Aquello fue lo ultimo que escucho Hernando antes de escabullirse con Fatima por una ventana trasera que daba a la calle.
No eran soldados. El ejercito del marques de Mondejar se habia disuelto tras el botin obtenido en una expedicion de castigo sobre las Guajaras. La mayoria de los hombres que esa noche partieron del campamento cristiano para poner cerco a Aben Humeya eran aventureros atraidos a la guerra por las ganancias que hasta el momento habian hecho cuantos participaban en ella; hombres con poca experiencia y menos escrupulos, cuyo unico objetivo era obtener el mayor botin posible.
Valor fue saqueado. Los ancianos del pueblo salieron a recibir a los cristianos y les ofrecieron comida, pero estos los ejecutaron e irrumpieron con violencia en el pueblo. Mecina corria la misma suerte. Los aventureros, desmandados, mataban a los hombres, desvalijaban las casas y apresaban a las mujeres y a los ninos para venderlos como esclavos.
En el jardin de Aben Aboo, despues de un infructuoso registro en busca de Aben Humeya, se hallaba reunida una partida de soldados.
—?Donde esta Fernando de Valor? —repitio uno de ellos golpeando con la culata del arcabuz a Aben Aboo en el rostro.
Los golpes se sucedieron pero, pese a ellos, el morisco se mantuvo firme en su negativa.
—?Hablaras, maldito hereje! —mascullo un cabo de barba tupida y dientes negros—. ?Desnudadlo y atadle las manos a la espalda! —ordeno a los soldados.
Los soldados le presentaron a Aben Aboo, desnudo y maniatado, y el cabo lo empujo a golpes de arcabuz hasta el moral que se alzaba en el jardin. Cogio una cuerda mas bien fina y la lanzo por encima de una rama hasta que el extremo cayo sobre la cabeza del morisco. El cabo se acerco a el, recogio la cuerda e hizo ademan de atarsela al cuello.
Aben Aboo le escupio en el rostro. El cabo jugueteo con la cuerda sobre el cuello del morisco, sin dar importancia al escupitajo.
—No tendras esa suerte —aseguro.
Entonces hinco una rodilla en tierra y ato el extremo de la cuerda al escroto de Aben Aboo, por encima de sus testiculos. El morisco reprimio un aullido de dolor cuando el cabo apreto el nudo.
—Desearas que la hubiera atado a tu sucio gaznate —mascullo mientras agarraba el otro extremo de la cuerda.
El cabo jalo de la cuerda. El morisco fue alzandose de puntillas a medida que la cuerda se tensaba: un intenso dolor le recorrio el escroto a medida que la cuerda tiraba de el hacia arriba. Cuando comprobo que Aben Aboo ya no podia subir mas sin perder el equilibrio, el cabo entrego el extremo de la cuerda a uno de los soldados, que la ato con firmeza al tronco del moral.
—Hablaras, perro mahometano. Hablaras hasta renegar de tu secta y de tu Profeta —le escupio el cabo, acercandose a el—. Hablaras hasta despreciar a vuestro Ala, el perro de tu Dios, mierda infinita alli donde las haya, escoria...
Aben Aboo descargo una fuerte patada con su pierna derecha en los testiculos del cabo, que se doblo sobre si, dolorido. Sin embargo, el morisco no pudo aguantar el equilibrio y se desplomo.
El escroto se corto, los testiculos salieron despedidos por el aire y salpicaron de sangre a todos cuantos estaban bajo el moral. Aben Aboo quedo encogido en el suelo.
