el agua sumamente fria irrumpia contra sus cuerpos, en medio de la luz del sol filtrada entre la oscuridad de los abetos vieron muy cerca dos corzos masculinos que se detuvieron muy sorprendidos a mirarlos. Bajo la cascada, Aguirre recordo los versos de San Juan de la Cruz y comenzo a recitarlos a gritos confundido por el sonido del agua al caer en el estanque: «Gocemonos, amado, / y vamonos a ver en tu hermosura, / al monte o al collado, / do mana el agua pura, / entremos mas adentro en la espesura». Estos versos no tuvieron respuesta por parte de su amigo, que ni siquiera los hubiera entendido mas alla de la emocion de los alaridos. Apenas podian hablar a causa del cuchillo helado que el agua habia introducido en sus entranas. Lentamente fueron recuperando la respiracion y un golpe de sangre caliente comenzo a inundarles el cerebro y toda la piel. Desnudos y empapados, se sentaron a devorar un bocadillo de salchichas mientras dejaban que la brisa secara su cuerpo. Estaban bien, se sentian bien con aquella vivencia religiosa. Los corzos se acercaron a ellos sin ningun temor hasta dejarles ver sus ojos limpios, ingenuos, de terciopelo. Aguirre volvio a recitar a San Juan de la Cruz:
Hans le dijo que en Friburgo, con un poco de suerte, tendrian ocasion de conocer a Heidegger, amigo de un pariente suyo, profesor de la misma universidad. El hecho de conocer al autor de
Continuaron viaje unidos por un silencio que expresaba todas las palabras, todas las sensaciones, toda la armonia del espiritu. La carretera dejo ver los primeros claros de la Selva Negra por el valle del Dreisam y luego se abrio a unos prados de pasto, campos de cereal y extensiones de vinedo que a veces peinaban laderas de unos montes que cerraban el horizonte por la parte de la Alsacia bajo una batalla de nubes plateadas con la tripa negra que amenazaban tormentas de final de verano. Despues de dos horas de viaje aparecio la espadana de la catedral de Friburgo contra una colina boscosa. Entraron en la ciudad por la Puerta Suaba, una de sus cinco torres fortificadas, y llegaron a la plaza del Munster, donde habia un mercado medieval al pie de los sillares y vitrales. Estaban todavia latentes los efectos del bombardeo de la guerra, que habia reducido a escombros la mitad de los edificios. Hans llevo a su amigo a casa, cerca de la torre de San Martin, en el casco antiguo. El aleman de Aguirre no era muy correcto, de hecho nunca lo hablaria bien, pero su estilo a la hora de ejercer ademanes dejo impresionados a los padres de Hans, toneleros de buen pasar, que se desvivieron por hacer su estancia muy agradable.
La visita a Heidegger, segun conto Aguirre se produjo en la biblioteca de la vieja Universidad Albert-Ludwigs y Aguirre recordaba que la conversacion se produjo entre expresiones ininteligibles borradas por el estruendo de las hormigoneras que estaban reconstruyendo algunos colegios universitarios de alrededor destruidos por la guerra. Tal vez su filosofia y su actitud ideologica proclive al nazismo habian contribuido a que la universidad donde ensenaba hubiera quedado aplastada por las bombas. Sentado en un sillon de cuero rojo, vestido con traje cruzado de franela blanca, el viejo filosofo sabia que esta pareja eran seminaristas a punto de ordenarse de diaconos. Heidegger les dijo que el habia empezado estudiando teologia catolica. «Pero llegue muy pronto a la conclusion de que si los teologos supieran de cierto que Dios no existe, seguirian haciendo teologia, y me pase a la filosofia», y a continuacion comenzo a hablarles de la destruccion y de la muerte de Alemania. De pronto quedo en silencio, sonrio con cierta, amargura y les propuso ser felices asistiendo a la fiesta de la vendimia, que se iba a celebrar en la plaza de la catedral esa noche. «Beban ese caliz antes de ser ministros de Cristo. Los vinos del Rin, aparentemente livianos, son mas profundos que la fenomenologia que aprendi de Hiisserl.» Hans le conto la experiencia de la cascada en la Selva Negra segun la teoria religiosa de Guardini. Heidegger los animo a viajar a Baden-Baden y darse alli un bano mas civilizado pero igual de profundo, mas teologico, si cabe, en las termas romanas. Aquella noche la plaza de la catedral se lleno de acordeones y de senoritas robustas con trenzas rubias. Los jovenes bailaban sobre grandes cubas llenas de uva recien vendimiada y celebraban entre canticos el mosto que se derramaba por las gargantas de gente placida, viejos rubicundos, mujeres de carnes esplendidas que simulaban ser felices olvidando la pasada tragedia de la guerra mientras devoraban salchichas. En medio de la multitud aparecio Heidegger rodeado de un grupo de alumnos. Al encontrarse en la plaza con Hans y con su amigo, los llevo hacia la catedral. Primero les senalo las gargolas que escupen simbolicamente el mal que late en el interior de cada templo, y despues bajo el portico de la torre con los arcos llenos de apostoles les recordo la necesidad de purificarse con aguas romanas en Baden-Baden para olvidarse de las piedras sagradas y quedar a solas con sus cuerpos. Puesto que el hombre es un ser-para-la-muerte, mientras estuvieran vivos, el cuerpo era el unico dios verdadero.
Dos dias despues el viaje hacia Baden-Baden se desarrollo entre vinedos maduros, campos de cebada y pastos con ganado. Algunos vendimiadores les saludaban con el brazo y al llegar a la ciudad balneario se establecieron en un pequeno hotel de la plaza de Goethe cerca del Friedrichsbad, un edificio del siglo xix que contenia los ramosos banos levantados sobre las antiguas termas romanas de dos mil anos de antiguedad.
En las calles de Baden-Baden habia orquestas de musica y coros de adolescentes rubios que interpretaban a Mozart. Los prados trasquilados estaban divididos por el rio Oos, cuyos puentes de orfebreria de hierro colado eran atravesados con parsimonia cortes y saludos de otra epoca por senoras con sombrillas de colores y caballeros provectos, veraneantes de final de verano, ejemplares supervivientes de toda una cultura que habia sido destruida por la guerra.
El recuerdo del bano en la cascada de la Selva Negra les habia dejado en el cuerpo una sensacion de libertad salvaje unida al regusto de unas frambuesas silvestres que comieron con los dedos manchados de zumo, pero no habian experimentado la posesion de la naturaleza que segun Romano Guardini era el inicio de la experiencia religiosa. Al pasar por delante de las termas del Friedrichsbad decidieron darse otro bano:, esta vez civilizado, segun un protocolo muy saludable. En el vestibulo una senorita les ofrecio un prospecto que contenia las condiciones y ventajas del nudismo, una practica que se estaba iniciando en Alemania. Ese viernes el balneario ofrecia la posibilidad, en este caso obligatoria, de banarse juntos hombres y mujeres. Habia varias piscinas de agua fria y caliente que se alternaban, distintos chorros y cascadas, masajes y sesiones de algas que se realizaban en grandes salas bajo cupulas llenas de dioses paganos, ante la mirada de ninfas de marmol desde las hornacinas. Mientras se desnudaban por completo, Aguirre le dijo a Hans: «Tomemos un bano como si se tratara de una practica ascetica». En el palacio de Liria, recostado en una cama turca, haciendo volutas de humo con su Winston extrafino, el duque de Alba me confirmo que nunca habia sentido hasta entonces una espiritualidad tan profunda. Ningun cuerpo desnudo se podia comparar con el de los heroes de marmol que adornaban los pedestales, pero sentirse desnudo era una comunion con su amigo. La Selva Negra tenia una resonancia mistica cuando los gritos desgarrados de las aves bajaban hasta el humus atravesando las ramas de los abetos. Por las salas de las termas cruzaban cuerpos desnudos de hombre o de mujer que se zambullian en las distintas piscinas, nadaban lentamente como una forma de meditacion, ardian de sudor en las saunas y luego se sumian en el agua helada.
«En aquel espacio el silencio tenia una gran resonancia bajo las cupulas repletas de divinidades. En ese momento, de una de las salas salio un grito que llego hasta los ultimos rincones del balneario -conto el duque de Alba-. En una de las piscinas habia aparecido el cadaver de una joven flotando boca abajo, Fue un accidente muy desagradable. Al parecer le habia dado una congestion al salir de una sauna, pero fue suficiente para que toda la armonia del cuerpo y del espiritu desapareciera». El duque dio otra calada al cigarrillo recreandose en la memoria y anadio que su amigo Hans dijo que la muerte no era suficiente para romper aquella belleza. Habria sido mas interesante si se hubiera tratado de un asesinato. Entonces le dije al duque: «Si algun dia escribo tu biografia, mentire para estar a tu nivel. Dire que esa mujer que aparecio flotando en el Friedrichs-bad era bellisima como Ofelia, que murio apunalada por un sadico y que el agua de la piscina se convirtio en un bano de sangre». El duque contesto: «No importa. En el fondo cualquier muerte siempre es un asesinato».
