Le dije al Penumbra que todo aquello merecia una explicacion y se presto a darmela a su debido tiempo. Le pedi que me preparase un cafe, porque necesitaba espabilarmele sirvio una copa y, como la noche estaba tibia, nos sentamos en unas butacas muy Van der Rohe en la terraza, recubierta con una pergola de teca de aire zen.

Transcribo su discurso segun lo recuerdo: «Lo del satanismo no es una fantochada, por mas que lo parezca. Y, aunque lo fuese, ten en cuenta que existe una corriente de satanismo ironico. No todo consiste en rituales solemnes, en blasfemias y en muchachas mas o menos pelirrojas amarradas desnudas a un altar. Eso forma parte del vodevil, pero no es la esencia. La esencia es la ridiculizacion del imperio moral judeocristiano, que es el que gobierna la conciencia de millones de criaturas que no solo estan obligadas a creer en Dios, en Jesucristo, en el Palomo, en cientos de miles de virgenes y en todos esos santos de vida lamentable, sino que tambien estan obligadas a creer en el Maligno y en todas sus huestes. Millones de criaturas forzadas a un politeismo maniqueo bastante retorcido y a vivir aterrorizadas solo por el hecho de que un dia, con cuatro copas encima, se les pase por la cabeza la ilusion de tirarse a su sobrina adolescente, a su yerno o incluso a la cabra que hace equilibrios en un podio al son de una melodia cingara».

Aquel razonamiento me sonaba topico… Aunque no por topico menos ajustado a fundamento, la verdad, porque debo confesarles que aun hoy, cuando salgo del Club Pink 2, se remueve dentro de mi conciencia un sustrato infantil de remordimiento penitencial, un zarpazo frio de contricion y desasosiego, un magma de culpabilidad acumulado durante los anos que pase en aquel colegio de curas aficionados a la epica apocaliptica de la condenacion, y es como si mi mano inmaculada de nino le hubiese clavado un punal en el pecho a la Virgen Maria, un punal en forma de tacon de aguja: Anabel, Sandra, Chabari, Leicha… Y eso esta ahi.

«…Mira, Jacob, resulta muy facil reclutar a gente a la que le han pisoteado todos sus suenos, a infelices que suplican una identidad alternativa. Asciendes a un don nadie a rango de diablo de opereta, le proporcionas un clima de fraternidad y un nombre exotico y lo conviertes de esa manera en un heroe ante si mismo, porque lo sacas de un infierno real para meterlo en un infierno ludico y rentable. Le sacas la cabeza del cubo de la basura y se la llenas de pajaros, de pajaros tenebrosos, pero de pajaros al fin y al cabo, y todos los pajaros vuelan. Le arreglas el destino, ?entiendes? Y esta dispuesto a hacer por ti lo que le pidas. Mataria a su gato si te maullase.»

Se levanto y fue a rellenar su vaso.

«…De momento, tengo a cinco trabajando para mi. Ya conoces a Belial y a Behemoth. Ella es una locuela pija, pariente de Vita Sackville-West, o eso dice, y estuvo enganchada al jaco y a cualquier tipo de teoria milenarista, se basara en lo que se basara: le bastaba escuchar a un paranoico pregonar el fin del mundo encima de una caja de cerveza para tomarlo por un guia espiritual y para follarselo en mitad de un parque si el tipo no estaba demasiado borracho ni demasiado zombi por la medicacion. El pobre Behemoth trabajaba de limpiador en un cine de maricas negros, y no solo limpiaba, pero lo saque de alli. Tambien estan Bileth, el iracundo demonio ecuestre que antes era un repartidor de pizzas; Bitru, leopardo con alas de grifo, instigador del deseo, nacido en la casa de tres plantas del vizconde de Coventry, de la camara de los lores y propietario de mas de treinta acuarelas de Turner, algunas de las cuales se transformaron en dosis inyectables durante la peor epoca de su primogenito, y Batscumbasa, el demonio turco, al que sus familiares conocen como Zeyno, un muchacho que por la manana jugaba con la PlayStation y que por la noche se dedicaba a asaltar a las putas del Soho, antes de incorporarse a nuestra cofradia diabolica y rehacer su vida. Son muy obedientes, creeme. Te traen el dinero a casa. Y ademas follas, porque tambien aportan ninas curiosas que quieren ver en primera fila el circo del Mal.»

No voy a decir, porque seria incierto, que estaba sorprendido de la astucia del Penumbra como rabadan de almas confundidas, pero si que lo estaba de su clarividencia comercial: pones a unos cuantos desdichados a atracar a anticuarios, a coleccionistas y a galeristas de arte y tu observas sentado desde tu trono humeante de terciopelo purpura, con un tridente en una mano y con un vaso de whisky en la otra -y tenido ademas de rubio.

«Se puede creer en cualquier cosa. La verdadera creencia antecede a la evidencia. Y eso es una ventaja. Si crees en los angeles, acabaras notando el aleteo de un angel en tu nuca, protegiendote de las tentaciones y de los conductores alcoholicos. Si crees en los demonios y los admiras, los demonios acabaran reclutandote. Si crees que tienes suenos profeticos, tus suenos, de una manera o de otra, acabaran siendo profeticos. Una fe es una forma de paranoia.» Dio un trago y se quedo mirandome con fijeza, como si acabara de revelarme de forma gratuita el misterio de la mente humana.

«?Y para que me cuentas todo eso?», y se trataba de una pregunta sincera. «Muy facil, Jacob. Quiero que trabajes para mi. Quiero que montes un circulo en Espana.» Intente reirme, pero apenas pude, porque me notaba la cabeza muy nublada y espesa, a pesar de haberme tomado el cafe, que a mi me convierte en buho. «Tengo que irme», pero el Penumbra tenia una opinion distinta. «No, no vas a irte. Vas a quedarte dormido y manana seguiremos hablando», y me llevo casi a rastras a un sofa. Yo solo entreveia nebulosas, y dormido me quede al instante, porque estaba claro que todo el mundo se habia empenado en dragarme sin mi venia. A discrecion.

Fuese lo que fuese lo que me echo el Penumbra en el cafe, no me libro de suenos inquietos. Me desperte cansado y turbio, con el pensamiento enmaranado de visiones inquietantes (viajes a la nada a traves de la nada, difuntos, animales de bestiario) y ademas con la espalda dolorida.

En el cuarto de bano habia dos pequenos acrilicos de Hopper -uno de tema domestico y una vista brumosa del puente de Brooklyn-, una banera romana sostenida por cuatro patas de fauno de bronce, una imitacion dieciochesca -calcule- del torso de algun dios griego decapitado y una butaca Luis XVI tapizada en crudo. Fui luego a la cocina para prepararme un cafe, pero no logre descifrar el mecanismo de la cafetera, de modo que tuve que prepararme un te, que a mi siempre me ha sabido a lechuga hervida con melaza. En la cocina, por cierto, colgaba un bodegon de Jean Arp, con frutas ondulantes; un collage de Cernigoj, varios bocetos de figurines firmados por el futurista Enrico Prampolini (con el sello del Museo Narodni de Praga, lo que despejaba cualquier duda sobre los azares que los llevaron a la cocina londinense del Penumbra) y un movil calderiano que, visto lo visto, podia ser de Calder. No estaba mal, desde luego, para un muchacho que, pocos anos antes, cargaba y descargaba furgonetas a la puerta de Putman.

Me bebi el te con la nariz tapada, como quien dice, y me disponia a irme cuando salio de su dormitorio el senor de la casa, envuelto en un albornoz de fantasias helicoidales que parecia disenado por el ya citado Prampolini, apologista de la velocidad y del dominio del aire como reconstituyentes de los valores emocionales y de las posibilidades esteticas. «Buenos dias.» Aun no eran las nueve de la manana, y aquello echaba por tierra la leyenda del noctambulismo impenitente de mi anfitrion. «Sientate. No hay prisa. ?Un cafe?», y le dije que si, pero que sin aditivos. Sonrio. «Es que a veces conviene dormir bien para tener la cabeza en su sitio a la manana siguiente.» La situacion presentaba el viso, no se por que, de un pequeno secuestro.

«Me doy una ducha y enseguida estoy contigo. Te pongo las noticias», y encendio el televisor.

Al principio no entendi de que se trataba. Coches policiales. Gente confundida que corria. Gente ensangrentada. Charlistas y analistas conjeturando conjeturas. Al poco, monte el rompecabezas: varios atentados en el metro y en un autobus. Muertos, centenares de heridos. Y esa armonia caotica de los desastres, con su clima de realidad en desbandada.

El Penumbra salio del cuarto de bano. «Como ves, no era un buen dia para andar por ahi. Aqui estabas mas seguro.»

Londres era una ciudad paralizada. Desde la terraza veia calles desiertas, y ya saben lo que eso significa para mi: miedo. Mi miedo subconsciente. Mi miedo sin porque. Mi miedo en vano.

A lo lejos, el grito circular de las sirenas.

«?Como sabias que hoy…?» El Penumbra se encogio de hombros: «Lo sabia. A veces sabes cosas que no quisieras saber, pero que te conviene saber cuanto antes».

El hijo de Honza habia resultado ser no ya una caja de sorpresas, sino mas bien una caja de sobresaltos.

«?Quieres que hablemos de lo de Colonia?», y le conteste que si, porque, a esas alturas, tenia asumido que con el Penumbra habia que hablar en serio: no sabia yo con exactitud si era bufon o monarca, pero, en el peor de los casos, podia ser el bufon que conoce los secretos de algun rey.

«Pues bien, lo de Colonia es una operacion fracaso. Ya sabes: te han contratado para que la cagues, ?me explico?»

En la jerga gremial, utilizamos para ese tipo de operaciones -por fortuna infrecuentes- el falso latinismo corpus vile: el objeto de un experimento, al margen de la suerte que corra el objeto en

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