entre las paginas de todos estos cuadernos. Bueno, tecnicamente aun no esta acabado, pero tampoco falta mucho. En estos momentos se podria decir que es una carrera contra el tiempo. Si vivo un poco mas, tal vez consiga terminarlo. Pero si no es asi… ?Sabes que fue Nadia quien me lo hizo ver? Le hablaba tanto del libro que iba a escribir. Le explicaba como iba a ser, le daba detalles de su estructura. Le enumeraba los titulos que se me habian ocurrido, preguntandole cual le gustaba mas a ella. Le contaba las historias que pensaba ir anadiendo, muchas de las cuales jamas llegue a escribir… Una de aquellas veces me pregunto que cuando creia que lo iba a terminar. Nunca, le dije, completamente en serio. Nadia estaba acostumbrada a mis salidas, pero aquella vez se quedo desconcertada de verdad…
[…]
No te entiendo.
No hay nada que entender, es la verdad.
?Pero por que?
No lo se, es como si fuera un maleficio.
No puede ser.
?Por que?
Porque no depende de ti, Gal, el libro existe ya, aunque todavia este desperdigado en los cuadernos.
Pero no estoy seguro de ser capaz de rescatarlo.
En ese caso, alguien lo hara por ti. ?No te parece?
[…]
Tomado de uno de tus cuadernos. ?Te acuerdas, no? Tu mismo lo escribiste. ?No era ese el pacto? Buena manera de empezar, ?no te parece? Volviendo a aquel dia, el vodka seguia intacto en los vasos. Abriste las cortinas. La luz de la manana entro violentamente en la habitacion, haciendote decir:
Mira esta luz, Nestor. Es la luz de que habla Louise en su poema. La luz de Brooklyn.
Volviste a echar las cortinas, como si te resultara imposible seguir hablando mientras estuvieramos envueltos en aquella claridad.
Lo que le dije a Nadia entonces es verdad. Hay algo en mi que me impide darle forma final a lo que escribo. Pero tambien tenia razon ella: el libro existia, desperdigado entre los legajos.
Aunque el papel que me encontre despues te delataba, entonces se te olvido el detalle de anadir que Nadia tambien habia tenido la clarividencia de saber que
El 9 de abril me fui de viaje a Nuevo Mexico. La noche del 14, al volver al hotel, en Taos, me encontre un mensaje de Frank Otero, diciendome que le llamara urgentemente al Oakland. Cuando lo hice, me dijo lo que habia sin rodeos:
Malas noticias, Ness. Gal murio ayer, en Lenox Hill. Estuvo tres dias en coma. Te llame a la redaccion. Dylan Taylor me explico como encontrarte. Me ha dicho que vuelves hoy de madrugada, o sea que aun llegas a tiempo. El entierro sera el 16, en Fenners Point. Estoy pendiente de un permiso, pero tengo mis contactos y estoy seguro de que llegara a tiempo.
Nunca habia oido hablar de Fenners Point, pero no pregunte nada porque no era momento de explicaciones. Cuando paso todo, le dije a Frank que me habias dado la llave de tu cuarto y le pedi que subiera conmigo. Estaba todo igual que la ultima vez que estuve alli contigo. Entonces le conte con detalle nuestra ultima conversacion.
No tengo intencion de alquilarlo, fue todo lo que dijo. Dispon de lo que hay aqui dentro a tu manera.
Han sido dos anos, Gal, dos anos de ir ordenando poco a poco la enorme cantidad de material que habias dejado, haciendo desaparecer lo que estaba destinado a no acabar formando parte de
Al leerte, oia con perfecta claridad tu voz. Mas de una vez, cuando crujia un mueble o el suelo de madera, me llegue a volver, creyendo que estabas en la habitacion y que ibas a decirme algo.
Una tarde, poco despues de instalarme, vacie el nicho, sin atreverme a hojear los manuscritos. Le pedi a Frank que me ayudara. Los bajamos juntos, en varias cajas de carton, y los fuimos quemando uno por uno en la chimenea del Oakland. Viendolos arder, no me podia quitar de la cabeza lo que solias decir acerca de los escritos que nacen condenados al olvido. Parecemos el cura y el barbero, dijo Frank, solo que nosotros no le perdonamos la vida a un solo titulo. Consiguio que me riera.
Aquello no fue mas que el principio. Cumpliendo tus deseos fui completando los huecos que habias dejado. Lo fui examinando todo con cuidado: las cartas, los blocs de notas, los cuadernos, las carpetas, tus diarios, los de Nadia. Al final del dia, bajaba al bar a quemar el material que ya no era necesario. Me habia convertido en la prolongacion de tu sombra. Si; han sido dos anos de obediencia a una voz que no cesaba, una voz que llevaba preparandome para hacer aquello casi desde el dia que te conoci, aunque eso no lo comprendi hasta despues de que te hubieras ido. Pero ya esta, lo hemos conseguido, Gal, tu y yo. Aqui tienes tu maldita novela: Brooklyn. Tenia razon Nadia, el libro ya existia. Tu eras el artifice, ademas del unico obstaculo. Habia que quitarte de en medio; para rescatarlo hacia falta alguien capaz de obedecer tu voz, pero no podias ser tu porque a ti tu voz te consumia. No fue facil. Ahi van cientos y cientos de horas de silencio y soledad, horas durante las cuales puse mi escritura al servicio de la tuya. Cuando por fin termine me di cuenta de que si alguien estaba en deuda era yo. Muchas veces, al releer lo que hemos hecho, me cuesta trabajo distinguir tu voz de la mia. Aunque en realidad, solo hay una voz, la tuya: cada vez que me tocaba intervenir, lo hacia pensando en como lo habrias hecho tu. Ha sido un largo aprendizaje, pero te estoy agradecido. Gracias a ti puedo decir que soy escritor. Antes de esto, siempre senti que me quedaba grande la palabra.
No tengo nada que anadir. Esta todo en el libro. Eso si, hay que celebrarlo. He traido una botella de vodka como la que trajiste tu aquel dia, una petaca de 32 onzas, identica a la que te gustaba poner en los altares del Astillero. La dejare en la hornacina, con el libro, para que te haga compania. Pero antes tengo que dar cuenta del trago que no me dejaste echar el dia que sellamos el pacto. ?O pensabas que se me iba a olvidar?
Dos . DEAUVILLE
It's not on any map, trae
places never are.
Herman Melville,
