Julian Grimau recibe el ultimo plomo de la guerra civil y el padre Aguirre se convierte en una estrella, cazador de mariposas

Jesus Aguirre queria dejar atras los traumas familiares y provincianos de Santander. Amparado por monsenor Federico Sopena, obtuvo un empleo de vicario en la iglesia de la Universitaria y alli se convirtio en una estrella. En 1963 tambien ejercia de capellan en el Colegio Mayor Cesar Carlos, donde se hospedaban posgraduados que preparaban oposiciones a catedra universitaria, a diplomacia y a altos cuerpos de la administracion del Estado. Era un colegio de elite, ubicado en un elegante chale de la colonia Metropolitano, con perfume de buenas maderas, escaleras alfombradas, vitrales emplomados y lamparas de mil lagrimas, todas de felicidad para no mas de treinta escogidos residentes. Comenzo como un reducto falangista, fundado por un Rodriguez de Valcarcel, para terminar siendo un foco de rebeldia liberal. Alli Jesus Aguirre zascandileaba, tal vez bendecia la mesa y conspiraba consigo mismo. Iturriaga, un alumno que luego fue embajador, se lo quitaba de encima: «Anda, Jesus, vete a merendar y no me des el conazo». Alli conocio a Raul Morodo, a Elias Diaz, a Garcia Anoveros, a Pio Cabanillas, quien llegado el momento lo nombraria director general de Musica, y a Matias Cortes, que un dia le presentaria en Marbella a los duques de Arion y a traves de ellos a la duquesa de Alba, una bifurcacion esencial de su vida.

Aguirre nunca tuvo buenas relaciones con las autoridades eclesiasticas oficiales: ni con el arzobispo Morcillo, un antediluviano que por verguenza habia hecho cambiar el nombre de su pueblo Chozas de la Sierra por el de Soto del Real, ni con el obispo Eijo y Garay, que iba al trinquete de Recoletos en compania de una amiga coja. En cambio, se llevaba muy bien con monsenor Benelli, brazo derecho del nuncio que luego seria papable. Paradojicamente, Tierno Galvan y Nicolas Sartorius, ambos ateos formales, le introdujeron en la nunciatura y, dejado a su aire, al poco tiempo, Jesus Aguirre ya tomaba por las tardes un te con pastas con el representante del Vaticano charlando de fiorituras teologales.

En 1963 Jesus Aguirre trataba de hacer compatible la musicologia de Adorno con el apostolado sociologico entre las elites progresistas de Madrid, queria disolver la teologia de Romano Guardini con la estetica idealista y el neomarxismo critico de Walter Benjamin con una misma pulsion de amor a Cristo y al martin seco, formando con ello una sola mistica. Asi comenzo a flotar entre la minoria selecta del Colegio Mayor Cesar Carlos, cuando en las sobremesas les hablaba a sus amigos de la unidad precristiana de Plotino bajo el tintineo de cucharillas y tenedores de alpaca.

Era un tiempo en que los televisores en blanco y negro de veinte pulgadas con cortinilla y coronados con flores de plastico lanzaban los primeros frigorificos al aire de una Espana de clase media envuelta en espuma de jabon Lux. A las amas de casa desde la pantalla se les aconsejaba que fregaran los platos con un determinado detergente que dejaba las manos suaves para la caricia nocturna. Al Seat 600 lo acababa de adelantar por la derecha el Renault Dauphine en su escapada a Benidorm cuando en los cines de Italia se exhibia la pelicula Il sorpassode Vittorio Gassman con una musiquilla del claxon, el himno de la modernidad desenfadada que pronto traeria a Espana un sueno de descapotables.

La gente entreveia ya el primer placer del consumo de pollos al ast entre boleros de Los Cinco Latinos y bailes muy pegados de sudor perfumado en Micheleta con aquellas chicas de faldas tubulares, cuando un dia a la superficie de una sociedad dispuesta a olvidar la aciaga desdicha del pasado, afloro de pronto el nombre de un clandestino desde el fondo negro del franquismo. La noticia consistia en que un comunista llamado Julian Grimau, hombre al parecer muy importante y peligroso, se habia arrojado al vacio por una ventana en la trasera de la Direccion General de Seguridad. Ese nombre acaparo la conversacion en las redacciones de los periodicos y los claustros de la universidad hasta terminar por apoderarse de las sobremesas familiares. Poco a poco se iban sabiendo cosas, Julian Grimau pertenecia al comite central del Partido Comunista y habia sido enviado a Madrid por la direccion desde Paris. Fue delatado y en noviembre de 1962 la policia lo detuvo en un autobus cerca de la plaza de las Ventas, como no podia ser de otra parte dado que se trataba de una misma forma de lidia iberica. Durante los interrogatorios en la Puerta del Sol se dijo oficialmente por medio del ministro Fraga que el convicto habia tenido un trato exquisito, pero que en un momento de descuido se habia subido a una silla y, aunque iba maniatado con formidables esposas de gran calidad, pudo abrir una ventana y de forma inexplicable habia logrado saltar a la calle desde un despacho del tercer piso hasta el asfalto de un callejon, donde cayo como un guinapo entre unos furgones de policia alli aparcados. Junto a aquellos furgones habia uno preparado por la funeraria, segun contaron algunos testigos, pero habia sobrevivido de milagro con graves heridas en el craneo.

Toda la clandestinidad comenzo a movilizarse. A Julian Grimau se le iba a juzgar por supuestos crimenes cometidos durante la guerra civil, que hacia mas de veinte anos que habia terminado. No habia modo de sacudirse aquel cuervo de la conciencia colectiva. Se puso en marcha la recogida de firmas de un manifiesto para salvar a Grimau de la pena de muerte anunciada. A Javier Pradera, miembro del Partido Comunista, le correspondio recabarlas en el Colegio Mayor Cesar Carlos y alli se encontro por primera vez con el capellan Jesus Aguirre, quien muy suelto de ideas y maneras le ayudo a vencer la resistencia de algunos residentes timoratos o dubitativos. Esta circunstancia tragica fue el inicio de una amistad que ya no se extinguiria. No se sabe quien de los dos ejercio en este caso de Capitan Arana. De hecho Jesus Aguirre tuvo la sensacion de que Adorno y Wafcer Benjamin estaban de mas en esos dias de plomo y tampoco servian para este caso las voladuras cosmicas de la teologia impoluta de Teilhard de Chardin. En el extranjero hubo conatos de incendiar algunas embajadas espanolas y en el bulevar de Saint-Germain de Paris se realizo una gran manifestacion de protesta contra el juicio de Grimau, que habia comenzado a celebrarse en los juzgados militares del barrio de Campamento el 18 de abril de 1963, y entre la multitud aparecia tres filas detras de la pancarta la pipa de Jean-Paul Sartre y no muy lejos de este intelectual comprometido iba una joven brasilena que se llamaba Solange, segun vi despues en un recorte del periodico LeFigaro,que ella trajo a Madrid en el bolso.

Mientras se celebraba el juicio contra Julian Grimau ardia la Feria de Abril en Sevilla y Jesus Aguirre, que estaba muy lejos todavia de imaginar que un dia seria un personaje ducal en la barrera de la Maestranza con un nardo en la solapa, ahora se veia obligado a apearse de las esferas celestes y ensuciarse las manos con la realidad. ?El famoso compromiso del marxismo podia remediarse con una misa? Despues del juicio sumario por supuestos crimenes cometidos ya prescritos solo cabia esperar que Franco conmutara la pena de «muerte a la que habia sido condenado el reo sin deliberacion del tribunal. «Que pase la viuda del acusado», se decia en estos casos.

Al mismo tiempo que sucedia esta tragedia politica Berlanga estaba rodando la pelicula Elverdugo,con guion de Rafael Azcona. En este alegato contraia pena de muerte el encargado de ejecutar la sentencia tiene que ser arrastrado a la fuerza hasta los palitroques del garrote por los funcionarios de prisiones al negarse a cumplir con su oficio. Guando se estreno esta pelicula Julian Grimau acababa de ser ejecutado y tambien en su caso, como una premonicion de arte, hubo una resistencia por parte del peloton de fusilamiento. En teoria le correspondia a la Guardia Civil apretar el gatillo, pero su director alego que solo tenia la responsabilidad de custodiar al reo. Por su parte, el capitan general se nego a que fuera ejecutado por militares de carrera. Fue el propio dictador quien dio la orden de que a Julian Grimau lo fusilara un peloton de soldados de reemplazo que, sin experiencia, al parecer, segun los testigos, tuvieron que disparar hasta veintisiete balas sin acertar mortalmente con ninguna y hubo de ser el teniente el que rematara al reo con un tiro de gracia en la nuca. Este militar acabo anos mas tarde en un psiquiatrico al no lograr disolver este crimen en su conciencia.

Mientras el futuro ajusticiado estaba en capilla, Jesus Aguirre convoco a sus fieles mas proximos y comprometidos a una misa casi clandestina en la Universitaria por la suerte del alma de Julian Grimau y para la ocasion lucio una casulla negra con grecas de plata, y previendo que a esa hora ya estaria muerto oro un responso con hisopo cuya agua bendita lanzo al vacio, y para eso se invistio con una capa pluvial tambien tan negra como la Espana que trataba de exorcizar. Este acto liturgico fue considerado como una proeza por lo que pronuncio en la platica. La Iglesia fue fundada por un inocente condenado a muerte y sigue siendo un escandalo que, pese a tener a un crucificado inocente como simbolo, sea partidaria de la pena de muerte y haya callado una vez mas en este caso. ?Donde estan nuestros obispos? ?Por que es de plomo tambien su silencio?

Pero en la television la escueta noticia del cumplimiento de la sentencia capital de Grimau en la madrugada del 20 de abril de 1963 fue acompanada de imagenes de Ava Gardner y de Orson Welles en la Feria de Sevilla, de anuncios de Soberano, de lavadoras Balay, de la tortilla de patatas familiar los domingos entre los pinares de la sierra, del horizonte de Marbella donde se decia que habia fiestas paganas junto a piscinas en forma de rinon.

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