parte del grupo de hombres de confianza que los acompanaba.
Antes de que las mujeres se dirigieran a una estancia separada, Hernando busco a su madre. Ignoraba si habria bajado al pueblo con su padrastro y anhelaba verla. Pero todas iban con los rostros cubiertos y la mayoria de ellas eran de constitucion similar a la de Aisha. Brahim seguia riendo junto a otros hombres en un extremo del jardin, bajo un gran moral: su rostro, atractivo y curtido por el sol, parecia haber rejuvenecido en esos dias. Hernando jamas lo habia visto tan contento. Decidio acercarse al grupo de su padrastro.
—La paz —saludo. Todos le sacaban una cabeza y titubeo antes de continuar—: Brahim, ?donde esta mi madre? —pregunto al fin.
Su padrastro lo miro, como si no esperase encontrarle alli.
—En la sierra —contesto haciendo ademan de volverse y continuar con su charla—. Al cuidado de tus hermanos y del hijo de Fatima —anadio como de pasada.
Hernando se sobresalto; ?le sucedia algo a la muchacha?
—?Del hijo de Fatima? ?Por que...? —balbuceo.
Brahim no se molesto en responder, pero lo hizo por el uno de los hombres del grupo.
—En breve tu nuevo hermano —comento este antes de soltar una carcajada y propinar una fuerte palmada sobre la espalda del arriero.
—?Co... Como? —logro inquirir el muchacho; el temblor subito de sus rodillas parecia haberse extendido hasta su voz.
Brahim se giro hacia el. Hernando percibio satisfaccion en sus ojos.
—Tu padrastro —contesto otro de los del grupo— ha pedido la mano de la muchacha al rey. —Las palabras se escapaban del entendimiento de Hernando. Su semblante debia de denotar tal incredulidad que el morisco se vio casi forzado a continuar—: Se ha sabido que su esposo murio en Felix, y a falta de parientes que puedan cuidar de ella, tu padre ha acudido al rey. ?Alegrate, muchacho! Vas a tener una nueva madre.
La boca de Hernando se lleno de bilis. La arcada le pillo desprevenido y corrio hacia el otro extremo del jardin, chocando con los hombres que esperaban que el cordero terminara de hacerse en el espeton sobre el que giraba. No llego a vomitar. Las arcadas se sucedieron una tras otra originandole unos tremendos pinchazos en el estomago. ?Fatima! ?Su Fatima casada con Brahim?
—?Te ocurre algo, Ibn Hamid?
Era el rey, que se habia acercado a el, quien se lo preguntaba. Su rostro mostraba preocupacion. Con el antebrazo, se limpio la bilis de la comisura de los labios; respiro hondo antes de hablar. ?Por que no contarselo?
—Su Majestad ha dicho que me estaba agradecido...
—Asi es.
—Necesito que me hagas un favor —anadio compungido.
Aben Humeya sonreia antes incluso de que Hernando alcanzara el final de su historia. ?Que iban a contarle a el de amorios? Haciendo gala del espiritu voluble que le caracterizaba, agarro al muchacho del brazo y sin dudarlo se dirigio al grupo de hombres que charlaban y reian.
—?Brahim! —clamo. El arriero se volvio; su expresion se
