del laboratorio, que era casi tan viejo como yo. Habia dos pacientes mas en la sala y a la ayudante le dije que me gustaria que fuese confidencial, entonces me dirigio a un despacho de caoba que parecia arrancado de un bufete de abogados del siglo pasado. Saque las inyecciones envueltas.
– Ya han sido usadas -dije mientras el las iba desenvolviendo- y querria saber si queda algun resto analizable.
– ?De que producto estamos hablando?
– Eso es lo malo, no lo se, no tengo ni idea, y estoy muy preocupado. Se trata de un hijo, le he pillado varias veces inyectandose. No quiero que acabe siendo un drogadicto.
– ?De que edad estamos hablando?
– Treinta y ocho anos, mayor de edad, pero un hijo es un hijo. No puedo mirar para otro lado.
– Comprendo -dijo.
– ?Viven aqui?
– No, estamos de paso, de vacaciones, crei que con el mar y el sol dejaria de tomar cosas, pero no ha resultado.
– Esta bien. Hare lo que pueda. Vere si puedo aprovechar alguna gota. ?Una direccion?
– Precisamente estamos cambiando de hotel. Mi hijo nos pone en situaciones dificiles. Vendre cuando me diga.
– Estara listo manana por la tarde o pasado, segun la dificultad.
– Bien, me pasare manana por si hubiese suerte.
Estaba nervioso, sabia que este hombre experimentado encontraria algo verdaderamente sorprendente. Seguramente Salva no habia tenido acceso al producto. Sabria de su existencia, pero nunca habria tenido una gota en la mano, aunque tal vez si hubiese llegado a saber donde lo fabricaban. Podria tratarse de uno de los multiples experimentos de los nazis. Estaban muy interesados en la inmortalidad y el mismo Fuhrer habia mandado expediciones para encontrar el elixir de la la vida eterna, como habia mandado buscar el Arca de la Alianza o el Santo Grial. Podria ser un experimento genetico en toda regla.
De momento no tenia nada urgente que hacer hasta la hora de mi cita con Sandra, por lo que decidi resolver algo que tenia pendiente: acercarme por la residencia de Salva, Tres Olivos, y preguntar un poco mas a fondo por las pertenencias de mi amigo. Hable con la misma leona de la vez anterior, mas fuerte si cabe de lo que la recordaba. Estaba insultantemente morena.
– ?Otra vez por aqui?
Decia mucho a su favor que me recordara, significaba que prestaba atencion a los detalles, y los ancianos dependemos de pequenas necesidades y detalles que hay que atender.
– Tiene usted una memoria envidiable.
– No tengo mas remedio, si no esto seria un caos.
– Mire, he venido de muy lejos para ver a mi amigo Salva y resulta que cuando llego aqui ha muerto y solo me deja una nota. ?No recuerda que hicieron con sus pertenencias?
– Me parece que se lo dije, la ropa fue a una parroquia y los papeles los quemamos.
– ?Los quemaron? ?Todos?
Se estaba impacientando. No le gustaba dar vueltas a las cosas.
– ?No quedara alguna caja por ahi con algo suyo?
No decia una palabra, me miraba fijamente diciendo, sin hablar: ya te he dicho todo lo que tenia que decir.
– Salva merece que nos preocupemos un poco mas por el aunque ya haya muerto.
– No lo dudo -dijo-, pero mire como tengo el comedor. Estos tambien necesitan que me preocupe por ellos.
Y entonces se me ocurrio una pregunta descabellada o que no seguia el hilo de la conversacion.
– Perdone, pero ?quien financia la residencia, es estatal?
A partir de aqui empezo a mirarme de otra manera.
– Es privada, con una pequena subvencion del Gobierno, pero esta sometida a los mismos controles que cualquier residencia del Estado. Todo esta en regla. Por Salva no se pudo hacer nada y el lo sabia. Fue muy consciente hasta el final de cual era su situacion. Era una persona excepcional. Senti mucho su perdida.
Me dejo entrar en la habitacion de Salva, estaba vacia, las mantas dobladas sobre el colchon. Desde su ventana se veia una huerta y luego el horizonte con montanas. Aqui Salva pensaba, aqui me escribio la carta, aqui paso los ultimos dias de su vida. Abri los armarios sin suerte, estaban vacios y mire debajo del colchon con el mismo resultado. Sin embargo Salva era previsor, muy previsor, y era de suponer que si queria dejarme alguna informacion habria buscado algun sitio que yo tenia que descubrir. A Salva no le agarroto la idea de que ya tenia la muerte encima porque conocia la muerte, la habia mirado a los ojos y la habia retado. Al Salva que yo conocia no le habria acojonado la muerte.
Estaba convencido de que Salva habia considerado la posibilidad de que se deshicieran de sus cosas y que yo al llegar no encontrase nada. Tambien podria ser que su legado no estuviera en la habitacion, sino fuera, en alguna parte del jardin o en algun lugar donde fuera normal que hubiese papeles. En la biblioteca quiza. Cerre la puerta con la sensacion de que estaba viendo algo pero no sabia el que.
No me esperaba una biblioteca con tantos ejemplares, unos cinco mil, donacion segun me conto la encargada de un historiador que habia pasado sus ultimos anos en la residencia olvidado de todo el mundo. Aqui hay mucha gente, me dijo la encargada de la biblioteca, que se deja su ultimo aliento sin que nadie se acuerde de ellos, y las amistades que hacen aqui y nosotros mismos somos su unico consuelo. Luego la familia protesta porque nos han regalado la biblioteca o nos han hecho una donacion en dinero. Le pregunte que libros solia leer Salva.
– Salvador… era un hombre muy inteligente, conservaba la cabeza en muy buen estado y era el unico que no te mareaba contandote su vida. Sobre todo leia historia y algo de medicina. En general lo que mas le interesa a la gente mayor que ha vivido la guerra civil es la historia y tambien los fasciculos -me senalo varios estantes llenos de fasciculos manoseados- sobre como cuidarse y alargar la vida. Creo que Salva se los leyo todos, pero llego un momento en que esta biblioteca no tenia lo que el buscaba y se marchaba a la universidad. Hasta que se puso mal, mal, se pasaba los dias taxi para alla, taxi para aca, la de dinero que se habra gastado ese hombre en taxis.
Me parecio que el dinero de los mayores (como ella nos llamaba) si que le importaba, pero no era el momento ni la persona adecuada para preguntar por el dinero de Salva. Me dirigi a la seccion de historia y cogi dos volumenes de la segunda guerra mundial. De haber anotado algo, de haber dejado alguna senal lo habria hecho en lo que a mi me resultaria mas familiar, Mauthausen.
No se le concedia mucho espacio a este campo ni habia nada subrayado. Busque en el capitulo de «Republicanos espanoles en los campos de la muerte» y tampoco observe nada significativo. Seria cosa de ir mirando libro por libro, pero tenia miedo de que cualquier percance que me encontrase por la carretera me impidiera llegar a tiempo al Faro, seria imperdonable, y por otra parte puede que Sandra y yo hubiesemos avanzado mucho mas en la investigacion de lo que Salva hubiera podido llegar a imaginar. No era probable que hubiese tenido el liquido en las manos, habria sido un sueno para el. En el fondo Salva lo unico que me habria legado serian sospechas. Y mas aun, si fuese creyente pensaria que Salva desde el Mas Alla me habia enviado a Sandra para que pudiera terminar el trabajo que el habia empezado.
Y otra cosa, podria ser que estuviera sobrevalorando a Salva. Cuando pensaba en el, siempre veia al hombre de cuarenta anos convertido en una maquina de cazar nazis. Como todo ser humano habria perdido facultades y puede que supiese menos de lo que yo creia. Aun asi habia sido capaz de descubrir el solo que en este pueblo se concentraba una hermandad de nazis y que ensayaban en si mismos un experimento de hace cincuenta anos que les rejuvenecia. O quiza de menos anos. Dabamos por hecho que los nazis se limitaban a no ser descubiertos, a envejecer y a morir en paz, pero puede que hubiesen continuado desarrollando algunos inventos para su uso particular y para venderlos.
De regreso al pueblo, dude si pasarme por el bar. Hoy tocaba macarrones con tomate y salmon a la plancha, todo muy pesado, y ademas la visita a la residencia me habia quitado el hambre. Si Salva, como decian en la residencia, habia ordenado mandarme aquel sobre despues de morir, tendria que habermelo contado todo con pelos y senales y enviarme cualquier informacion que me ayudara y no asi con medias verdades, pense una vez mas, pero esta vez bastante cabreado por el incomprensible comportamiento de Salva. Me compre un bocadillo y
