el muchacho antes de martillear sobre el clavo que debia fijar la herradura al casco.
El Gironcillo se mantuvo en silencio observando la pericia del muchacho.
—El principe Juan de Austria —contesto tras el ultimo golpe—, hijo bastardo del emperador, hermanastro del rey Felipe II, un jovenzuelo altanero y soberbio. Dicen que el rey ha ordenado que el tercio y las galeras de Napoles vengan a Espana para ponerse a las ordenes del principe, del duque de Sesa y del comendador mayor de Castilla. La cosa va en serio.
Hernando solto la mano del alazan y se irguio frente al monfi; pese al frio invernal, el sudor le corria por la frente.
—Si tan en serio va la cosa, ?por que vuelven a las sierras los moriscos? Quiza fuera mejor aceptar la rendicion, ?no?
Fue un guarnicionero recien llegado a las sierras, a quien Aben Humeya habia encargado el cuidado de frenos, arreos y monturas, quien contesto a aquella pregunta. El hombre se acercaba, pendiente de las explicaciones del Gironcillo.
—Ya lo hicimos —vocifero todavia a unos pasos de ellos. Ambos se volvieron hacia el guarnicionero—. Algunos aceptamos esa rendicion, ?y que conseguimos? Que nos robaran. Que nos mataran y que esclavizaran a nuestras mujeres e hijos. Los cristianos no han respetado las salvaguardas concedidas por el marques de Mondejar. Mejor morir luchando por nuestra causa que a traicion y a manos de canallas.
—El principe y las nuevas tropas tardaran en llegar a Granada —intervino el Gironcillo—. Mientras tanto, no existe autoridad alguna. Mondejar ha sido apartado y a Velez le ha desertado la mayoria del ejercito y aun no sabe cual va a ser su nuevo papel en la guerra. Miles de soldados desmandados recorren las Alpujarras saqueando, apresando y matando a la gente de paz. Quieren hacer dinero y volver a sus casas antes de que Juan de Austria se haga cargo de la situacion.
Lo que hacia cerca de cuatro meses se habia planteado como una insurreccion en defensa de las costumbres, de la justicia y de la tradicional forma de vida musulmana, se convertia ahora en una nueva rebelion, una lucha por la vida y la libertad. La rendicion y la sumision solo ocasionaban la muerte y la esclavitud. Y los moriscos de todas las Alpujarras, acompanados de sus familias y cargados con sus escasas pertenencias, acudian en masa a Sierra Nevada, donde estaba su rey.
Fatima no abandono a Aisha pese a los ruegos de esta de que asi lo hiciera. Brahim la humillaba a diario, buscando siempre que la muchacha se hallara presente, como si quisiera recordarle, una y otra vez, que ella era la causa de la desgracia de Aisha. Aquil, a sus siete anos, imitaba a su padre y buscaba su aprobacion en una conducta violenta y desconsiderada hacia su madre. Las dos mujeres se refugiaron la una en la otra: Fatima trataba de consolar a Aisha en silencio, acercandose a ella con delicadeza, sintiendose culpable; Aisha la recibia como si se tratase de una de sus hijas muertas en Juviles, e intentaba convencerla con su carino de que no la consideraba responsable de sus penas. No hablaron de su dolor: ambas evitaron hacerlo. Y con cada desplante, con cada insulto, se consolidaba mas y mas la relacion que las unia.
Cuando concluia su trabajo con los caballos, Hernando se convertia en un espectador permanentemente atormentado. Aisha no le permitia intervenir ante la violencia de Brahim; el no podia acercarse a Fatima, quien de todos modos parecia seguir enfadada. Sin embargo, como no podia renunciar a las dos unicas personas a las que amaba, permanecia fuera de la cueva, vigilante, atento a que su padrastro cumpliese con el trato de no maltratar a su madre, aferrando el alfanje de Hamid siempre que Brahim andaba cerca y oia los
