obispo como el cabildo catedralicio le estaran agradecidos.

—Asi lo hare, padre.

—Podeis iros —despidio don Salvador a Hernando y Abbas.

Fatima sonrio a su esposo mientras traspasaba la reja de la biblioteca.

—?Bien! —susurro.

—?Silencio! —urgio Abbas.

Se dirigieron a la puerta de San Miguel, en el extremo occidental de la mezquita. Hernando y Fatima siguieron al herrador por todo el testero sur del edificio. Pasaron por delante de la capilla de don Alonso Fernandez de Montemayor, adelantado mayor de la frontera en tiempos del rey Enrique II, y Abbas se detuvo.

— Esta capilla, bajo la advocacion de san Pedro —senalo mientras hacia una piadosa genuflexion en su frontal, invitando a Hernando y a Fatima a imitarle—, esta construida en el vestibulo del mihrab de al-Hakam II. —Los tres se mantuvieron unos instantes arrodillados algo mas alla de los magnificos arcos polibulados, diferentes a los de herradura del resto de la mezquita, que daban acceso al vestibulo, dentro de lo que fue la maqsura , la zona reservada al califa y su corte—. Ahi detras —senalo Abbas con el menton—, utilizado ahora como sagrario de la capilla, se encuentra el mihrab , donde el rey prohibio que se efectuara enterramiento cristiano alguno. —Los restos del protegido del rey, don Alonso, al contrario que la mayoria de los enterramientos en el suelo, se mostraban en un sencillo y gran ataud blanco de piedra—. Aqui si —siseo a Fatima el herrador—: este es el lugar.

—Ala es grande —silabeo ella escondiendo la cabeza, al tiempo que se levantaba.

Cada uno, a su manera, intento imaginar el aspecto del famoso mihrab de al-Hakam II, frente al que permanecian arrodillados y que aparecia profanado y convertido en simple y vulgar sacristia de la capilla de San Pedro. Alli, en el mihrab, se leia el Coran. El ejemplar del Coran que se guardaba en la camara del tesoro era trasladado cada viernes al mihrab y depositado sobre un atril de aloe verde con clavos de oro. Habia sido escrito de mano del Principe de los Creyentes, Uzman ibn Affan; estaba adornado en oro, perlas y jacintos, y pesaba tanto que tenia que ser transportado por dos hombres. Tanto en el vestibulo como en el mihrab, el califa, de acuerdo con la magnificencia de la cultura cordobesa, ordeno la union de variados estilos arquitectonicos hasta obtener un conjunto de una belleza inigualable. Al nicho en el que se custodiaba el Coran se accedia pasando bajo una labrada cupula octogonal de estilo armenio cuyos arcos no se unian en su centro sino que se cruzaban a lo largo de sus paredes. Bizancio tambien estaba presente, con sus marmoles veteados o blancos y sobre todo con los coloridos mosaicos construidos con materiales traidos por artesanos venidos expresamente de la capital del imperio de Oriente. Inscripciones coranicas en oro y marmoles bizantinos. Arabescos. Elementos grecorromanos y tambien cristianos, cuyos maestros contribuyeron a la construccion, habian convertido aquel lugar donde se emplazaba la capilla de San Pedro en uno de los mas bellos del universo.

Los tres oraron en silencio durante unos instantes y, taciturnos, abandonaron la mezquita por la puerta de San Miguel. Salieron a la calle de los Arquillos, en la que se encontraba el palacio episcopal, construido sobre el antiguo alcazar de los califas de Cordoba. Cruzaron bajo uno de los tres arcos en los que descansaba el puente que cruzaba la calle por alto y que unia el antiguo palacio y la catedral, y continuaron en direccion

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