lo habia pedido Gal. Lo gracioso es que esa parte, aunque ya quedaba fuera del guion, tambien se le olvido, o por lo menos, no fue esa la manera en que eligio recordar lo que habia pasado. Pero esa es la verdad. Le pidio que se fuera para siempre, que no volviera, que no se dirigiera nunca mas a el. Y Nadia obedecio. Cumplio sus deseos punto por punto, menos uno: aunque le habia pedido por favor que no lo hiciera, le siguio escribiendo.

?Hasta cuando?

Hasta el 86. Lo hacia de manera mas bien irregular. Al principio, trato de cumplir la voluntad de Gal. Hubo un lapso de silencio relativamente largo, de varios meses, pero luego empezaron a llegar las cartas, primero poco a poco y luego de manera mas continuada. Al cabo de bastante tiempo, se inicio el proceso contrario. Fue dejando de escribir, hasta que su correspondencia dejo de llegar definitivamente. Tras una temporada larguisima en la que no habia habido ninguna carta, llego la famosa postal de Las Vegas. Digo famosa porque Gal me hablo muchas veces de ella. Durante un tiempo la llevo encima, y de vez en cuando me la ensenaba. Tiene que estar en los cuadernos, segurisimo. Si no lo has hecho ya, pronto daras con ella. Esa fue la ultima vez que le escribio. Pero de esto hemos hablado mas de una vez, ?no?

(En la postal se ve un casino con una iluminacion delirante que cae sobre una mezcla de elementos arquitectonicos imposibles de conciliar. Al fondo, sobre una cupula que pudiera ser bizantina, se despliega un arco de neon que dice: Coney Island. Por detras, una montana rusa. Al dorso de la postal, una nota breve, en ingles. Es la unica muestra que he encontrado de la caligrafia de Nadia. Las letras son gruesas, redondeadas, de trazo tembloroso, algo infantil. Esta fechada el 12 de enero de 1986. La traduccion de Gal viene en una hoja aparte).

Querido Gal: Anoche sone contigo. Estabamos los dos en tu piso de Hell's Kitchen. Todos los detalles eran muy vividos: la mesa de madera de la cocina, la Underwood. De repente, no se como, estabamos en Astroland. Tu me perseguias. Tenias el rostro desfigurado. A veces creia que no eras tu, pero luego tenia tu cara muy cerca, y si que lo eras. Subimos juntos al Salto del Paracaidas, que funcionaba, a pesar de que lleva tantos anos cerrado. Tu me decias que saltara, pero a mi me daba miedo. Tratabas de convencerme, diciendo que lo habias hecho muchas veces. Al final me empujabas… El sueno se termina ahi. Pero se de donde viene. ?Sabes? He vuelto a perder el nino. Estuve a punto de enloquecer, pero no le quise decir nada al padre. Me han dicho los medicos que soy yo… A mitad del embarazo, me quedo sin fuerza. No soy capaz de mantener con vida el feto. Me ha dicho el ginecologo que deje de intentarlo, que tantos abortos espontaneos son peligrosos. Me cuesta aceptarlo. Es un golpe dificil de encajar, pero poco a poco vuelvo a estar bien. Estoy aqui de paso, que sitio mas absurdo, ?verdad? Lo elegi para estar lejos de todo. Aqui no me encontrara nadie. No estare mas que unos dias. De todos modos, esta ciudad tiene algo, no se bien que, que me gusta. ?Que te parece la postal que he encontrado? Tiene gracia, ?verdad? Las Vegas me recuerda un poco a Coney Island, pero sin alma, como dirias tu. Me recuerda lo que me decias tu al salir del metro, de que estabamos en la Boca del Infierno, y eso me gusta, me gusta estar cerca del infierno, como a ti. Te echo mucho de menos, Gal, me gustaria estar contigo, que me contaras una de tus historias, hasta conseguir que me quedara dormida. Ahora estoy cansada, pero te prometo que te escribire una carta larga, muy pronto… ?Queda prometido! Hasta pronto.

N.G

En medio del texto caligrafiado por Nadia se ve la mancha de una gota de cafe. Alrededor de la G. de la firma, Gal habia trazado un circulo a tinta roja. Acaricie la letra con la yema del dedo. Tenia la costumbre de firmar anadiendo la inicial del apellido. Nadia O. Nadia R. ?Pero de donde venia la G.? Me imagine a Gal haciendo las mismas cabalas que yo, aunque no habia muchas vueltas que darle. Nadia Orlov, despues Nadia Rosoff, y ahora Nadia G. Poco importaba que ni Gal ni yo supieramos quien era.

Se habia vuelto a casar.

Trece. EL ANGEL EXTERMINADOR (FRAGMENTOS DE BROOKLYN)

MIHRAB

[Marzo de 1969]

Lunes. Llamada telefonica de Louise. Ha salido lo del Chelsea. Sylvie ya se ha instalado en el hotel. El miercoles se va a reunir un grupo de amigos para desearle suerte con la suite. Por fin voy a conocer a su amiga, pero antes tengo que hacerle un favor. ?Puedo ir con ella y con Mussifiki a una tienda de antiguedades de Brooklyn Heights? Se quien es Mussifiki, ?verdad? Mussifiki Mwanassali, nunca habeis coincidido pero te he hablado de el. Critico de arte, historiador, profesor de NYU, autor de un libro sobre las alfombras del Kurdistan. No caigo. Si hombre, si le estuviste echando un vistazo en mi estudio, la ultima vez que viniste a Deauville. Le digo que recuerdo vagamente el libro. Louise hace una pausa durante la cual oigo el chasquido de un mechero. Pues resulta que Mussifiki ha hecho uno de sus descubrimientos. Husmeando por las tiendas de Brooklyn Heights, ha dado con una alfombra kurda y se le ha metido en la cabeza que la tengo que comprar yo. Dice que en cuanto la vea lo entendere. Total, que manana hemos quedado a las tres y, si puedes, me gustaria que me acompanaras, ?te viene bien la hora, Gal? Si, no hay ningun problema. Lo del miercoles va a estar muy bien. Va a venir Moreau, Robert Moreau, el poeta. Acaba de llegar de Paris. Volviendo a lo de la alfombra, a Mussifiki Mwanassali le falta un tornillo, pero estoy segura de que se trata de algo especial. La verdad, es un detalle por su parte. Le da miedo que caiga en manos de algun lerdo incapaz de apreciarla. Si pudiera, se la llevaria el, pero ni en su casa ni en el despacho queda un solo centimetro sin alfombrar, incluidas las paredes y si me apuras hasta el techo. He pensado en regalarsela a Sylvie, para que le de suerte con el Chelsea.

Martes. Llego al Bazar Esmirna a las tres en punto. Louise esta hablando con un tipo alto, flaco, joven, muy moreno, de bigotito recortado. Luce un fez granate con una borla de flecos dorados que es evidente que le obligan a ponerse en el trabajo. Hola, Gal, tan puntual como siempre, ojala todo el mundo fuera como tu. Louise parece contrariada. Te presento a Jair. Nos damos la mano. Es de Alejandria, lleva seis meses en Nueva York y habla ingles mucho mejor que yo. Claro que lo mio es incurable. Quitandole importancia al elogio, el encargado de la tienda aclara que de pequeno estudio en el Colegio Americano. Louise me explica el motivo de su contrariedad: Mussifiki acaba de llamar por telefono para anunciar que llega con retraso. Siempre hace lo mismo. La alfombra merece la espera, se apresura a decir Jair, y se ofrece a prepararnos un te en la trastienda. Louise le dice que no se moleste. No es ninguna molestia, contesta el vendedor. Al cabo de cinco minutos estamos sentados en unos pufs de cuero rojo, delante de una mesa damasquinada, donde el egipcio deposita una bandeja de cobre con una tetera, dos vasos y un plato con unos pastelillos de pistacho. El office parece una ilustracion de Las mil y una noches. Del techo cuelgan lamparas de vidrios coloreados, y las paredes estan tapizadas con telas y brocados. Por todas partes se ven espejos, instrumentos musicales, objetos diversos de madera y bronce. Me imagino que el despacho de Mwanassali debe de tener un aspecto parecido. Jair nos deja solos. Louise enciende un Camel, me ofrece otro a mi y me cuenta la historia de su amante, Sylvie Constantine.

Llego a Nueva York con dieciseis anos. Su madre habia muerto unos meses antes, en un accidente de trafico en las afueras de Lausanne, dejandolos a ella y a su padre sumidos en un dolor desquiciado. Bernard Constantine era ingeniero industrial y cuando le acaecio aquella tragedia, su jefe, que era tambien su mejor amigo, le dijo que lo mejor que podia hacer era encargarse de la oficina de Nueva York, cuyo director hacia tiempo que deseaba volver a Suiza. Tendria que trabajar 60 horas por semana, lo cual le dejaria poco tiempo para pensar. Eso y el estar tan alejado de todo lo que le pudiera recordar a su mujer, le ayudaria a sobrellevar la perdida. Monsieur Bernard y su hija se instalaron en un duplex en el Upper West Side. Sylvie se matriculo en UNIS, la escuela internacional de Naciones Unidas, donde termino el bachillerato. Luego ingreso en Vassar College. El ultimo ano de carrera se inscribio en el seminario de fotografia de Demetria Martin, la celebre fotografa de Harlem. Sylvie se enamoro perdidamente de ella, pero Demetria canalizo la pasion de su alumna hacia su verdadero objeto, la fotografia. Se paso el ano haciendo un proyecto sobre los negros de Nueva York. Fotografio cuanto tenia la menor relacion con el tema. Asistio a conciertos, presentaciones de libros, exposiciones, manifestaciones, juicios. Fotografio bodas, ceremonias religiosas, escenarios de asesinatos, robos, incendios,

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