circunstancias, no queria perdersela.
Tirando de la mula, solo, atento a cualquier movimiento sospechoso, se encamino a Mecina para dar cuenta al rey del resultado de su mision. Se fue de Adra tan pronto como la fusta conseguida por Zahir se hubo perdido en las aguas oscuras de la noche, sin naves cristianas que la persiguieran y sin ningun agujero tapado con cera que pudiera hacerla zozobrar. En la misma playa rezo unas oraciones junto al anciano y un par de pescadores, en las que encomendaron a Dios el buen fin de la mision de al-Hashum, que transportaba el oro de los moriscos. Luego partio, contra la opinion de Zahir, al amparo de la luz de la luna. Tenia prisa por volver: queria ver a Fatima y a su madre cuanto antes.
Anduvo el camino de vuelta escondiendose de todo y de todos, mordisqueando el pan acimo y la carne en adobo que le habia proporcionado la esposa de Zahir, sin dejar de pensar en Fatima, en su madre, y en aquel ejercito que debia venir a liberarlos desde mas alla de las costas granadinas.
Lo que no imaginaba Hernando, ni Aben Humeya, ni al-Hashum en su travesia nocturna, era que tanto Uluch Ali, beylerbey de Argel, como el sultan de la Sublime Puerta tenian sus propios proyectos. Efectivamente, tan pronto como llegaron las primeras noticias del levantamiento morisco, el beylerbey de Argel hizo un llamamiento a su pueblo para acudir en ayuda de los andaluces, pero ante la cantidad de gente de guerra bien dispuesta que acudio a la convocatoria decidio que era mejor utilizarla para sus propios fines y se lanzo a la conquista de Tunez, entonces en manos de Muley Hamida. Como contrapartida dicto un bando por el que autorizaba a cualquier aventurero a viajar a Espana, al tiempo que concedia el perdon a todos aquellos delincuentes que se alistasen en la guerra de al-Andalus. Tambien dispuso una mezquita en la que recogio todas las armas —que fueron muchas— que los hermanos en la fe de los andaluces quisieron aportar a la revuelta, pese a que al final optara por venderlas en lugar de donarlas. Otro tanto sucedio con el sultan, en Constantinopla: la revuelta de los moriscos espanoles significaba un nuevo frente de guerra para el rey de Espana, y le abria las puertas a la conquista de Chipre, para cuya empresa empezo a prepararse tras contestar a su gobernador en Argel y ordenarle que, como simple muestra de buena voluntad, enviase doscientos jenizaros turcos a al-Andalus.
Hernando oia musica de laudes y dulzainas a medida que se acercaba a Mecina, cuyas construcciones, como en la mayoria de los pueblos de las Alpujarras altas, escalaban arracimadas las estribaciones de Sierra Nevada montandose unas encima de otras. Tambien existia alguna vivienda grande, como la de Aben Aboo, primo de Aben Humeya, donde este solia acudir en busca de refugio. Era ya de noche cuando Hernando ato la mula y entro en Mecina. El jolgorio guio sus pasos. No podia dejar de pensar que le faltaba muy poco para ver a Fatima, quien debia de seguir en el campamento de la sierra. ?Que le diria? ?Como se disculparia?
Llego justo a tiempo de presenciar como la novia, tatuada con alhena y vestida con una alcandora a modo de camisa, era trasladada a casa de su esposo, sentada sobre las manos unidas de dos de sus parientes, con los ojos cerrados y sin que sus pies llegasen a tocar en momento alguno el suelo. Se sumo a la alegre comitiva. Las mujeres todavia gritaban las alborbolas o «yuyus» especiales de las bodas, cumpliendo la ley musulmana que establecia que los casamientos debian ser publicos y paladinos. Nadie en Mecina podia negar que, tras las debidas exhortaciones a los contrayentes, aquel no hubiera sido un enlace publico y evidente. La novia llego a la pequena puerta de la casa de dos pisos del esposo, con la gente aglomerada en la callejuela, y alguien le proporciono un mazo y un clavo que esta martilleo en la puerta. Luego, entre gritos, accedio a su nuevo hogar con el pie derecho.
A partir de ese momento, la novia, acompanada de todas las mujeres que pudieron entrar en la pequena casa, fue conducida al talamo, situado en la planta
