humareda, todavia sin llamas, ascendia en la oscuridad desde la pila de mercancias. Los hombres saltaron para ponerse en pie, y una impresionante llamarada que rugio al desatarse le sorprendio mientras el caos se apoderaba del campamento. Perdio unos instantes extasiado ante aquella lengua de fuego rojo intenso que parecia querer lamer el cielo.
—?Que haces con los caballos? —le grito el mozo que se ocupaba de ellos y que en lugar de dirigirse al fuego lo hizo hacia los animales.
Brahim desperto y trato de engatusarle con una mueca grotesca. Cuando el joven le miraba al rostro, extranado por su reaccion, extrajo la daga y se la hundio en el pecho. Aquella seria la ultima bufonada que haria en su vida, se prometio al montar de un salto sobre el caballo, a pelo, con un zapato de menos.
Y mientras la gente corria de aqui para alla esforzandose por apagar el fuego, Brahim partio al galope tendido en direccion al norte, con el caballo de Yusuf haciendolo a su lado, a la querencia. En poco rato, caballos y jinete se perdieron en la noche.
Llego a Tetuan casi a finales de octubre de 1574, despues de dias de cabalgar desde Tremecen. Evito los caminos, dejandose guiar por su instinto y experiencia como arriero, siempre hacia el norte, escondiendose al menor movimiento que percibia y sin confiarse por mas que hubiera llegado a la conviccion de que Umar no le perseguia por aquellas ariscas tierras. Los dos caballos eran muy valiosos y el interior del cofre le revelo una segunda fortuna compuesta de piedras preciosas y diferentes monedas de oro: dirhams, rubias, zianas, doblas, soltaninas y escudos espanoles.
Tetuan era una pequena ciudad enclavada al pie del monte Dersa, en el valle del rio Martil. Se hallaba a solo seis millas del Mediterraneo y a cerca de dieciocho del estrecho de Gibraltar, en un punto estrategico en el trafico naval. Fertil, gozaba de abundante agua que le llegaba de la sierra del Hauz y la cordillera del Rif. La medina amurallada de la ciudad habia sido reconstruida y repoblada por los musulmanes que habian huido tras la rendicion de Granada a los Reyes Catolicos, por lo que sus habitantes eran mayoritariamente moriscos.
Rompio su promesa de no volver a presentarse como un bufon y, tras esconder caballos y dineros en las montanas, accedio a la ciudad cruzando la puerta de Bab Mqabar, junto al cementerio, como un pordiosero loco, con solo unas cuantas monedas escondidas. El espiritu andalusi que se respiraba, la forma de hablar y de vestir de las gentes, la distribucion de las calles como si se tratara del Albaicin de Granada o de cualquier pequeno pueblo de las Alpujarras, le convencio al instante de que aquel era el lugar donde debia vivir. Persuadio a un bribon zarrapastroso, de ojos vivos, redondos y grandes y con el cuero cabelludo a clapas por la sarna, para que le guiase por la ciudad. Sorprendio a los mercaderes del zoco y al muchacho, y compro vestiduras nuevas y todo lo necesario para presentarse en el lugar elegido con cierta distincion. Tambien compro ropa para Nasi, que asi se llamaba el pillastre. No podia entrar en Tetuan con ese aspecto de indigente si viajaba con dos magnificos caballos y un cofre lleno de oro. Luego volvio con el asombrado muchacho alli donde habia escondido los caballos, se lavo en un arroyo y obligo a hacer lo propio a Nasi, se vistio, echo una estera por encima del caballo a modo de montura, y en el de Yusuf cargo los bultos para que Nasi, con la cabeza cubierta por un turbante, tirara de el como si se tratara de su sirviente, cosa a la que el chico accedio tan pronto escucho la oferta de comer a diario.
—Pero si cuentas algo de mi, te cortare el cuello —le amenazo mostrandole el filo de la daga.
Nasi no parecio impresionado a la vista del cuchillo, pero su contestacion sono sincera:
—Lo juro por Ala.
