– ?Que crees que hay en esas inyecciones?

– Vitaminas, supongo que debe de ser un complejo vitaminico muy fuerte y completo que yo al estar embarazada no me atreveria a ponerme.

– Tal vez querias la ampolla para otra cosa -dijo Frida.

Frida estaba decidida a acabar con esto de todas todas y pensaria acusarme de espia y de que habia cogido la ampolla como prueba. Pero Karin miro a Fred, y Fred dijo que se habia acabado, que verian la forma de aclarar esta situacion y que Frida podia marcharse. Karin aun no queria acabar conmigo, aun queria chuparme un poco mas la sangre y no estaba dispuesta a que Frida le estropease la diversion precipitadamente.

Frida dijo algo en aleman. No necesitaba que me lo tradujeran para saber que les decia que iba a dar cuenta de aquello. Los otros asintieron.

– Si has sido tu es mejor que nos lo digas -dijo Karin en cuanto Frida cerro la puerta tras de si.

– Yo no he tocado esas ampollas, lo juro.

Dije la verdad y les mire de frente y les sostuve la mirada.

– No se que habra ocurrido, pero yo no he sido.

– Quiza Alice -dijo Karin- le haya ordenado a Frida cogerla pensando que la culpa recaeria inmediatamente en Sandra. Asi tiene una ampolla mas y yo me quedo sin Sandra, ya sabes que quiere todo lo que no es suyo.

– Tengo que confesar algo -dije-, quiero ser sincera. Hace unos dias entre en vuestro bano. Queria ponerme unas gotas del perfume de Karin, es un perfume que me encanta, pero estuve lo justo para ponermelo y no se me cayo ninguna horquilla, lo juro.

– Eso cambia las cosas -dijo Fred-. Antes has jurado que no habias entrado nunca en el bano y ahora reconoces que si, ya no eres fiable.

– No lo jure, solo dije que no habia entrado y se lo dije a Frida, no a vosotros. No queria que Frida usara esta informacion en mi contra.

– Haces bien en decirnos la verdad -dijo Karin mirando a su marido con reprobacion-. Es normal que viviendo aqui hayas entrado alguna vez en nuestra habitacion y en nuestro bano y tambien seria normal que hubieses mirado mis vestidos y que te los hubieses probado.

– No, no me los he probado, no me atreveria, no son mios.

– ?Te gustan?

– Son realmente preciosos. Solo los vi una vez.

– Es normal -dijo Karin dirigiendose a Fred.

– Pero ?que tiene ese liquido para que Alice ponga en peligro vuestra amistad?

– Nuestra amistad no esta en peligro -dijo Fred-. No nos une la amistad sino la Hermandad. Hay hermanos que no se soportan y sin embargo no pueden dejar de ser hermanos. No hay nada que nos pueda separar para siempre.

– ?Y que hacemos ahora? -pregunte ingenuamente, sabiendo que alguien me estaba probando: ellos, Frida o Alice. Era como estar ante un examen del que no se sabe ni una sola respuesta porque tampoco se entienden las preguntas.

Les dije que me encontraba mal, que creia que tenia gripe y que esta situacion tan desagradable me habia empeorado y que me marchaba a Madrid. Ya no podia mas, me encontraba sola, iba a tener un hijo y estaba con una familia que no era la mia. Y por mucho que ellos dijesen que eran como mis abuelos, no lo eran porque mis verdaderos abuelos me habrian creido a mi y no a una extrana. Pero para ellos Frida no era una extrana, la extrana era yo. Tenian mas confianza en la asistenta que en mi, y lo entendia, yo era una recien llegada, no era su nieta, me habian encontrado en la playa vomitando, sola, y me habian traido a esta casa que Frida conocia mucho antes que yo. Segun hablaba se me habian ido llenando los ojos de lagrimas y ahora habia explotado. Tenia verdaderas ganas de explotar. No era su nieta, ellos no eran mis abuelos, era una empleada como Frida a la que pagaban, y me pagaban muy bien, por cierto, por eso estaba con ellos, pero no todo se podia pagar con dinero, me acababan de acusar de robar y yo no habia robado nunca nada en mi vida, y hasta aqui habiamos llegado. El llanto mezclado con la tos me dejo sin habla. Los dedos doblados de Karin me acercaron el vaso. Bebi y bebi y me serene un poco.

– Me voy a jugar al golf, al aire libre pienso mejor -dijo Fred.

Seguia envuelta en mi tos cuando volvio vestido con los pantalones de cuadros, los zapatos blancos y negros y la gorra que usaba para jugar. Cogio del armario de la entrada la bolsa con los palos y salio. Cuando oi arrancar el Mercedes dije:

– Yo voy a recoger mis cosas. Ha llegado el momento de decir adios.

Subi arriba con una gran sensacion de libertad, no habian tratado de retenerme, me marchaba, me libraba de esta pesadilla. Comeria por ahi y estaria tumbada en la playa hasta la hora de verme con Julian y despedirme de el. Ahora que habiamos descubierto que el famoso liquido era una estafa, mi deber con la humanidad estaba cumplido y ya no tendria que hacer ninguna otra heroicidad el resto de mi vida. Me marchaba a un mundo normal donde la gente toma lo que le receta un medico normal.

Me extrano que Karin, que no soportaba que nadie actuase por propia voluntad, me dejara subir. Cuando llegue a la habitacion, la ventana estaba abierta y se oia cantar a los pajaros y parecia que todo era como antes. Estaba agotada por el malestar fisico y por tener que salir del atolladero con el mayor grado de sinceridad posible, pero no tenia mas remedio que sobreponerme. El unico amigo que tenia aqui no podia con su alma y de los demas no podia fiarme. Asi que cogi la mochila, la abri y meti en ella mis cuatro trapos pensando que si Fred y Karin no se parecian en nada a aquellos ancianos de la playa que ayudaban a chicas como yo, ?cuantas veces me habria equivocado y habria juzgado demasiado bien o demasiado mal a la gente? Tampoco se puede uno pasar la vida sospechando de cada uno que se le cruza en el camino para poder acertar. Hay gente que enseguida se da cuenta de lo que hay debajo de una cara o de una sonrisa. Yo, tenia que admitirlo, era lenta, y por eso Fred y Karin me habian explotado en la cara, como en cierto modo tambien Julian.

Con lo que me habian pagado tendria para vivir una temporada. Despues de hacer todo esto, pase la mano por la ultima balda del armario por si me dejaba algo, y en ese instante oi los nudillos de Karin tocando en la puerta. ?Adelante!, dije antes de que entrara, que es lo que ella iba a hacer de un momento a otro.

– No deberias irte asi, no te encuentras bien, estas resfriada. Puede que tengas gripe. Quedate unos dias hasta que mejores, cuando te recuperes nosotros mismos te llevaremos al autobus o al avion o donde tu quieras, mientras tanto descansa.

Veia la cara de bruja de Karin y me daba miedo. Yo era mas joven y mas fuerte y podria con ella en caso de llegar a las manos y sin embargo me daba miedo. Ella conocia terrores que yo no habia visto nunca y perversidades que ni se me pasaban por la imaginacion, intuia que aunque estuviesemos solas no seria tan facil vencerla.

– No, he decidido marcharme hoy -dije poniendome las botas y la mochila a la espalda. Quiero irme antes de que llegue Fred.

– No tan rapido -dijo Karin, cogiendome el bolso. Era un bolso de ante marron con flecos y el asa muy larga para llevarlo cruzado sobre el pecho. Era un bolso suave, comodo, que iba mucho con mi estilo. Me lo habia regalado Santi. Todo lo que me regalaba Santi me quedaba muy bien. Estaba pensando en esta tonteria mientras Karin abria el bolso, era como si necesitara evadirme de lo que estaba pasando en ese momento. No entendia por que Karin hurgaba en mi bolso, era un acto demasiado agresivo incluso para Karin. Y cuando reaccione, cuando estaba a punto de decirle que metiera sus sucias y retorcidas manazas en sus cosas saco algo envuelto en papel higienico, lo desenvolvio y era una de las ampollas que usaba Karin.

– No queria creer a Frida, me negaba a pensar que nos estabas traicionando, y mira…, tenia razon.

– La ha puesto Frida ahi -dije con un hilo de voz-. Esta colgada de Alberto y yo le estorbo.

– No digas tonterias. A estas horas Frida estara dando cuenta a la Hermandad de lo que ha pasado, ?y como voy a defenderte despues de lo que he visto?…

– Te juro, Karin -la interrumpi-, que no cogi ni guarde en el bolso esa ampolla, te lo juro por lo que tu quieras.

No me podia creer que yo estuviera diciendo algo asi.

– No puedo traicionarles. Me has puesto en una encrucijada. O ellos o tu.

– Si no puedo hacer nada para demostrar que yo no he sido, me marcho.

– Espera -dijo Karin cortandome el paso y con el bolso en la mano-, en estas condiciones no llegarias ni a la vuelta de la esquina.

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