del Cesar Carlos y ahora subsecretario de Fraga, sirvieron para que Aguirre no fuera desterrado a Fuerteventura a secar al sol sus jaquecas. El consejo de don Juan de Borbon en Estoril fue disuelto y el conde de Barcelona se dedico a navegar en su yate Giraldaentre dos aguas, pero al pasar frente a Gibraltar le hacia al Penon un corte de mangas con su antebrazo tatuado con un ancla. «He aqui un gran patriota», exclamo Peman ante este gesto.

Uno de los represaliados de Munich era el periodista valenciano Vicente Ventura, quien paso dos anos de destierro en la casa de labranza que el canonigo Espasa tenia en Denia. La casa, heredada de sus antepasados huertanos, estaba en la partida de La Pedrera, rodeada de siete hanegadas de almendros, vinedos, naranjos y olivos, y desde la que se divisaba todo el golfo de Valencia a traves de un espacio esmerilado unas veces por el mistral y otras por las rafagas violentas del llebeig, que rompian el silencio preternatural cuando Denia era todavia un paraiso. A Ventura le habian prohibido escribir en el periodico, pero no hablar con sus amigos, entre los que me encontraba.

A Denia acudian a veces el escritor Joan Fuster, el cantante Raimon y el escultor Andreu Alfaro. Yo habia conocido a Ventura en Valencia durante la carrera de Derecho cuando el ejercia una agitacion politica en las tertulias del Kansas City y en el otono de 1962 a veces lo veia en el puerto de pescadores de Denia. Yo queria ser escritor, pero esta obsesion de momento no habia dado ningun resultado. Creia que bastaba con que a uno le gustaran las gaviotas. En realidad no se me ocurria nada, ningun argumento comico o tenebroso, poetico o vulgar, ninguna pasion o aventura, ningun personaje. Solo me excitaba mirar la vida, oir el sonido y el silencio de la naturaleza, esperar el rayo; en cambio, Ventura solo hablaba de politica, estaba obsesionado con derribar a Franco. Venia del Frente de Juventudes con incrustaciones de carlismo, paso a la socialdemocracia de Ridruejo con un toque de humanismo cristiano y termino en un nacionalismo contestatario de izquierdas. Pisando las algas podridas vomitadas por el mar despues de las tormentas de septiembre, me contaba los pormenores de la reunion de Munich, de una, extrana misa que les celebro un tal Jesus Aguirre, el primer cura al que vio vestido de paisano, con un aire de Capitan Arana porque a la hora de la represion desaparecio del mapa. En Espana la prensa franquista habia organizado una contraofensiva contra Europa, que fue motivo para que la solicitud espanola de entrar en el Mercado Comun quedara practicamente anulada, pero a mi me excitaba mas la nube de gaviotas que acompanaba la arribada de las barcas de pesca a media tarde al puerto y los gritos de la subasta del pescado en la lonja.

En Valencia le habian montado a Franco una manifestacion de desagravio. Miles de personas concentradas en la plaza del Caudillo vociferaban insultos y amenazas de muerte en el paredon contra los conspiradores de Munich, y Ventura, unas veces pinchando berberechos con un palillo y otras sonriendo sin quitarse la pipa de la boca, oia en la radio estas bocanadas de odio que desde La Pedrera se expandian hasta el mar. Luego, en aguas de Denia, Franco se pavoneo unos dias en el yate Azor y desde La Pedrera se le veia arar la mar entre el cabo de la Nao y Cullera protegido por un destructor de la marina de guerra con varios canones por banda apuntando al Montgo. A veces fondeaba frente a Las Rotas y desde el yate mandaban una falua al restaurante El Pegoli, donde le tenian preparada una paella de pollo y conejo con un «Viva Franco» y un «Arriba Espana» dibujados con aras de pimiento rojo sobre la extension del arroz. En algunos bares de la calle Marques de Campo, al comentar este alarde alguien pregunto: «?Esverdad que se han atrevido a escribir el nombre de Franco con pimiento rojo? Se necesita valor. Los hay que los tienen bien puestos». Frente a estos hechos, Ventura me consideraba un frivolo porque solo me interesaba la bajamar extasiada que hacia aflorar los erizos en los fondos de roca cerca de las calas, la luz inmovil del mediodia que condensaba el aroma de brea en el muelle, donde los gatos dormian sobre las redes tendidas. Tal vez ser escritor consistia en saber expresar con las palabras exactas la sensualidad de la bruma dorada que se levantaba y se abria hasta dejar un sol blanco suspendido en la mente. Esa era mi filosofia. Pero Ventura me dijo: «?Sabes que es la filosofia? Segun Joan Fuster, la filosofia consiste en agarrar a una vaca por los huevos». Ningun contubernio, ninguna politica por muy honesta que fuera me conmovia, sino el resplandor en los parpados cerrados como una verdad cierta e indemostrable, eso era lo que me gustaba… Por otra parte, mi fe en Dios ya se habia balanceado en el firmamento en las noches de verano bajo las vagas estrellas de la Osa. Cada verano yo hacia firmar al propio Dios en el libro de visitantes ilustres de Denia y mi idea era que debia comportarse como un buen turista aleman aunque fuera teologo, y aceptar las reglas de este paraiso: no molestar, no alterarla siesta de nadie, no tener ninguna iniciativa, dejar que la cadencia de las horas dulces se posara en el corazon y no tomar nunca represalias contra ninguna clase de placer. Esa era mi teologia. Yo entonces aun creia en un Dios sonriente y hablaba de esto con Ventura mientras tomabamos una cerveza en las terrazas del puerto a la sombra de los platanos siguiendo con los ojos a las primeras chicas de piernas largas y sandalias grecolatinas. El talante consistia en estar delgado, en saber aleman, en ser un poco cinico, malvado y despectivo contra toda la caspa franquista y los emblemas de la Espana negra. El placer de la cultura entre los exquisitos ya no podia separarse del goce de los sentidos. El marxismo se habia convertido en un metodo de trabajo, pero lo elegante consistia en ir un poco mas alla, donde estaban los dioses inmorales que le hacian a uno feliz por cuenta propia y comprometido solo consigo mismo sin tener que responder ante el elemento de la celula encargado de la ortodoxia.

Al parecer Franco se habia dado cuenta de que su reaccion ante el Congreso de Munich habia sido un grave error. Unas semanas despues, el 10 de julio de 1962, liquido al ministro Arias-Salgado, que ocupaba el cargo desde 1951 y al que Franco hacia responsable de la histeria de la prensa sobre Munich. El ministro solo sobreviviria unos dias a su destitucion. Herido en el alma al perder el favor de su Caudillo, murio de melancolia, como en las viejas cronicas, en la escalera de su casa en la calle de Hermosilla. La noticia llego mientras tomaba uno de aquellos aperitivos con Ventura en un bar del puerto de Denia: «Los espanoles ya no tenemos la obligacion de ir al cielo a patadas. Podemos elegir con toda tranquilidad el infierno que mas nos guste», dijo Ventura elevando como brindis una pata de pulpo seco. «Quiero ir a un infierno donde haya palmeras», conteste con otra para de pulpo en la mano.

A Gabriel Arias-Salgado le sustituyo Manuel Fraga en el Ministerio de Informacion y Turismo. Su principal mision consistia en mejorar la imagen internacional del franquismo. Todo quedo muy claro en su discurso de toma de posesion: «Llevamos veinticinco anos en los que, con un nuevo estilo y un jefe inigualable, se ha realizado una obra que vamos a continuar para llenar esa importante pagina de la historia que ya esta escribiendo el Generalisimo Franco. ?Viva Franco! ?Arriba Espana!». Para empezar, fue recibido por una huelga de mineros en Asturias, silenciada completamente por la prensa. En todo el pais se desato una gran campana de solidaridad. Muchos huelguistas fueron detenidos, torturados y encarcelados, a algunas de sus mujeres combativas se les rapo el pelo al cero. Ramon Perez de Ayala, Vicente Aleixandre, Pedro Lain Entralgo, Fernando Fernan Gomez, Aranguren y hasta cien artistas e intelectuales publicaron una carta exigiendo informacion sobre los sucesos de Asturias. Fueron represaliados. Mientras tanto, Fraga inauguraba paradores, bautizaba costas, levantaba muros de cemento en los litorales, a medias entre el fascismo y la especulacion, ambas pasiones ponderadas por el mal gusto a cargo de promotores de cuello gordo, analfabetos y con mucha barriga. La Guardia Civil aun se paseaba por la arena de las playas con mosqueton al hombro y la testa charolada y apuntaba solo con el dedo el esternon de las chicas en biquini, que quedaban paralizadas de espanto. Las actrices de cine salian de la banera siempre envueltas con una toalla y Fraga comia necoras con cuchara, se banaba en Palomares con calzones antinucleares, que resistian a las bombas de hidrogeno, pegaba escopetazos de perdigones en el culo de la hija de Franco en las cacerias y cortaba el hilo del telefono de un tijeretazo si el interlocutor se ponia pesado. En caso de tener una amante, habria sido de esos que suben a su apartamento, dejan el taxi esperando en la calle, arriman a la mujer de pie contra un armario y con los pantalones en los tobillos, sin quitarse los zapatos, se satisfacen y luego bajan disparados, se largan al primer bar y piden tambien a toda prisa una de calamares y se ponen a jugar a los chinos. Eran los tiempos en que Adolfo Suarez todavia bajaba a comprarle tabaco a Herrero Tejedor, ministro del Movimiento.

A cada cambio de gobierno seguia una condena a muerte. Franco se aseguraba asi la firma solidaria de la sentencia capital de los nuevos ministros para tenerlos trincados hasta el fondo de la conciencia. Poco despues de llegar Fraga al ministerio, se produjo la captura, juicio sumarisimo y ejecucion del militante comunista Julian Grimau. Fraga tambien se trago con gusto el anzuelo.

1965

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