Jesus Anzaldua, un navarro afincado en Barcelona, que viajaba con mucha frecuencia a Paris. Anzaldua era el negativo de Martinez: habia viajado a lo largo y ancho del mundo, pero no escribia. Decia que vivia en un estado de espera poetica activa, pendiente de que lo llamara la Musa. Depende de ella, decia cuando le preguntaban si pensaba leer algo en la tertulia. Si ella no tiene interes, tampoco yo, bastante tengo con lo mio. En cuanto a los Incoherentes de Nueva York, tres de los cinco socios fundadores eran
En el Archivo de Ben se conserva algun que otro escrito de los Incoherentes, asi como diversos documentos relacionados con las actividades de la cofradia. Los textos de caracter literario son de Felipe Alfau y de Jesus Colon. Los de mi abuelo David estan aparte, con sus demas trabajos periodisticos. Colon escribia con una gracia infinita. Publicaba en periodicos de poca monta, hoy olvidados, y es una lastima que a nadie se le haya ocurrido aun recoger sus articulos en forma de libro, porque son magistrales. De Alfau se conservan dos libros publicados y varios manuscritos, incluida una copia a papel carbon de su primera novela y una carta original que le escribio Mary MacCarthy. Ben me conto que un dia Alfau se presento en El Periscopio y les mostro la carta a los Incoherentes. En ella, Mary MacCarthy se deshace en elogios del manuscrito que Alfau le habia hecho llegar. Se titulaba
Lo que voy a contar acontecio a mediados de invierno. En aquella ocasion se encontraban en el local Moreau y Hugues, que habian acudido con unas artistas francesas muy jovencitas, una de las cuales era ni mas ni menos que Louise Lamarque. Los Incoherentes celebraban encuentros vanguardistas y aquella tarde habian convocado un acto poetico que tenia como objeto tomarse a chirigota a Vicente Blasco Ibanez. Al novelista valenciano le iba muy bien en Hollywood, pero los Incoherentes decian que se habia vendido, lo que para ellos era un pecado imperdonable. En la pared del fondo de la sala, Guerra y Martinez habian puesto un poster con una caricatura de Blasco Ibanez. Encima, en letras grandes se podia leer TIRO AL BLASCO. Las artistas francesas le habian pintado una diana con los colores de la bandera republicana en la punta de la nariz.
La guerra civil lo cambio todo. Alfau dejo de ir por la tertulia, y tardo muchos anos en decidirse a volver. Las noticias que llegaban de Espana eran inquietantes. Las cosas empezaban a irles mal a los republicanos. Ben acudio a un mitin que dio Ralph Bates, en un hotel de Manhattan. Salio del mitin reafirmado en su decision inquebrantable de alistarse en la Brigada Abraham Lincoln.
[Originariamente escrito a mediados de los 70, aunque la fecha exacta de escritura es desconocida. Corregido y revisado en enero de 1992.]
Alfau conocio a Mr. T. por casualidad. Estaba sentado frente a la ventana de un chiringuito que quedaba a un par de manzanas de El Periscopio, disponiendose a darle el primer sorbo a una infusion de menta, cuando vio que la trampilla de hierro que hay en la acera de Chrystie semiesquina con Alien se alzaba lentamente. Con la taza en vilo, Alfau vio emerger de las entranas de la tierra a una enana negra que calzaba botas de goma y llevaba un impermeable de charol amarillo. La enana echo un vistazo cautelar en torno y asomandose al hueco de la trampilla, hizo senas a alguien que aun se hallaba bajo tierra, dandole a entender que podia salir. Al cabo de unos segundos se plantaba en la acera un individuo vestido con levita y chistera. La mujer se esfumo como por ensalmo y la trampilla se cerro con la misma lentitud con que se habia abierto. El recien aparecido se aliso la vestimenta, se ajusto la pajarita, consulto un reloj de bolsillo y echo a andar como quien no quiere la cosa. Alfau habia oido decir que aquella era una de las entradas de una ciudad subterranea donde se decia que vivian miles de personas perfectamente organizadas, pero comprobar la veracidad de algo que en el fondo nunca le habia parecido mas que una leyenda le produjo una intensa conmocion. Dejando la infusion intacta, salio del chiringuito resuelto a ir en pos de aquella aparicion que mas que un individuo de carne y hueso parecia un personaje de sus cuentos.
El tipo de la levita no tardo en percatarse de que lo seguian y volvio la vista un par de veces. A la altura de Houston por fin se detuvo y encarandose con Alfau le pregunto si no tenia nada mejor que hacer que perseguirle. El
Todos somos conscientes de la inexorabilidad de la muerte, aunque pocos saben cuando vendra exactamente a por nosotros. Yo constituyo una excepcion, pues se a ciencia cierta que morire el dia que cumpla cincuenta anos. Miro a Alfau con aire expectante, por si tuviera algo que objetar, pero este seguia pendiente de sus palabras, y Mr. T. reanudo su alocucion: Por este motivo, a partir de que cumpli los 35, adopte la resolucion de celebrar mis cumpleanos al reves, es decir, en lugar de festejar los anos que he vivido, celebro
