– Tambien esas maletas y esa television son nuestras.

– ?Precisamente, precisamente!

O sea que no teniamos un perro porque teniamos un coche, tres maletas y un televisor portatil pero no una casa en propiedad. Ya he dicho que a los adultos no hay quien los entienda, aunque ahora pienso que no es tan dificil hablarles en su mismo idioma. A mi padre tendria que haberle dicho:

– Tenemos una playa en invierno, no tenemos vecinos, ?por que no tener un perro?

Eso yo creo que lo habria comprendido, pero vete a saber si no habriamos vuelto al principio, a las gilipolleces de siempre y al quiza mas adelante y a la casa en propiedad.

Y despues de todo, la casa ?para que? No era yo el que se quejaba de nuestra forma de vida, de nuestro eterno deambular por muertas urbanizaciones de verano, inhospitas y fantasmales en esos meses de temporada baja, por apartamentos baratos, impersonales y como desagradecidos, identicos todos en su olor a piso abandonado y en su silencio de canerias goteantes. Al contrario: a mi todo eso me gustaba. Yo no recordaba haber vivido de otro modo, y me gustaba pensar que cada invierno seria para mi una playa diferente pero en el fondo la misma, mi playa. ?Sabeis lo que es pasear por la orilla una fria tarde de enero, hundiendo los pies en la arena humeda, orgulloso de tus propias huellas, las unicas que aquella playa acogera durante semanas o incluso meses? Habia veces que no hacia otra cosa que mirar mis huellas, a la espera de la ola que habia de borrarlas. No voy a decir que eso fuera la felicidad porque, os lo podeis imaginar, yo nunca seria totalmente feliz mientras no tuviera un perro, pero era algo que yo no habria cambiado por ninguno de los lujos de la gente de la ciudad.

Mi padre hablaba a veces de las playas en agosto y de su bullicio de heladerias, motoristas y chicas semidesnudas tomando el sol. Yo eso ni lo habia conocido ni queria conocerlo, y casi me ponia de mal humor que el suspirara por tener el dinero suficiente para alquilar uno de esos apartamentos en verano, como todo el mundo. Eso era lo que el queria, tener un piso en la ciudad para los inviernos y alquilar un apartamento en la playa los veranos. Vivir como todo el mundo y no como viviamos nosotros, que llegabamos cuando todos los veraneantes se iban y nos marchabamos justo antes de que volvieran.

Pero es que mi padre no sabia lo que queria.

– Date una vuelta -me decia-. Los muebles son correctos y hasta bonitos. La nevera funciona. Y asomate a la terraza. Fijate que vistas. Estamos en primera linea de playa. ?Sabes cuanto costaria un apartamento asi en Madrid?

Entonces se echaba a reir y decia que ni el mas caro de los apartamentos de Madrid tendria jamas esa vista sobre el mar. Luego hablaba de lo que nos costaba a nosotros vivir ahi y repetia varias veces la cifra como en homenaje a su propia sagacidad.

– Un lujo asiatico -decia yo, para concluir.

– Exacto. Un lujo. Un lujo asiatico.

Era absurdo. Mi padre odiaba ese apartamento como habia odiado todos los apartamentos en los que habiamos vivido. Eso, sin embargo, no impedia que pudiera pasarse una tarde entera elogiandolo, elogiando sus hermosas vistas sobre la playa y sus muebles gastados y su nevera con la bombilla siempre fundida. Asi era de complicado y contradictorio: el decia que le gustaba precisamente lo que no le gustaba porque creia ser lo contrario de lo que realmente era. A mi, que quereis que os diga, todo eso me traia sin cuidado. Lo que me sacaba de quicio era que me metiera de por medio y que fingiera desear para mi lo que en realidad deseaba para si mismo. ?Me explico?

Pondre un ejemplo, por si acaso. Mi padre se asomaba a la terraza, soltaba su habitual sarta de gilipolleces sobre las bondades de aquel sitio y luego ponia cara de martir y anadia:

– Lastima que esto no pueda durar siempre. El proximo invierno, me guste o no, lo pasaremos en una ciudad. Tu educacion es ahora lo mas importante, y este tipo de vida no le conviene a un chico de tu edad.

– Eso decia. Otra cosa era lo que tendria que haber dicho:

– A mi tu educacion me la trae floja, y me importa un pepino lo que pueda convenirle a un chico de tu edad. El proximo invierno lo pasaremos en una ciudad porque estoy hasta las narices de ir por la vida como puta por rastrojo.

O ni siquiera eso, sino mas bien:

– Tu educacion me la trae floja, etcetera, y lo que me jode es que el proximo invierno seguire como hasta ahora porque soy un pobre diablo y no tengo donde caerme muerto.

Asi que yo no queria cambiar de vida y mi padre si, pero mi padre decia que era por mi por lo que teniamos que cambiar y que si por el fuera seguiriamos asi hasta el final. ?No os decia yo que es absurdo?

Lo que ocurria, sencillamente, era que mi padre y yo eramos diferentes y nunca podriamos llegar a entendernos. Teniamos gustos distintos, y ya esta. Mi padre, por ejemplo, estaba orgulloso de su coche, un Citroen Tiburon con matricula de Madrid comprado de segunda mano. Como era grande, negro y extranjero, mi padre lo consideraba un automovil de categoria. Tenia, es verdad, cierto aire de coche oficial, y yo creo que el habria sido capaz de colocarle un banderin en la punta de la antena para que la gente nos tomara por embajadores o ministros o algo asi. Yo, en cambio, detestaba ese coche, su tapizado de rombos diminutos, el olor espeso y agridulce que despedia, una mezcla de ambientador de cine y meados de gato que obligaba a tener las ventanillas abiertas hasta en invierno. Me parecia un automovil feo, pasado de moda, triste, y para alegrarlo me dedicaba a llenar de adhesivos la luna trasera. Asi por lo menos ya no tenia ese aspecto de coche oficial, porque yo supongo que en eso los embajadores deben de ser como mi padre, que se desesperaba cada vez que descubria un nuevo adhesivo y me amenazaba con el dedo y se lamentaba de no haberme pegado en su momento un buen par de soplamocos. Pero es que mi padre cuando se enfadaba siempre hacia lo mismo, hablaba de zurras y de azotainas como con nostalgia, como si todo aquello formara parte, junto a mi madre y quien sabe que, de un pasado dichoso e irrecuperable.

Ya lo he dicho: teniamos gustos distintos. Con las calcomanias pasaba lo mismo: yo solia llevar los brazos y el pecho cubiertos de unas calcomanias de colores que vendian en los quioscos, y eso a mi padre le ponia frenetico.

– ?Lavate esos tatuajes inmediatamente! -decia-. ?Pareces un presidiario!

Que mania. A mi padre le molestaba casi todo lo que a mi me gustaba, aunque el decia que era al contrario, que a mi solo me gustaba aquello que pudiera molestarle. Habia noches en que le daba por ponerse solemne y me salia con alguna de esas teorias suyas: que si la adolescencia no se que, que si la adolescencia no se cuanto. Ganas de complicarse la vida, eso de la adolescencia: eramos diferentes y basta, ?no es mucho mas facil asi?

Veamos mas cosas que me gustaban. Me gustaban los posters de tias desnudas, preferiblemente negras, me gustaba echarme en el asiento de atras y sacar los pies por la ventanilla, me gustaban los concursos de television y las tiendas de pepinillos y aceitunas, me gustaba masticar aspirinas y pegar la oreja a la via para oir el tren, ya sabeis que me gustaban los perros, tambien me gustaba el olor de las farmacias y salir a la calle con el pelo mojado, me gustaba blasfemar, llevar la camiseta por fuera del pantalon, eructar despues de la comida. ?Quereis saber que es lo que no me gustaba? No me gustaban las cintas con musica de peliculas, no me gustaba Frank Sinatra porque mi padre decia que se le parecia bastante, no me gustaban los deportes, ningun deporte, no me gustaba ver a mi padre pelar la naranja con cuchillo y tenedor ni la cara que ponia cuando comprobaba los aciertos de su quiniela, no me gustaban las paginas de pasatiempos, los pantalones de cheviot, la naturaleza, los hombres con pelos en las orejas, las gafas de sol, no me gustaba la gente, no me gustaba ninguna de las personas que conocia, y sobre todo no me gustaban las mujeres rubias que se llamaban Estrella. ?Os parezco un tipo especial?

Estrella nos estaba esperando junto al cartel de la nueva urbanizacion.

– Apartamentos Sol y Mar -leyo mi padre, tratando de sonreir-. Suena prometedor…

Casi todas las urbanizaciones por las que habiamos pasado tenian nombres compuestos en los que aparecian la palabra Sol y la palabra Mar: Urbanizacion Vistamar, Apartamentos Playasol, Edificios Cara al Mar. Estos se llamaban directamente Sol y Mar, Apartamentos Sol y Mar, y mi padre lo leyo como si hubiera algun motivo secreto por el que aquel nombre tuviera que gustarme.

– ?Que esta haciendo ella aqui? -pregunte.

– ?Quien? ?Estrella?

– Quien va a ser…

– Ya te lo dije. Estrella necesita un agente artistico y yo necesito un trabajo.

Agente artistico. Ahora resultaba que mi padre iba a trabajar como agente artistico y que su artista era esa

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