vivienda, pero asintio a las palabras de su marido; ataron la acemila en la que, les dijeron con orgullo, era la habitacion de sus hijos jovenes que si luchaban por el unico Dios.

Permanecieron escondidos varios dias sin salir de la casa. Zahir negociaba con discrecion la barca. Hernando y al-Hashum supieron al instante que podian confiar en sus anfitriones pero ?podian fiarse tambien de los hombres con quienes trataba el anciano?

—Si —afirmo con rotundidad Zahir ante sus dudas—. ?Son musulmanes! Rezan conmigo, y ya sea en la ciudad o en las playas, sin empunar las armas, colaboran con nuestros jovenes. Todos son conscientes de la importancia de transportar ese oro a Berberia. Las noticias que llegan de los lugares de las Alpujarras no son nada esperanzadoras. ?Necesitamos la ayuda de nuestros hermanos turcos y berberiscos.

?Las noticias! Cada noche, comiendo los escasos alimentos que podian proporcionarles aquellas gentes, escuchaban con ansiedad las nuevas que Zahir les contaba acerca de la guerra.

—Los pueblos continuan rindiendose —les conto el anciano una noche—. Dicen que Ibn Umayya vaga por las sierras, sin armas ni provisiones, acompanado por menos de un centenar de incondicionales.

Hernando temblo ante el solo pensamiento de Fatima y Aisha perdidas por las quebradas de Sierra Nevada sin la proteccion de ejercito alguno. El monfi fruncio los labios ante el dolor que se percibia en el muchacho.

—?Por que se rinden? —grito entonces al-Hashum.

Zahir nego con la cabeza en senal de impotencia.

—Por miedo —sentencio—. Ya no queda nadie con Ibn Umayya, pero los demas alzados de las Alpujarras que pretenden resistir estan siendo diezmados. El marques de los Velez acaba de enfrentarse a nuestros hermanos en Ohanez. Ha matado a mas de mil hombres y capturado a alrededor de dos mil mujeres y ninos.

—Pero Mondejar les concede el perdon —musito Hernando pensando en lo que sucederia si hacian cautiva a Fatima.

—Si. Los dos nobles actuan de forma totalmente distinta. Mondejar considera que «la tierra esta llana», y asi se lo ha hecho saber por escrito al marques de los Velez, instandole a que cese en sus ataques a los moriscos y otorgue el perdon a cuantos se rindan...

—?Entonces? —inquirio al-Hashum.

—El marques de los Velez ha jurado perseguir, ejecutar o esclavizar a todo nuestro pueblo. Al parecer, la carta le llego despues de la batalla de Ohanez. Al volver al pueblo, en las escaleras de la iglesia, ordenadas en hilera sobre el escalon superior, encontro las cabezas recien decapitadas de veinte doncellas cristianas. Aseguran que sus alaridos clamando venganza se pudieron escuchar hasta en la cumbre mas alta de la sierra.

Los tres hombres que estaban sentados en el suelo de la vivienda y la esposa de Zahir, que se hallaba en pie, algo alejada, permanecieron en silencio largo rato.

—?Tienes que llevar ese oro a Berberia! —exclamo al fin Hernando.

Hernando se entero de que Aben Humeya estaba en Mecina Bombaron. El rey, a escondidas, descendia de las sierras a Valor, su pueblo y su feudo, en busca de comida, fiestas y comodidad, pero aquella noche se le esperaba en Mecina Bombaron para asistir a una boda musulmana. Mecina era una de las muchas poblaciones que se habian rendido al marques, y a falta de cristianos, que habian huido ante las matanzas, disfrutaba de una tranquilidad provisional. Aben Humeya, siempre dispuesto a disfrutar de una fiesta incluso en las peores

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