palabras el aire frio que los separaba—. Me has salvado la vida en varias ocasiones... hoy una mas. Disfruta de mi como dijo el Profeta, pero...

—?No sigas!

—Puedes tomarme a mi, pero nunca te ganaras mi corazon.

—?No!

Hernando se dio media vuelta y se alejo unos pasos. Hubiera deseado no escuchar esa afirmacion. ?Que podia decirle para excusar su conducta de aquella noche? Nada, concluyo.

—Procura pisar donde yo lo haga —le advirtio entonces forzando la voz, abatido y con el rostro escondido, antes de reanudar el camino hacia las cumbres—. Podrias despenarte.

Durante el mes que habia durado el viaje de Hernando a Adra, Brahim habia conseguido acomodo en una de las muchas cuevas que estaban por encima de Valor y Mecina, como el propio Aben Humeya y todos aquellos que le permanecian fieles.

Ya en la sierra, aquel conjunto de cumbres recubiertas de nieve de febrero, fue la muchacha quien guio a Hernando hasta esa cueva; la recua de mulas, banada por la luz de la luna, se dibujaba cerca de la entrada. Hernando hizo ademan de dirigirse a ellas. Fatima titubeaba frente a una de las grutas, sin atreverse a entrar.

—?Brahim? —La voz precedio a la aparicion de una figura que se perfilaba en la boca de la cueva. Era Aisha.

—No. Soy Fatima. Vengo con Ibn Hamid. ?El...? ?Y Brahim? ?Ha regresado?

—No. No ha llegado todavia.

Fatima se apresuro a entrar.

—?Espera, yo...! —trato de detenerla Hernando.

La muchacha ni siquiera aminoro el paso.

Aisha permanecio parada, en pie, frente a su hijo.

—Lo siento, madre —musito el—. Tuve que irme. Cumplia ordenes del rey. ?Brahim no te informo de eso?

Su madre le abrazo con fuerza, casi a su pesar. Luego, enjugandose las lagrimas y negando con la cabeza, se aparto de el y siguio a la muchacha al interior de la oscura cueva; Hernando se quedo solo, con los brazos caidos a los costados. Observo a la recua de mulas y fue hacia ellas. Las tanteo en busca de la Vieja, que bufo y volteo docilmente el cuello para recibir el carino que el muchacho hubiera deseado proporcionar a su madre.

Brahim tardo cerca de quince dias en regresar, los necesarios para que se restableciera Aben Aboo, a cuyo lado permanecio en todo momento. Durante ese tiempo, Hernando no entro en la cueva. Dormia a la intemperie sin que Aisha o Fatima le dirigiesen la palabra, salvo las primeras y unicas que le dedico su madre a la manana siguiente, al servirle el desayuno, junto a las mulas.

—Huiste sin dar explicaciones. —Hernando balbuceo una excusa, pero Aisha le impidio continuar con un seco movimiento de su mano—. Huiste, y con ello promoviste la lascivia de tu padre, que de sobra conocias. La entregaste. Abandonaste cobardemente a Fatima en manos de tu padrastro... y con ella, a mi.

—?No hui! El rey me encargo una mision; Brahim estaba al

Вы читаете La Mano De Fatima
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату