ocupado su cuerpo en el banco de madera. La revista que habia tenido entre sus manos seguia alli; me acerque a cogerla y regrese al autocar. Cuando llegue, el motor estaba en marcha, con la puerta abierta, esperandome. Apenas me sente, el autobus dio una sacudida. Enfilamos hacia una rampa en curva y desembocamos en la avenida; las calles de Manhattan estaban llenas de vida. Cuando entramos en el Lincoln Tunnel me abandone al caos de mis sensaciones. Primero vi la expresion de Sam Evans momentos antes de estallar la tormenta; en seguida, las rafagas de recuerdos reales se empezaron a mezclar con fragmentos de suenos. Vi el prado donde pacian los caballos de Foster, las casas de madera que bordean el rio y el anden desierto donde habia estado leyendo mi diario. Despues, muy lentamente, el instante en que se abria la falda de la desconocida, hasta que me cego la luz del sol, en el momento en que emergiamos del Lincoln Tunnel.
Estabamos en New Jersey, en un laberinto de autopistas, rodeados de naves industriales y aparcamientos atestados de centenares de vehiculos identicos que se perdian en el horizonte. A la altura de las terminales de carga del aeropuerto de Newark, deje de mirar por la ventanilla y me puse a hojear la revista sin prestar atencion al contenido. De entre sus paginas resbalo un sobre pequeno, de papel tela. Lo cogi intrigado y vi un nombre escrito a pluma, seguido de un numero:
Mi primera reaccion fue abrir el sobre, pero me contuve. Si hacia las cosas bien, posiblemente aquel numero me llevaria hasta ella. El prefijo indicaba que vivia en Manhattan. Guarde el sobre entre las paginas de mi diario y encaje la revista en la redecilla del asiento delantero. Solo entonces me fije en la portada; un indio con una cicatriz en la cara y gafas de sol, cuidadosamente trajeado, a la puerta de un casino, con un portafolio de cuero en la mano derecha; en letras blancas, la cabecera del
Empece a hacer conjeturas acerca de la desconocida. ?Como se llamaria? ?Habria cogido el autobus en Deauville o se habria subido en alguna parada intermedia? Me imagine a mi mismo llamando a la tal Zadie, quienquiera que fuese, hablando con ella, o con un desconocido, o dejando un mensaje en un contestador anonimo, dando explicaciones incoherentes a alguien sin rostro.
No recuerdo en que momento empece a perder la conciencia. El vaiven del autobus empezaba a adormecerme. La ultima imagen que conservo antes de correr las cortinas para protegerme del sol es la de una casa de madera semioculta entre unos arces.
Cuando me desperte, habiamos llegado al final del trayecto y casi todos los pasajeros estaban ya en tierra. Me apresure a recoger la bolsa de mano del portaequipajes y, cuando baje, no pude evitar reirme para mis adentros, pensando que habia estado a punto de sucederme lo mismo que a la desconocida. Me molesto haber roto involuntariamente el ritual de mi llegada, haberme perdido el espectaculo de los caballos, no haber hecho la visita de rigor a Sam. Los purasangres de Stewart Foster podian esperar, pero algo me decia que debia ir de inmediato al surtidor de Rick. Tenia el presentimiento de que una vez alli se resolveria por si solo el enigma cuya sombra me perseguia desde que me asalto la pesadilla en plena madrugada. Me asome a la salida del apeadero. Desde el borde del camino, a simple vista, se divisaba el cartel de Texaco que anunciaba el emplazamiento de la gasolinera. Solo que estaba apagado. No habria mucho mas de media milla hasta el cruce de la comarcal con la carretera del condado. Me eche la bolsa al hombro y, con una inexplicable sensacion de pesadumbre, me puse a andar, con la vista clavada en el signo de neon.
En ningun momento del trayecto detecte el menor indicio de vida. No me cruce con ningun vehiculo. Nadie salio a recibirme, ni me saludo desde lejos. Cuando llegue no habia un alma en la vieja estacion de servicio; el lugar tenia algo de espectral sin la presencia de Sam y su fiel Lux a la puerta de la tienda. Alguien habia arrancado del surtidor el letrero donde se indicaba a los automovilistas que el suministro de combustible se pagaba por adelantado en la tienda; en su lugar, colgando de una cadena oxidada que bloqueaba el camino de entrada, habia un rotulo de madera que decia, sin mas explicaciones:
ESTACION CERRADA
La puerta y las ventanas de la tienda estaban selladas con planchas de madera. Mis presentimientos me llevaban cada vez con mas fuerza a formularme una idea muy concreta. Me dirigi hacia el cobertizo de mi amigo por el sendero de grava y escuche atentamente el sonido de mis pasos, tratando de entender que diablos lograba descifrar el viejo Sam nada mas oirlos. Estaba vacio: ni un mueble, ni un utensilio, ningun rastro de su presencia. Instintivamente, me encamine hacia el pequeno huerto que quedaba en los lindes del surtidor, junto al arroyo. No tarde en comprobar lo que sospechaba. Al otro lado de la alambrada vi una pequena piedra gris y una escueta inscripcion:
Acaricie el epitafio, extranado de que lo hubiera utilizado alguien como Sam. Lux. O sea que se habia hecho con el animal cuando perdio la vista y su concepcion biblica de la existencia le habia llevado a bautizarlo asi, pense. El perro habia sido literalmente la luz de que carecian sus ojos. Si, como su ausencia me hacia sospechar, tambien el habia muerto, lo habrian enterrado en el cementerio de la iglesia anabaptista, en Deauville. Trate de imaginarme su propio epitafio, pensando que ninguno podria superar lo que habia escrito acerca de si mismo el dia que emprendio su ultimo oficio:
Volvi a la parte delantera de la estacion de servicio. Por el camino vi acercarse una camioneta que aminoro la marcha hasta detenerse. El conductor abrio la puerta e incorporandose me empezo a hacer senales agitando un sombrero, dandome a entender que me acercara. Le devolvi el saludo y eche a andar hacia el. Era un hombre de unos cincuenta anos, que llevaba un mono vaquero muy sucio. Cuando estuve a su lado me explico:
La gasolinera esta cerrada.
Eso he visto. ?Que ha pasado? ?Les ha ocurrido algo a Rick o a Sam? Si es de por aqui, los conocera.
Si, claro. Rick esta bien, pero el viejo Evans murio hace un par de semanas. Me he detenido porque me he dado cuenta de que va usted sin vehiculo. ?Que le trae por Deauville? ?Quiere que lo acerque a algun lugar?
Le dije que era amigo de Louise Lamarque. Todo el mundo conocia a la pintora de Manhattan que se pasaba largas temporadas sola en la casa del molino.
Si quiere lo puedo llevar hasta alli; me queda de paso.
Acepte, dandole las gracias por su amabilidad y deje la bolsa entre los dos, en el asiento delantero.
Le dije al hombre del mono que habia visto la tumba de Lux.
El pobre bicho seguramente hubiera aguantado un poco mas, pero antes de dejarse morir, Sam lo llevo al veterinario.
Me retumbo en la memoria la voz grave del negro:
Buena gente Sam, le dije. No es que venga mucho por aqui, pero la verdad es que no me puedo imaginar Deauville sin su tenderete.
Lo que acabo con el fue la gasolinera que abrieron en el pueblo. De golpe la gente dejo de venir por aqui. A Rick le ofrecieron un buen retiro, pero el pidio permiso para seguir regentando el surtidor, y se lo dieron, por piedad. Lo que no podian era darle empleo en la nueva estacion de servicio, ni mucho menos permitir que instalara alli su tenderete, como dice usted. La gente estaba muy ocupada, la demanda de
