llegar a catedratico e iba con el maletin soltando conferencias por doquier a cien por hora con aires de galan intelectual.
A este vastago de famosos cirujanos taurinos le dio por la politica y llevo a ella el mismo empuje de lenador con una vision apoteosica de las cosas. En el Congreso de Roma en 1976 fue elevado por Carrillo a un puesto en el comite ejecutivo, y ya que la politica entonces era cosa de gente joven y guapa, todos le aclamaron como a un delfin en competencia con Felipe Gonzalez, quien gustaba a las amas de casa por su atractivo fisico y a los hombres por su labia. Tamames miro alrededor y se vio rodeado con espanto de fresadores, jornaleros y peones de albanil, pero seguia subiendo cimas y se escalaba a si mismo por la pared norte todos los dias con grandes golpes de tacon, basculando el tronco a contramano del pendulo de la corbata. Tenia una mujer de una belleza esplendida, hija del catedratico Prieto-Castro, y con ella se iba a bailar a la discoteca Mau Mau, mientras Carrillo iba emboscado por Madrid y un dia aterido de diciembre de 1976 se aparecio a los suyos sin peluca detras de una cortina.
Guando llego la democracia, en los altos despachos algunos caballeros del regimen y otra gente biempensante de la sociedad madrilena se hacian cruces al enterarse de que ese muchacho fuera un rojo siendo tan guapo y de buena familia. Nadie se explicaba que un comunista no llevara barba. Creian que estaria cabreado por algo que no se sabia. En cambio, los de la base se sentian orgullosos de el. Era un rojo homologable a escala europea, con un diseno tipo Berlinguer, rico, infatigable y con un guino de modernidad, lo que se dice un rey de simposio. Tamames tambien creia que el comunismo espanol iba a ser como el italiano, algo no renido con el aperitivo de Campari en las terrazas de moda, una fuerza social mayoritaria muy ciudadana, poco campesina, elaborada por intelectuales con melena, gafas de gordos barrotes y trenca con capucha, un caldo de politica casi erotica donde podria nadar estilo mariposa y llegar, como siempre, el primero a la meta.
Paco Fernandez Ordonez me conto un dia ante unos huevos estrellados de Casa Lucio que en un Consejo de Ministros del gobierno de Adolfo Suarez, en medio de una crisis, alguien propuso como ministro de Economia a Ramon Tamames. Ordonez advirtio: «Por mi parte estaria encantado, pero ?como vamos a justificar la presencia ?de un comunista en el gobierno de UCD?». Simplemente a Ramon Tamames, en el subconsciente, solo se le consideraba un chico listo de una buena familia de derechas con apellido muy sonoro.
Tamames se equivoco. Felipe Gonzalez le habia ganado la partida. Lo que se esperaba de los comunistas lo hicieron los socialistas. Unos anos despues, sus amigos de facultad estarian en el poder; unos, sentados en el Gobierno; otros, de pie en la sala de espera, y todos eran democratas finos y reian con el esplendor de dientes de quien ha conseguido meter sus suenos por el ojo de una aguja, como los famosos camellos de la parabola. Desde la oposicion anfibia, Ramon Tamames le pidio a Santiago Carrillo una oportunidad. «Bueno, tu seras concejal.» Habia logrado todos los premios, habia escrito gruesos volumenes, habia dado conferencias y mitines con mucha garra popular, estaba en la sede del partido la noche de Sabado Santo cuando lo legalizaron y alli recibia a los camaradas con los brazos abiertos, se habia descamisado en las fiestas de la Casa de Campo, se habia puesto gorritos de verbena y habia bebido botas de vino comun con sonrientes braceros solo para llegar a teniente de alcalde y encargarse de la grua municipal, mientras los socialistas se habian limitado a aprovecharse de la ola de surf para subir a la cresta del Gobierno. A partir de ese lance llego el resentimiento.
Jesus Aguirre comenzo a escribir articulos en
Uno de aquellos dias en que brillaba sobre su cabeza toda la gloria de Francfort, encontre a Jesus Aguirre en la estacion de Nuevos Ministerios plantado junto a la cabina del fotomaton como si estuviera esperando a alguien. Tenia mala conciencia y trate de que no me viera. Otra tarde desolada de domingo, con la estacion casi deshabitada, lo volvi a encontrar en el mismo lugar. Simulaba leer un periodico. Me produjo una sensacion inquietante, como un tipo tan esteta podia estar alli, pense, aunque yo desconocia cualquier tiniebla del personaje. Alrededor habia mozalbetes con una pinta extrana. Esta vez cruzamos las miradas. Mientras me acercaba a hablarle, Aguirre parecia estar buscando una excusa para justificarse. «En Madrid, en domingo, no hay forma de hallar un sitio donde te vendan un sello», me dijo.
1977
Una tarde de 1977, en su piso de soltero, abigarrado de objetos, las paredes enteladas con colores calientes* con panuelos de Hermes enmarcados, regalo de Jaime Fierro, removiendo con su indice los hielos del whisky lentamente segun las ensenanzas que la gauche divine impartia en Boccaccio, Aguirre confeso que a lo largo de su vida habia tomado varias veces la determinacion de viajar a Barcelona con el unico proposito de conocer a su padre. En un anaquel de su biblioteca, disenada con madera de sicomoro por Jesus de la Sota, estaban los retratos de Aranguren, de Walter Benjamin y de Enrique Ruano, tres figuras ligadas a su intimidad afectiva e intelectual, que despues trasladaria como iconos a su gabinete de duque de Alba en Liria. En aquella especie de boudoir, que era a medias gabinete de trabajo de Sherlock Holmes y laboratorio de distintos placeres a lo Georges Bataille, se hubiera movido con gusto Luchino Visconti. En la estanteria tenia tambien una fotografia de su madre, pero esta quedo aprisionada dentro de un volumen del teologo Karl Rahner y no viajaria a palacio sino en un baul de pertenencias, donde permanecio hasta el fin de sus dias. Hubo un tiempo en que habia sonado con poder unir a ella la imagen de su desconocido progenitor, de quien en familia se insinuaba y el estaba dispuesto a creer y fomentar que habia sido marques, gobernador militar o capitan general o un alto funcionario del Estado. Esa mitologia servia para dorar su biografia con una estetica de sonatas de Valle-Inclan. Por estas fechas Jesus Aguirre aun era solo un editor que apacentaba los libros de Taurus con extrema soltura, aunque no todos se dejaban deslumbrar por su labia. Tenia tambien enemigos irreconciliables, por ejemplo Rafael Gutierrez Girardot, cofundador de la editorial y primer socio de Pancho, profesor en Alemania, quien afirmaba que Aguirre confundia la Escuela de Francfort con la de Innsbruck, donde impartia Teologia Karl Rahner, y solo habia leido a Adorno en las solapas de los libros que ya habia traducido la editorial Losada en Argentina. La primera vez que sintio la necesidad de conocer a su padre fue el mismo dia en que recibio tambien la llamada de Dios y decidio entregar su vida a la Iglesia. Antes de ingresar en el seminario pontificio de Comillas penso que debia hacer de su parte todo lo necesario por desvelar esa zona oscura de su memoria. Su madre le hizo desistir, todavia resentida, aunque le dio un numero de telefono y algunos datos, que su hijo conservo muchos anos en la cartera. Siendo ya un diacono tonsurado, durante unas vacaciones de verano en que desde Munich tuvo que pasar varias horas en Barcelona antes de tomar el tren, despues de dejar su equipaje en consigna, sentado en un taburete de la cafeteria Moka en la Rambla de Canaletas, pidio una ficha de telefono y el camarero extranamente no se la dio mojada, como solia ocurrir en Madrid, segun decia Juan Marse. Algunos clientes no evitaron un gesto de sorpresa al ver a un joven clerigo bebiendo un refresco rojo, tal vez un Viteri Cizano, con semejante desparpajo mientras marcaba un numero en un extremo de la barra junto a la caja registradora. Sono la llamada al otro lado. Descolgo el aparato una voz adolescente con acento catalan. Jesus Aguirre pregunto sin mas por el senor de la casa y, como quien echa al albur una piedra en un estanque, a continuacion se produjeron varias ondas de silencio en que el corazon del diacono estuvo a punto de saltar como un caballo entre la botonadura de la sotana. Una voz muy varonil y decidida pregunto quien llamaba. «Soy Jesus Aguirre, de Santander, el hijo de Carmen. Estoy de paso en Barcelona y quisiera verle», dijo balbuciendo. «?Donde esta usted?», respondio de forma expedita la voz del otro lado. «En la cafeteria Moka. Me reconocera enseguida porque soy el unico cliente del establecimiento que lleva sotana.» El interlocutor se mostro de acuerdo. Le dijo que estaria alli en media hora,
