exterior en silencio. Solo al llegar al nivel del suelo Joa repitio su estremecimiento.
– Vamos, te ensenare el resto. Y no te separes de mi. Esto es tan tupido, tan denso -abarco el conjunto con su mano libre-, que si te metes cinco metros por entre los arboles ya te pierdes, y no es broma. Mas de una turista ha ido a orinar y luego el trabajo ha sido dar con ella.
Queria visitar las tumbas por las que su padre estaba alli, pero se lo tomo con calma, sin impaciencia, sin forzar la amabilidad de su inesperado guia.
Tenia muchas sensaciones.
Por un lado, que habia visto algo en la tumba de Pakal sin llegar a precisar de que se trataba. Por otro, que la estaban siguiendo.
13
Habia mirado a su alrededor varias veces sin ver nada ni a nadie. Pero la percepcion continuaba. Por esta razon no se dio cuenta de la presencia en el asfalto del agujero por el que casi se quedo sin la rueda delantera derecha de su coche de alquiler.
El traqueteo, el golpe con la cabeza, la hizo dejar de mirar por el espejo retrovisor para concentrarse en la carretera.
– Mierda -suspiro.
Detuvo el vehiculo a los pocos metros para comprobar si la llanta habia sufrido algun dano. Se tranquilizo al examinarla y ver que seguia igual. El simple hecho de agacharse y levantarse la hizo transpirar todavia mas. Cuando regreso al volante paro el motor y dejo que la arroparan la calma y el silencio de la tarde aprovechando que se encontraba bajo la proteccion de unos arboles.
Un dia agotador, intenso.
Pero solo turistico.
Nada mas.
Las tumbas veinticinco y veintiseis no le habian aportado nada. Las fechas y las profecias hacian referencia a hechos ya pasados en la historia. Dos tenian que ver con la llegada de los espanoles. Y la veintisiete tendria que esperar a su reapertura para que los arqueologos continuaran con sus trabajos de exploracion, aunque se imagino que mas o menos lo que contenia seria lo mismo. La riqueza de lo hallado en ellas si era enorme, pero por mas que examino los glifos que ya se encontraban a la vista, no consiguio sacar nada en claro. Incluso los expertos discutian sobre algunos de los significados. Las galerias, ademas, podian ser mucho mas profundas. Un trabajo de anos.
Alberto Ruz tardo cuatro en abrirse paso por aquella escalinata hasta el corazon del Templo de las Inscripciones.
Ella no podia esperar cuatro anos, ni cuatro meses, ni cuatro semanas.
Ni tal vez cuatro dias.
Los autocares con las hordas turisticas ya hacia mucho rato que habian desfilado con direccion a Villahermosa en su mayoria. La carretera estaba despejada.
Paso un hombre con una bicicleta.
Una moto.
Un coche.
– ?Papa, viste algo en esas tumbas o, simplemente, se te llevaron porque estabas cerca de dar con ello?
?Y si las tumbas no tenian ninguna relacion?
?Y si el hecho de buscar a su madre habia sido el detonante de su desaparicion?
Cerro los ojos y se llevo una mano a los parpados, presionandoselos con fuerza hasta diseminar por su negrura un fantastico haz de luces multicolores. En Espana ya era la hora de acostarse, asi que no le extrano sentir aquella pesadez. Ademas, habia pasado la mayor parte del dia caminando por Palenque, de la mano de Benito Juarez y su sapiencia, bajo un sol de justicia.
Necesitaba un bano.
Se resigno a lo inevitable, a regresar al hotel sin saber que mas hacer, y puso de nuevo en marcha el coche. Cubrio los ultimos cuatro kilometros con la atencion puesta en la carretera y la mente poblada de contradicciones. Al llegar a la ciudad se oriento para encontrar la calle Merle Greene sin necesidad de preguntar.
Al detenerse en la esquina para dejar paso a otro coche que circulaba en sentido descendente, un hombre se aproximo a ella.
Se inclino sobre su ventanilla.
– ?Es usted la hija del senor Julian?
De entrada, se sobresalto. Despues se encontro con la dulce afabilidad de un hombre ya mayor, con el rostro surcado de arrugas tan milenarias como la historia de su pueblo. Era un maya al cien por cien, tez de chocolate, sombrero de ala ancha, camisa blanca y baston.
– ?Quien es usted?
– Bartolome Siguenza -se presento-. Hoy me dijeron que me buscaba. Yo tambien sabia de su llegada.
– ?Donde podemos hablar?
El anciano rodeo el coche por la parte delantera y se subio a el ocupando el asiento contiguo al del conductor.
– De la vuelta -le pidio-. Mejor que no nos vean hablar.
– ?Por que? -abrio los ojos ella.
– Precaucion -se encogio de hombros su acompanante.
– ?Estoy en peligro?
– No lo se -reflejo tristeza en su mirada-. Ni siquiera se si lo estoy yo. Lo unico cierto es que su padre ha desaparecido, y esas son cosas que dan que pensar. Aqui nunca habia sucedido nada malo.
Se concentro en las maniobras. Dar la vuelta y alejarse del casco urbano, hacia el norte, como si se dirigieran a Villahermosa. Tenia las manos crispadas sobre el volante y le costaba frenar la ansiedad.
– ?Que es lo que sabe?
– No mucho, senorita.
– ?Sabe donde esta mi padre?
– No.
– ?Ni que le ha podido suceder?
– Tampoco.
– ?Entonces…?
– Yo le acompanaba a veces a las ruinas, otras dabamos paseos y hablabamos mucho, de historia, de mi gente, del pasado… Es una gran persona, con la que es facil intimar.
– ?Le dijo que hacia aqui?
– No, solo que estaba interesado en las nuevas tumbas y que para el era muy importante investigar en ellas. Hablaba mucho de su esposa y de usted, y de como la buscaba a ella.
– ?Le conto lo de la desaparicion de mi madre?
– Si. Creia que encontraria pistas aqui.
– ?Pistas en unas ruinas con cientos de anos de antiguedad?
– Hay muchas preguntas esperando respuestas, senorita, y muchas respuestas a la espera de las preguntas adecuadas. Y no solo aqui. Su padre tambien estuvo en Uxmal, Chichen Itza… Y queria ir a Monte Alban, en Oaxaca.
– ?Cuando vio a mi padre por ultima vez?
– La noche en que desaparecio.
– ?Le dijo algo?
– Si, que tenia la clave.
– ?La clave? -su corazon se acelero-. ?La clave de
que?
