—continuo diciendo don Julian— fue aprobado en agosto de 1530, si bien no fue ratificado por bula papal hasta mas de veinte anos despues, aunque durante ese lapso hubiera venido aplicandose por orden del Emperador Carlos. En los tiempos en los que yo supere esa prueba hace unos cuantos anos ya —el viejo sacerdote meneo la cabeza como si le pesase el recuerdo—, un expediente alcanzaba las doce hojas y la informacion era bastante somera. Hoy alcanzan hasta las doscientas cincuenta hojas y mas, e incluyen precisas investigaciones acerca de padres, abuelos y demas antepasados; lugares de residencia, cargos, vida... En fin, dudo mucho que cuando yo falte, si es que no me descubren antes, podamos continuar con esta artimana. Debemos por lo tanto fortalecer aquellos mecanismos de proteccion que no dependan de nuestra presencia en las iglesias.

»Solo en Granada es diferente —explico el sacerdote—. Alli, el arzobispo se muestra renuente a aplicar los expedientes de limpieza de sangre. Granada todavia esta poblada por grandes familias que proceden de la nobleza musulmana y que se integraron con la jerarquia cristiana en epoca de los Reyes Catolicos: incluso hay sacerdotes, jesuitas o frailes que descienden de moriscos. Es realmente complicado aplicar en ese reino los estatutos de limpieza de sangre... Pero llegaran, tambien llegaran a ellos.

Durante los cinco anos que llevaba trabajando con don Julian, Hernando habia tenido oportunidad de conocer los mecanismos a los que se referia el sacerdote y que se ejercian a traves del consejo compuesto por los tres ancianos de la comunidad: Jalil, Karim y Hamid, mas don Julian, Abbas y el mismo. Reunirse los seis era sumamente complejo para Hamid, dada su condicion de esclavo, pero ademas entranaba un gran peligro, sobre todo para el clerigo, por lo que Hernando actuaba como mensajero entre todos ellos en aquellas situaciones excepcionales que requerian de una decision conjunta. Dada la necesidad de acudir a la catedral por las noches, consiguio del escribano de las caballerizas una cedula especial que le permitia una libertad de movimientos de la que raramente disponian los demas moriscos de Cordoba.

Asi sucedio nada mas iniciar su labor con el bibliotecario. En 1573, la comunidad musulmana tuvo conocimiento de que se preparaba un levantamiento en Aragon; las noticias llegaban a traves de los monfies y de los arrieros que se desplazaban de un lugar a otro. Los moriscos de aquel reino se habian puesto en contacto con los hugonotes franceses prometiendoles ayuda militar y economica si invadian Aragon. Nada mas correr el rumor, muchos hombres de Cordoba y sus lugares se mostraron dispuestos a acudir a Aragon para alzarse en armas contra los cristianos. El consejo decidio aplacar aquellos animos y rogo a los creyentes de toda Cordoba que se mantuvieran a la expectativa y no adoptaran decisiones precipitadas. Dos anos despues, el frances que habia actuado de intermediario entre hugonotes y moriscos fue detenido por la Inquisicion y confeso bajo tortura. El conde de Sastago, virrey de Aragon, ordeno tambien que los inquisidores detuviesen y torturasen a moriscos elegidos al azar de las poblaciones del reino, para comprobar la certidumbre de los planes.

En diciembre de 1576 se repitieron los sucesos: circulaban copias de una carta del sultan de la Sublime Puerta en la que se anunciaba la llegada de tres flotas musulmanas que desembarcarian al mismo tiempo en Barcelona, Denia y Murcia. En mayo del siguiente ano, la Inquisicion se hizo con una carta del beylerbey de Argel en la que advertia a los moriscos espanoles de que la flota no llegaria hasta agosto y que su desembarco coincidiria con una invasion desde Francia, instando a los moriscos a ganar las montanas cuando sucediese. Sin embargo, en aquel octubre de 1578 nada se sabia de flotas o desembarcos.

—Nuestros hermanos en la fe solo se preocupan de sus mas proximos intereses —afirmo Karim. Era domingo y, tras la misa, inusualmente, habian logrado reunirse todos salvo don Julian, en casa de Jalil. Se hallaban sentados en el suelo, sobre esteras, mientras los jovenes vigilaban en la calle de los Moriscos la posible llegada de jurados o sacerdotes. La dura aseveracion de Karim logro que Hamid y Jalil bajaran la mirada; Abbas hizo ademan de contradecirlo, pero Karim se lo impidio—. No, Abbas, es cierto. En el levantamiento de

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