arriero. Cuando llegaron a un pequeno grupo de casas humildes, sus moradores se habian marchado tambien, advertidos por los gritos de quienes habian huido de los campos.

Brahim descerrajo la puerta de una de las casas de una fuerte patada. No era necesario, pero el gesto le hizo sentirse poderoso, invencible. Nada pudo aprovechar del interior de la vivienda de una misera familia campesina.

Al cabo de un tiempo se reunieron todos en la playa, sin bajas, sin lucha alguna, con pocos dineros, algo de quincalleria y mucha ropa de escaso valor, pero con quince cautivos entre los que destacaban, por el considerable beneficio que podian obtener de ellas en el mercado de esclavos de Tetuan, tres jovenes mujeres gallegas, sanas y voluptuosas, de las que habian ido a repoblar el reino de Granada tras la expulsion de los suyos.

Mientras los hombres embarcaban a sus espaldas, Brahim, sudoroso, congestionado, enardecido, volvio a clavar la mirada en las de al-Andalus. Poco mas alla se alzaba Sierra Nevada, con sus cumbres, y sus rios y sus bosques y...

—?He vuelto, bastardo nazareno! —grito—. ?Fatima, aqui estoy! ?Juro por Ala que algun dia recuperare lo que es mio!

37

Cordoba, octubre de 1578

Hernando espoleo a Correton y el aire frio de las dehesas cordobesas le golpeo el rostro. El potente retumbar de los cascos sobre la tierra humeda no logro acallar las imprecaciones de Jose Velasco y Rodrigo Garcia, que galopaban por detras de el tratando de darle alcance. Los reto en la misma dehesa, rodeados de yeguas y potros: «Correton es capaz de vencer a cualquiera de vuestros caballos». Entre simpaticas burlas, los dos veteranos domadores se mostraron incredulos.

—El ultimo en llegar a aquel alcornocal —Hernando senalo el limite de la dehesa, donde los arboles limitaban el campo de las yeguas—, pagara una ronda de vinos.

Inclinado hacia delante en la montura, sobre el cuello extendido de Correton, las riendas largas, manteniendo un leve contacto en la boca del caballo y sintiendo en las piernas el frenetico ritmo de los impetuosos y veloces trancos del caballo, continuo espoleandolo para que aumentase la ventaja sobre sus seguidores. Aquel era un gran dia para todos los moriscos. Antes de que saliesen al campo, la noticia se extendia por la ciudad al redoble de las campanas de todas las iglesias: don Juan de Austria habia fallecido de tifus en Namur, siendo gobernador de los Paises Bajos. El verdugo de las Alpujarras acabo sus dias en una simple barraca.

Correton galopaba como lo hacian pocos caballos y Hernando grito. Lo hizo cuanto le permitieron sus pulmones. ?Por las mujeres y ninos de Galera que ordeno ejecutar el principe cristiano!

A menos de un cuarto de legua del alcornocal, Rodrigo primero, Jose despues, lo superaron lanzandole una lluvia de barro y guijarros. Hernando aminoro la carrera hasta llegar adonde le esperaban los dos jinetes, ya en el alcornocal, galopando despacio, para que sus monturas recuperasen el resuello sin brusquedad.

—?Brindaremos por ti! —resoplo Rodrigo.

Jose rio y simulo llevarse un vaso a los labios.

—Es mucho mas joven que vuestros caballos —se defendio el morisco.

—Deberias haberlo tenido en consideracion a la hora de soltar bravatas —le advirtio el lacayo de don Diego—. ?No pretenderas retractarte?

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