accidentes. Retrato sus barrios, sus ferias, sus costumbres, sus tiendas, sus restaurantes, sus rostros, sus cuerpos. Hizo miles de fotografias de las que Demetria le ayudo a seleccionar una treintena, que expuso en The Tribes, una galeria del Lower East Side. Despues de graduarse, Demetria le propuso que trabajara como ayudante suya en un proyecto que consistia en fotografiar cadaveres en las funerarias de Harlem; muertos de todas las edades, vestidos con sus mejores galas, escrupulosamente maquillados, con expresion serena, vacia, cuerpos embutidos en ataudes acolchados, con forros de colores; enfermeras, carteros, baloncestistas, musicos, empleados de banca, conductores de metro, policias; victimas de cancer, asesinados; ninas vestidas de blanco, adolescentes con corbatas de colores; rostros hieraticos, con los parpados sellados y los labios rigidos. Publicaron un libro de gran formato que tuvo mucho exito. Debajo de cada instantanea, el nombre del difunto, su edad, profesion si la tenia, la causa de la muerte. A partir de entonces, empezaron a llamar a Sylvie de todas partes. Cuando Bernard Constantine se sintio con fuerzas para volver a Suiza, su hija decidio quedarse en Nueva York. La perspectiva de vivir en Europa la aterraba. En Manhattan estaba todo lo que daba sentido a su vida. Se le hacia insoportable la idea de trasladarse a ningun otro lugar. Las cosas le resultaban todavia mas dificiles ahora que habia conocido a Louise y habia encontrado una suite en el Hotel Chelsea.

Por detras de la gasa anaranjada que hacia las veces de puerta asoma la cabeza de Jair, anunciando la llegada de Mussifiki. Salimos de la jaima. Apoyado en el mostrador veo a un individuo de unos cincuenta anos. Tiene la piel de un color negro mate muy intenso, con reflejos azulados, los ojos verdosos y rasgados, y los labios carnosos, de color violeta. Debe de estar acostumbrado a escrutinios como el mio, porque me dice sin venir a cuento: Mi madre es china, de Macao, y mi padre de origen zulu. Me da la mano y sin mas ceremonia, se acerca a una pila de alfombras y con un movimiento certero extrae una que esta casi al fondo. No gano nada con estas transacciones, dice, sosteniendo en vilo un extremo de la tela, mientras el resto cae en cascada sobre el suelo. Lo hago por el placer que me produce saber que alguien que conozco va a tener algo asi en su casa. En cierto modo es como si el propietario compartiera conmigo el espiritu de la alfombra. La abarca con la mirada, satisfecho. ?Deslumbrante, no? Todos asentimos. Os voy a contar su historia, dice, y aspira hondo. Manana, Mussifiki, le interrumpe Louise. Cuando se la llevemos a Sylvie. Muy buena eleccion, comenta Jair, mientras enrolla la alfombra. La voz del alejandrino tiene un deje pesaroso, como si se reprochara a si mismo no haber detectado el grado de interes que habia suscitado aquel articulo en sus clientes. El precio esta concertado desde el dia que Mwanassali descubrio la alfombra y ahora es demasiado tarde para subirlo. Tienen suerte de que no le echara nadie la vista encima, comenta con resignacion. Me la voy a llevar a casa para darle unos retoques, dice Mussifiki, haciendose cargo del paquete. ?A que hora es la cita en el Chelsea, Louise?

Miercoles. Habia pasado muchas veces por delante de la fachada, pero nunca habia estado en el interior del Hotel Chelsea. La suite 1006 se encuentra en el decimo piso, el ultimo, a la izquierda de los ascensores. Hay que atravesar unas puertas batientes, y aventurarse por un largo corredor que siempre esta en penumbra y que llega hasta el fondo del ala este del edificio. Para acceder a cada uno de los aticos hay que subir por un tramo de peldanos de madera crujiente. En la suite de Sylvie no hay casi ningun mueble. En la pared del fondo, junto a una cristalera, se ve una escalerilla por la que se sube a la azotea. Echa un vistazo, te va a encantar, sugiere Louise. Me veo en medio de un paisaje surrealista, perdido en un entramado de buhardillas, gabinetes acristalados, chimeneas retorcidas, parterres y arriates donde crecen todo tipo de plantas, arbustos e incluso arboles frutales. Tienes que venir a ver la terraza de noche, dice Sylvie. Me encanto la amiga de Louise. Tiene los ojos azules y muy grandes. Es menuda, rubia, fragil, atractiva, de una feminidad que complementa perfectamente la virilidad de Louise. No mira directamente a los ojos de quien le habla. Louise se mueve en torno a su amante como un predador que vigila una pieza recien cobrada. Tambien me cayo muy bien Robert Moreau, el poeta amigo de Louise. Se parece a Picasso, aunque esta harto de que se lo digan. Tiene un sentido del humor muy especial, que despliega como una especie de arma defensiva tras la que se escuda su personalidad. Ha venido a Nueva York para la inauguracion de Louise en Westways. Hay un texto suyo en el catalogo. Mwanassali repite la jugada del dia anterior en el Bazar Esmirna. Al filo de la hora convenida llama por telefono para avisar de que llega con un poco de retraso. A la media hora justa, irrumpe en la suite sin llamar a la puerta. Louise hace las presentaciones a toda prisa, porque Mwanassali esta ansioso por ensenarnos la alfombra. La trae envuelta en un papel marron, sujeta con unos bramantes finos, que desata con agilidad antes de desplegarla sobre el suelo de madera. Se arrodilla, y sonrie con satisfaccion antes de empezar a hablar:

Conforme a mis calculos tiene en torno a un siglo de antiguedad, puede que algo menos. Es originaria de la region de Gaziantep, al suroeste de Turquia, en la frontera con Siria. Los colores, el diseno y el trenzado delatan su origen nomada. Le da la vuelta. Este trenzado simetrico recibe el nombre de nudo turco. Hay entre 60 y 70 nudos por pulgada cuadrada. Sus largos dedos negroazulados acarician con delicadeza el reborde inferior de la alfombra. Alzando el indice senala hacia el cuadrado que ocupa el centro de la alfombra. Eso es el mihrab, que quiere decir nicho, explico Mwanassali. Es el equivalente de las aberturas que hay en las paredes de las mezquitas apuntando a la Meca. Mwanassali acaricia el tejido como si fuera el lomo de un animal de carga. ?A que parece nueva, pese a los anos que tiene? Eso es porque se utilizaba exclusivamente con el fin de orar, el resto del tiempo permanecia cuidadosamente guardada. Este tipo de alfombra es relativamente raro de encontrar, porque no estan destinadas a la venta. Mwanassali se incorpora. Parece apesadumbrarle la idea de separarse de la alfombra kurda. Nos quedamos todos admirando su belleza en silencio. A los antiguos se les disparaba la imaginacion contemplandola, dice por fin Mwanassali. Es como si fuera una puerta que en cualquier momento se puede abrir a otra dimension. Es un regalo muy hermoso, que la acompanara siempre, Sylvie. ?Quien sabe por cuantos lugares habra pasado antes de ir a parar al bazar de Brooklyn donde di con ella, cuantos propietarios habra tenido, como habran sido las vidas de quienes la han pisado? Una cosa es cierta: los artesanos que la tejieron estan muertos, asi como sus primeros poseedores, y quiza los siguientes. Mwanassali lanza una mirada en torno. Cuando todos los que nos encontramos ahora en esta habitacion hayamos pasado a mejor vida, su belleza se habra acendrado, y quien sabe donde estara entonces, quien y como sera su proximo dueno.

EL PERISCOPIO

[Fragmento sin datar. Fecha probable de escritura: abril de 1969.]

El grito de guerra de la Cofradia de los Incoherentes era ?Viva don Quijote! (el mismo santo y sena que utilizaban Hughes, Alzandua y Moreau en sus conclaves de Paris, mas adelante hablare de ellos). Se reunian en un local del Lower East Side llamado El Periscopio y los miembros fundadores eran cinco: David Ackerman (mi abuelo), Felipe Alfau, Jesus Colon, Aquilino Guerra (alias el Tuerto), y Henry Martinez, tambien conocido como el profesor Ginebra. Aunque habia veces que se reunian a solas, por lo general, los Incoherentes traian a las reuniones a uno o mas acompanantes. En ciertas ocasiones invitaban a conferenciantes, o daban ellos mismos sus propias charlas. Asimismo organizaban cursillos de la indole mas diversa. En mayor o menor medida, los Incoherentes guardaban alguna relacion con la literatura. Alfau era novelista, poeta y cuentista, aunque se ganaba la vida trabajando como traductor en un banco; Colon era un periodista de gran talento, aunque para salir adelante no le quedaba mas remedio que ejercer una enorme variedad de oficios; por ultimo, mi abuelo era tipografo del Brooklyn Eagle. Aquilino Guerra y Henry Martinez hacian sus pinitos literarios a una escala mucho mas modesta. Guerra era propietario de una tienda de ultramarinos en la calle 14, donde vendia productos espanoles. A quien se prestaba a oirle le contaba que sus articulos de importacion eran muy apreciados, en particular las ristras de chorizo picante, para las que le llegaban pedidos de los cuatro puntos cardinales de Estados Unidos. Ademas era inventor (tenia varias patentes registradas, a cual mas absurda), y escribia obras de teatro en verso. El profesor Ginebra era catedratico de historia en una universidad para pobres, en Long Island. Cultivaba un genero narrativo de su invencion, bautizado por el como Literatura de Viajes Vicarios. Consistia en refundir y retocar libros y articulos de viaje sustituyendo a los protagonistas del relato original por si mismo y sus amigos. Tenia una lista de unos cuarenta o cincuenta lectores, amigos y conocidos a quienes enviaba por correo sus obras completas, quisieran o no. A nadie le ofendia, aunque eran pocos los que se tomaban la molestia de leer hasta el final aquellas cronicas disparatadas. En una ocasion, un contertulio le pidio que dejara de mandarle sus escritos. No tenemos tiempo de leer con la misma rapidez con que escribes, le espeto, irritado, pero Martinez no se lo tomo a mal. Por aquella epoca mi abuelo David escribia columnas para el Brooklyn Eagle. Los Incoherentes tenian una sucursal de la cofradia en Paris. Constaba de cuatro miembros: Alston Hughes, Robert Moreau, Chus Anzaldua, y un socio satelite, un tal Gilgames, de quien he logrado averiguar muy poco, salvo que se dedicaba profesionalmente al plagio. Hugues y Moreau eran poetas; el primero era panameno y el segundo, frances. Los dos eran traductores, como tambien

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