Jesus Anzaldua, un navarro afincado en Barcelona, que viajaba con mucha frecuencia a Paris. Anzaldua era el negativo de Martinez: habia viajado a lo largo y ancho del mundo, pero no escribia. Decia que vivia en un estado de espera poetica activa, pendiente de que lo llamara la Musa. Depende de ella, decia cuando le preguntaban si pensaba leer algo en la tertulia. Si ella no tiene interes, tampoco yo, bastante tengo con lo mio. En cuanto a los Incoherentes de Nueva York, tres de los cinco socios fundadores eran americaniards (Alfau, Guerra y Martinez). Alfau llego con su familia a Manhattan a bordo de un transatlantico cuando contaba catorce anos de edad. Era catalan de Barcelona, pero se consideraba vasco. Colon lo hizo a bordo de un buque mercante, en calidad de polizon; era puertorriqueno. Guerra era oriundo de un pueblo de Murcia, y Martinez habia nacido en Dos Hermanas, muy cerca de Sevilla. El unico aborigen era mi abuelo, que era brooklyniano de tercera generacion. El espectro politico estaba cubierto de un extremo a otro: el puertorriqueno era miembro con carnet del Partido Comunista, mi abuelo pertenecia a un sindicato anarquista; Martinez y Guerra eran de izquierdas, aunque no sabian bien como definirse. Cuando Alfau se lo exigio en una tertulia, Martinez se proclamo socialista utopico; Guerra no sabia bien en que consistia aquello, por lo que de momento no dijo nada, pero cuando termino la tertulia le pidio a Colon que le explicara que habia querido decir Henry. Cuando consiguio entenderlo decidio declararse socialista cientifico, por marcar distancias, mas que nada, aunque tuvo que esperar a la siguiente reunion para comunicarselo a Alfau. Alfau era de derechas, motivo por el que sus relaciones con los demas Incoherentes eran dificiles en ocasiones, aunque generalmente Jesus Colon sacaba las castanas del fuego cuando las cosas se ponian feas. Se de las correrias de los Incoherentes por Ben y en menor medida por mi abuelo (no era demasiado proclive a hablar de la cofradia). En el Archivo hay una foto en la que se les ve a los ocho juntos, los cinco de Manhattan y los tres de la celula de Paris (falta el huidizo Gilgames). Alfau es blanco, alto, flaco, desgarbado, con bigotillo de galan de cine mejicano. Colon es negro y calvo, y tiene la mirada inteligente y sonrisa franca, de buena persona. Henry Martinez luce una cabellera muy abundante, plateada, peinada hacia atras. Tiene los ojos pequenos y la nariz afilada, y va vestido con capa negra y bufanda blanca. Guerra es bajo, gordito, calvo; en la foto lleva una especie de guardapolvos. Hughes es mulato y pequenito, y mira a la camara con aire insolente. Por alguna razon que Ben no me supo explicar, va disfrazado de india (no de indio) arawak, con trenzas y faldita. Anzaldua es alto, bien plantado, y tiene cara de vasco. Moreau tiene rasgos caucasicos, porte aristocratico y una calva redonda y brillante. En la foto aparece con un traje gris, de rayas negras, y tiene los pulgares embutidos en los bolsillos del chaleco. Lo de ponerle al grupo el nombre de Los Incoherentes, parece que fue idea de Alfau, aunque siempre hubo disputas muy acaloradas en torno a la autoria.

En el Archivo de Ben se conserva algun que otro escrito de los Incoherentes, asi como diversos documentos relacionados con las actividades de la cofradia. Los textos de caracter literario son de Felipe Alfau y de Jesus Colon. Los de mi abuelo David estan aparte, con sus demas trabajos periodisticos. Colon escribia con una gracia infinita. Publicaba en periodicos de poca monta, hoy olvidados, y es una lastima que a nadie se le haya ocurrido aun recoger sus articulos en forma de libro, porque son magistrales. De Alfau se conservan dos libros publicados y varios manuscritos, incluida una copia a papel carbon de su primera novela y una carta original que le escribio Mary MacCarthy. Ben me conto que un dia Alfau se presento en El Periscopio y les mostro la carta a los Incoherentes. En ella, Mary MacCarthy se deshace en elogios del manuscrito que Alfau le habia hecho llegar. Se titulaba Locos y se publico en junio de 1936, tres semanas antes de que estallara la guerra civil. Alfau hablaba en un castellano impoluto, levemente arcaico, pero escribia en ingles y cultivaba una estetica de corte vanguardista. Su tema unico era Espana. Su primera novela, o lo que fuera, porque no esta muy claro que podia ser aquello, les gusto mucho a los Incoherentes, que la leyeron de viva voz, por entregas. Transcurre en parte en un lugar imaginario, el Cafe de los Locos, de Toledo. Colon es otra cosa, pero no tiene menos calidad. Es una especie de Figaro caribeno: critico, inteligente, y divertidisimo, y a diferencia de su modelo espanol, en sus escritos siempre hay una nota de optimismo. Me he tomado la molestia de comprobar las cosas que me ha contado Ben acerca de los escritos de Jesus Colon, y todos los datos son de una exactitud pasmosa, incluso los seudonimos y las fechas de publicacion de los articulos. Ben asistio a unas cuantas reuniones y recuerda perfectamente la primera vez que su padre lo llevo al Periscopio. De hecho, tras la muerte de David, heredo su carnet de socio.

Lo que voy a contar acontecio a mediados de invierno. En aquella ocasion se encontraban en el local Moreau y Hugues, que habian acudido con unas artistas francesas muy jovencitas, una de las cuales era ni mas ni menos que Louise Lamarque. Los Incoherentes celebraban encuentros vanguardistas y aquella tarde habian convocado un acto poetico que tenia como objeto tomarse a chirigota a Vicente Blasco Ibanez. Al novelista valenciano le iba muy bien en Hollywood, pero los Incoherentes decian que se habia vendido, lo que para ellos era un pecado imperdonable. En la pared del fondo de la sala, Guerra y Martinez habian puesto un poster con una caricatura de Blasco Ibanez. Encima, en letras grandes se podia leer TIRO AL BLASCO. Las artistas francesas le habian pintado una diana con los colores de la bandera republicana en la punta de la nariz.

La guerra civil lo cambio todo. Alfau dejo de ir por la tertulia, y tardo muchos anos en decidirse a volver. Las noticias que llegaban de Espana eran inquietantes. Las cosas empezaban a irles mal a los republicanos. Ben acudio a un mitin que dio Ralph Bates, en un hotel de Manhattan. Salio del mitin reafirmado en su decision inquebrantable de alistarse en la Brigada Abraham Lincoln.

MR. T., ALIAS LA SOMBRA

[Originariamente escrito a mediados de los 70, aunque la fecha exacta de escritura es desconocida. Corregido y revisado en enero de 1992.]

Alfau conocio a Mr. T. por casualidad. Estaba sentado frente a la ventana de un chiringuito que quedaba a un par de manzanas de El Periscopio, disponiendose a darle el primer sorbo a una infusion de menta, cuando vio que la trampilla de hierro que hay en la acera de Chrystie semiesquina con Alien se alzaba lentamente. Con la taza en vilo, Alfau vio emerger de las entranas de la tierra a una enana negra que calzaba botas de goma y llevaba un impermeable de charol amarillo. La enana echo un vistazo cautelar en torno y asomandose al hueco de la trampilla, hizo senas a alguien que aun se hallaba bajo tierra, dandole a entender que podia salir. Al cabo de unos segundos se plantaba en la acera un individuo vestido con levita y chistera. La mujer se esfumo como por ensalmo y la trampilla se cerro con la misma lentitud con que se habia abierto. El recien aparecido se aliso la vestimenta, se ajusto la pajarita, consulto un reloj de bolsillo y echo a andar como quien no quiere la cosa. Alfau habia oido decir que aquella era una de las entradas de una ciudad subterranea donde se decia que vivian miles de personas perfectamente organizadas, pero comprobar la veracidad de algo que en el fondo nunca le habia parecido mas que una leyenda le produjo una intensa conmocion. Dejando la infusion intacta, salio del chiringuito resuelto a ir en pos de aquella aparicion que mas que un individuo de carne y hueso parecia un personaje de sus cuentos.

El tipo de la levita no tardo en percatarse de que lo seguian y volvio la vista un par de veces. A la altura de Houston por fin se detuvo y encarandose con Alfau le pregunto si no tenia nada mejor que hacer que perseguirle. El americaniard, que durante todo aquel tiempo andaba buscando una excusa para entablar conversacion, vio el cielo abierto y le espeto: ?Que tal un cafe? Invito yo, no ira a decir que no acepta. El otro se quito la chistera, se rasco el pelo, que tenia crespo y rizado, y acepto la invitacion, a condicion de que fuera en Veniero's, porque le encantaban los cannoli que daban alli, y ademas era su cumpleanos. Happy Birthday, dijo Alfau, dandole la mano efusivamente. ?Y por que no una tarta, con sus velas y todo? Es lo propio, tratandose de un cumpleanos. Al desconocido no le parecio mal la idea y juntos se dirigieron a Veniero's, hablando sabe dios de que. Una vez alli, Mr. T. eligio una tarta de frutas, llamo a una camarera y le dio instrucciones a la camarera de que le pusieran tres velas. Alfau estuvo haciendo calculos y penso que tal vez cada vela representara diez u once anos, tal vez doce, y cuando la tarta llego a la mesa le pregunto a su invitado por que precisamente aquel numero de velas y no otro. Es que, explico el homenajeado, tengo por costumbre celebrar los cumpleanos al reves. Alfau lo miro con expresion desconcertada y su interlocutor se sintio obligado a decir:

Todos somos conscientes de la inexorabilidad de la muerte, aunque pocos saben cuando vendra exactamente a por nosotros. Yo constituyo una excepcion, pues se a ciencia cierta que morire el dia que cumpla cincuenta anos. Miro a Alfau con aire expectante, por si tuviera algo que objetar, pero este seguia pendiente de sus palabras, y Mr. T. reanudo su alocucion: Por este motivo, a partir de que cumpli los 35, adopte la resolucion de celebrar mis cumpleanos al reves, es decir, en lugar de festejar los anos que he vivido, celebro

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