuda por parte de la Sublime Puerta. Observo a los galeotes remando con esfuerzo; las naves cargadas, a las ordenes del comitre. Dividieron a

Вы читаете La Mano De Fatima
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату