—En las Alpujarras. El parroco de Juviles, don Martin, a quien Dios tenga en su gloria, me enseno lo que sabia.
Bajo ningun concepto iba a hablar de Hamid y en cuanto al pobre don Martin..., la imagen de su madre acuchillandolo relampagueo en su recuerdo. ?Que iban a saber los miembros del cabildo catedralicio de Cordoba acerca del parroco de un pequeno pueblo perdido en la sierra granadina?
—?Y como es que un parroco cristiano sabia arabe? —tercio el sacerdote mas joven del grupo.
Don Julian fue a contestar pero don Salvador se le adelanto; todos parecian respetarlo.
—Es muy posible —afirmo—. Hace ya bastantes anos que el rey dispuso la conveniencia de que los predicadores conocieran el arabe para poder evangelizar a los herejes; muchos de ellos ignoran el castellano y ni siquiera son capaces de expresarse en aljamiado, sobre todo en Valencia y Granada. Hay que conocer el arabe para poder contradecir sus escritos polemicos, para saber que es lo que piensan. Bien, muchacho, demuestranos tus conocimientos por exiguos que sean. Padre —anadio dirigiendose a don Julian—, alcanzadme el ultimo manuscrito polemico que ha caido en nuestras manos.
Don Julian titubeaba, pero don Salvador le apremio meneando los dedos de su mano derecha extendida. Hernando noto un sudor frio en la espalda y evito mirar a Abbas, pero si lo hizo hacia Fatima, que le guino un ojo desde el otro lado de la reja. ?Como podia guinarle un ojo en aquellos momentos? ?Que queria decirle? Su esposa le animo con un movimiento del menton y una sonrisa, y entonces la entendio: ?por que no? ?Que sabian aquellos curas de arabe? ?No le estaban buscando a el como traductor?
Cogio el astroso papel que le tendia don Julian y lo ojeo. Se trataba de un arabe culto, de un arabe de mas alla de al-Andalus, diferente, como repetia hasta la saciedad Hamid, al dialectal implantado en Espana durante el transcurso de los siglos. ?De que trataba aquel escrito?
—Esta fechado en Tunez —anuncio con seguridad mientras trataba de entender que decia—, y versa sobre la Santisima Trinidad —anadio al comprender los caracteres—. Mas o menos, dice asi: en el nombre del que juzga con verdad —se invento, simulando que leia—, del que esta enterado, del Clemente, del Misericordioso, del Creador...
—De acuerdo, de acuerdo —le interrumpio don Salvador ofuscado, haciendo un aspaviento—. Evita todas esas blasfemias. ?Que dice del dogma de la Trinidad?
Hernando intento descifrar lo que constaba escrito. Conocia a la perfeccion el contenido de la disputa entre musulmanes y cristianos: Dios es solo uno, ?como, por lo tanto, podian sostener los cristianos que existian tres dioses, padre, hijo y espiritu santo en uno solo? Podia hablar de aquella polemica sin necesidad de averiguar el exacto contenido del texto, pero... se persigno con seriedad y despues se santiguo y alejo el papel que sostenia en su mano..., —Padre, ?en verdad deseais que repita, aqui —se volvio hacia la catedral—, en este lugar sagrado, lo que aparece escrito en este papel? Por mucho menos esta manana se ha condenado a varias personas.
—Tienes razon —concedio don Salvador—. Don Julian —agrego, dirigiendose a este—hacedme un informe sobre el contenido de ese documento. —Hernando llego a escuchar el suspiro que salio de los labios de Abbas—. ?En donde trabajas? —le pregunto entonces.
—En las caballerizas reales.
—Don Julian, hablad con el caballerizo real, don Diego Lopez de Haro, para que este joven pueda ensenaros el arabe y ayudarnos con los libros y documentos al tiempo que compagina su trabajo con los caballos del rey. Comunicadle que tanto el
