absoluta, palabra por palabra. Casi nadie duda de la autenticidad del metodo, pero cuando alguien le pregunta en que consiste el truco, Sam suelta una carcajada y explica que no hay treta que valga, simplemente se sabe la Biblia de memoria. Cuando le devuelven el libro, pocos tienen la mezquindad de no dejar una buena propina en la cesta. Si hace mal tiempo, Sam se instala junto al mostrador, con el beneplacito de su amigo Rick.
?Demonios, Gal! me dijo al verme aparecer hoy. Siempre se dirige a mi utilizando la misma formula. ?Se puede saber que se cuece en la Cocina del Infierno? ?Te han echado del trabajo, o es que se te estaba chamuscando el cerebelo de estar tanto tiempo sin salir de la ciudad? ?Choca esos cinco!
Tal vez porque ha vivido demasiado, la existencia de Sam tiende a ser un ritual de repeticiones. Tiene un saludo fijo para cada uno de sus conocidos. Por mucho tiempo que medie entre mis visitas, esta es la formula que me corresponde a mi, y siempre la repite en el mismo tono, sin quitar ni anadir una sola palabra.
Esta vez, mas que en el me fije en su perro, Lux. Otro de los misterios de Sam es que siempre sabe en que direccion mira su interlocutor.
Me temo que no le queda mucho tiempo, Gal. Antes del verano tendre que llevarlo al veterinario, a que lo ponga a dormir. Lo estoy retrasando, pero no creo que pueda aguantar mucho mas.
Lux volvio la cabeza hacia su amo.
Lo siento, ya sabes que no depende de mi, le dijo el ciego al animal, y le acaricio la cabeza. Lux se alzo sobre las patas, asomo la lengua y se acerco a olisquearme. Estas cosas tienen su momento preciso, siguio diciendome Sam. Hay que estar atento a la senal. Cuando el sufrimiento pesa mas que el resto, quiere decir que estamos empezando a vivir mas de lo que nos corresponde. Y eso no esta bien, Gal. La vida nunca se equivoca. No se por que la gente se empena en no aceptarlo.
Le ofreci un cigarrillo y se lo llevo con pulso tembloroso a los labios. La verdad es que no aprecie nada anomalo en el perro; fue a Sam a quien vi muy deteriorado. Ha envejecido mucho en cuestion de meses, y los sintomas del parkinson se han agravado de manera alarmante. Dio una calada honda, escupio hacia un lado y, alargando el cuello, se irguio muy atento, como tratando de percibir algo. Lux tenia las orejas estiradas y estaba igual de tenso. Unos instantes despues, se descargo un trueno prolongado, y empezo a llover violentamente.
Cerre el diario y mire a mi alrededor. La darsena quedaba encajonada entre dos paredes de ladrillo. Me fije en que el autobus era ligeramente mas ancho por la base que por el techo, de modo que los flancos estaban levemente inclinados. Tenia el morro apuntando en direccion a la Novena Avenida; a mi izquierda, hacia la Octava, se habia formado una cola de unas veinte personas. Una astilla de luz destello momentaneamente en la superficie inclinada de vidrio y al volver la vista hacia la puerta me sorprendio el reflejo de mi silueta; por encima de mi cabeza se alzaba un muro de ladrillo y mas arriba, el perfil de los rascacielos, recortados sobre un fondo nublado. El conductor subio a bordo por el costado opuesto e inmediatamente acciono el mecanismo de la puerta; sin hacer ruido, las hojas avanzaron juntas hacia mi y cuando los goznes alcanzaron su maxima extension, se desplegaron en sentido lateral. Mi imagen se partio como por ensalmo en dos mitades que desaparecieron entre los retazos del cielo. Cuando me disponia a subir, en el quicio de la entrada aparecio la silueta de una chica que cargaba una bolsa de viaje de aspecto pesado. El autobus llevaba estacionado mas de un cuarto de hora y me sorprendio ver que alguien se hubiera rezagado tanto. Sin duda, se habria quedado dormida.
Al conductor aquello no parecio llamarle demasiado la atencion. Asomandose un momento por detras de ella, dio una voz, pidiendo que la dejaramos salir. El bulto del equipaje debia de pesarle demasiado, y para bajar con mayor facilidad la desconocida lo cambio de mano. A la altura de mis ojos vi flotar la mancha imprecisa de una bolsa de cuero que se desplazaba lentamente por el aire. Al hacerlo, arrastro tras de si el pliegue de la falda, dejando al descubierto los muslos desnudos. La vision duro apenas un instante. Con un movimiento brusco de la mano que tenia libre, se apresuro a alisar la tela azul y estuvo a punto de perder el equilibrio. Evito caerse, lanzando la bolsa al vacio y sujetandose a una barra de acero.
Atrape el bulto en pleno vuelo. Trastabille, sintiendo la mordedura de un remache de metal en la mejilla y un fuerte impacto sobre el pecho. Cuando recupere la estabilidad la vi a un paso de mi, en tierra. El cabello le ocultaba la cara; se lo sacudio, moviendo bruscamente la cabeza. Tenia la piel blanca, los ojos verdes y no mucho mas de veinte anos. Nuestras miradas se cruzaron un momento. Sin darme tiempo a reaccionar, me arrebato la bolsa y se alejo hacia el fondo de la darsena con paso apresurado. Senti en la espalda la presion de la gente, apremiandome a subir. Recorri a zancadas el pasillo, localice mi asiento y me deje caer, aturdido.
Me palpitaba con fuerza la piel de la mejilla derecha, tenia el pulso acelerado y sensacion de asfixia. Me lleve al pomulo la yema del dedo y al retirarla vi que estaba manchada de sangre. Estire el cuello de la camiseta, para aliviar la sensacion de ahogo, y mire hacia el anden a traves del cristal entintado de la ventanilla. Vi su figura inmovil, muy derecha, subiendo por las escaleras mecanicas. Al acercarse a la altura del vestibulo, se inclino a recoger la bolsa, y antes de dirigirse hacia la puerta de salida miro un instante hacia atras y desaparecio. Se adueno de mi una sensacion de desamparo. La imagen de sus piernas desnudas, hasta entonces una percepcion fugaz y sin matices, empezo a concretarse con nitidez. A lo largo de las semanas siguientes, reviviria aquella vision innumerables veces. Mas que un recuerdo que regresa de repente, fue una revelacion gradual. Con total claridad descubri detalles que ni siquiera sabia que habia percibido. No trate de poner en orden mis sentimientos hasta mucho despues, cuando la necesidad de dar con la desconocida se habia convertido en una obsesion. En aquellos momentos, me deje desbordar por la extrana turbacion de ver como se recreaban en mi memoria el color y la textura de su piel, el dibujo de los muslos, la sombra de vello pubico que no alcanzaba a cubrir en su totalidad el sexo. Esta fue la unica sensacion a la que necesite dar expresion verbal, el hecho de que la desconocida no llevara ropa interior. Cuando la imagen se disolvio, senti un relampago de deseo.
Me puse de pie como obedeciendo una orden y, sorteando los cuerpos que trataban de avanzar por el pasillo, me dirigi hacia la salida. Corri hasta las escaleras mecanicas, subi de tres en tres los peldanos de acero estriado y, sin detenerme, franquee la puerta que daba a la terminal. Solo entonces me detuve. El vestibulo presentaba un aspecto totalmente distinto al de hacia apenas media hora. Rios de gente entraban y salian sin cesar; habia largas colas frente a las ventanillas y grupos de viajeros arremolinados en torno a los paneles de los horarios. Me puse a deambular sin rumbo, sin saber por donde empezar a buscarla, tropezandome con quienes trataban de abrirse paso entre la muchedumbre. Cuando se anuncio por altavoz la salida del autobus de Deauville, tuve la sensacion de que no era yo quien estaba viviendo aquel momento, que la mujer de la vision no habia existido nunca en el plano de la realidad.
Me di la vuelta, dispuesto a regresar al autobus, y entonces la vi. Estaba de espaldas, comprando un paquete de tabaco en un puesto. Encendio un cigarrillo con aire ensimismado y echo a caminar despacio. A la altura de unos bancos de madera, dejo caer la bolsa en el suelo y se sento. Por primera vez la pude contemplar con cierto detenimiento. Llevaba zapatos negros, de medio tacon, falda vaquera y una camiseta gris, que le marcaba con nitidez la forma de los pechos y el boton de los pezones. Se sento con las piernas levemente separadas, saco una revista de la bolsa y se puso a hojearla. Asi pues, existia. Tenia que hablar con ella a toda costa, de ninguna manera podia permitir que desapareciera para siempre de mi vida.
No llegue a dar el primer paso; por detras de una columna surgio una figura que avanzaba decididamente hacia la chica del autobus. Ella lo reconocio y se puso de pie, sonriendo. El recien llegado era un tipo delgado, ligeramente mas alto que ella, mas o menos de su edad, y tenia el pelo largo y lacio, de color negro. Ella corrio hacia el y se abrazaron. Cuando se separaron, la desconocida se percato de mi presencia, pero inmediatamente aparto la mirada. Su amigo recogio la bolsa, y aguardo mientras ella se ajustaba la falda y se retocaba, mirandose en un espejo de mano; cuando termino, se sacudio el pelo con un gesto que para mi ya tenia algo de familiar y salieron juntos de la darsena, cogidos del brazo, riendose. Segui los movimientos de su cuerpo, hasta que los dos se perdieron entre la muchedumbre que llenaba el vestibulo. Al cabo de unos instantes vi la doble silueta de sus cabezas flotando a contraluz. El sol de la manana daba de lleno en los ventanales de Port Authority; las aspas de las puertas giratorias la engulleron primero a ella y luego a el, y se perdieron entre el gentio de la calle 42.
Todo habia transcurrido en un lapso de tiempo demasiado breve. El reloj de la terminal marcaba las ocho menos tres minutos. Inconscientemente, desvie la mirada hacia el espacio que habia
