un tiempo que Jesus Aguirre utilizo para bajarse del taburete de la barra, ir al lavabo, sentarse a la primera mesa de la entrada» fumarse varios cigarrillos, tomarse otro biter Cinzano y simular que estaba leyendo muy interesado el diario La VanguardiaEspanola.Miraba a cada rato el reloj y cuando se hizo mas o menos la hora comenzo a observar, a escrutar, a analizar el aspecto de los senores que entraban en la cafeteria. Sobre cada uno realizaba un juicio sumarisimo. A unos por gordos, a otros por jovenes, a otros por viejos, a todos por anodinos dentro de la masa gris de la humanidad, los iba repudiando como hijo. Deseaba que en el vano luminoso de la puerta de cristal se dibujara la silueta de un hombre fuerte, atractivo, jovial, de no mas de cincuenta anos, con el pelo ligeramente plateado y el rostro brunido de soles mediterraneos. Solo asi podia ser un padre imaginable, segun el retrato de familia, un galan con el diseno del actor italiano Rossano Brazzi.

No obstante, paso una hora y no se presento ningun senor que le dirigiera una mirada que no fuera de asombro al ver a aquel joven con sotana en una cafeteria, un hecho extrano en aquella epoca. Jesus Aguirre se fue deprimiendo a medida que pasaba el tiempo, una vez que practicamente todos los clientes del establecimiento se habian renovado, incluso el turno de los camareros que atendian a las mesas. «?Desea usted alguna cosa mas? ?Esta esperando a alguien, padre?» Era una ironia que le llamaran padre, precisamente. Muy nervioso, pidio la cuenta y tuvo que abandonar el local para no perder el tren. En el camino a la estacion en el taxi, el locutor hablaba del gol que habia marcado Kubala a pase de Manchon contra el Sevilla de Campanal en el partido del domingo anterior, segun recordaba anos mas tarde, puesto que aquellos pormenores estaban grabados a fuego en el corazon humillado.

Lo intento por segunda vez, siendo ya editor, en una fiesta de Taurus en la terraza Martini de Barcelona, despues de haber pasado por el sotano de Gil de Biedma, tan negro como su reputacion, segun contaba el poeta en un verso. Eran los tiempos de la gauche divine. Estaba euforico y un poco pasado de alcohol. Antes de desembocar en Boccaccio para hacerse el malvado sobre los peluches de terciopelo rojo entre Carlos Barral, Jose Maria Castellet, Gil de Biedma, Oriol Bohigas, Teresa Gimpera y Terenci Moix, que actuaba de acarreador de chismes de mesa en mesa, Jesus Aguirre hizo una parada en el bareto Boadas, en una esquina de la Rambla, y excitado por el publico que abarrotaba el local marco el telefono que se sabia de memoria. El aparato no funciono. Los telefonos de Barcelona habian anadido una cifra, pero bastaba con marcar un prefijo determinado para solucionar el problema, segun le dijeron despues sus amigos en Boccaccio. Esta vez desde el santuario de la gauche divine entre la alegre algarabia de sus amigos, echo otra piedra en el estanque y al otro lado del hilo salto una voz de mujer muy amable, que permitio ser interrogada. El teniente coronel Prats habia sido trasladado a Madrid, a un cuartel de Campamento. Jesus Aguirre tomo nota de la nueva direccion.

Sucedio en la galeria de arte de Juana Mordo, en la calle Villanueva, durante una exposicion de los pintores de El Paso, en homenaje a Manolo Millares, muerto en agosto de 1972. Juana Mordo habia pedido a Jose Luis Aranguren que diera una pequena charla en la galeria para presentar su libro Erotismo y liberacion de la mujeryque dijera unas palabras su amigo Jesus Aguirre, aunque el libro estaba editado por Ariel, algo que el propio Aguirre considero una amable trampa. Iba a intervenir tambien un cuarteto de cuerda con unas piezas cortas de Boccherini. El acto venia anunciado en la agenda cultural de los periodicos, de forma que la galeria se lleno de una fauna muy escogida, con los primeros coleccionistas de arte abstracto, arquitectos, ingenieros y publicitarios, a los que habia que anadir artistas e intelectuales contestatarios cuyos nombres eran muy habituales en las firmas a pie de los manifiestos contra el regimen franquista.

Moviendo el hielo del whisky lentamente con la yema del indice en un piso de soltero de la plaza de Maria Guerrero, numero 2,varios anos despues de aquello, Jesus Aguirre aun recordaba el momento en que se presento en la galeria aquel caballero pulido y encorbatado, con un diseno exterior que a simple vista no se correspondia con el resto de la concurrencia, adornada con barbas y melenas, vaqueros, chamarras y zapatones. En las palabras de bienvenida Juana Mordo habia recordado la sorpresa que se llevo un dia ya muy lejano al saber que Aranguren existia de verdad y que no era un pseudonimo de Eugenio d'Ors y que precisamente en las tertulias de su casa en la calle Rodriguez Sampedro habia conocido tambien a Jesus Aguirre. Despues Jesus Aguirre hablo de su vieja amistad con el profesor desde sus anos de Comillas, de Munich y de la iglesia de la Universitaria. Al final de la charla, en la que Aranguren habia exaltado la figura de la mujer en la sociedad hasta limites orgiasticos, comenzo a sonar Boccherini en medio de un silencio ya tosido, y fue entonces cuando se abrio la puerta y entro aquel hombre en la galeria, se coloco de pie en la ultima fila, cruzo los brazos y fijo la mirada en Jesus Aguirre de forma obsesiva. «Sin conocerlo ni haberlo visto nunca, al primer golpe de vista supe que aquel hombre era mi padre»,confeso. Mientras el cuarteto de cuerda tocaba LaTirannaSpagnola,op.44,Jesus Aguirre no ceso de escrutar con todo pormenor a aquel ser que formaba parte esencial de su subconsciente. «Esto es cosa de Juana Mordo, de Aranguren y de Lain Entralgo, una conspiracion entre los tres para que me enfrente de una vez con mi pasado», penso. En las paredes de la galeria estaban colgadas las arpilleras de Millares, sacos rotos y alquitranados con brochazos de sangre; los cristos crucificados de Saura; algunas alambradas y botas militares de Canogar; las cuchilladas de color amarillo de Viola, sacadas de las mangas de los personajes misticos de El Greco. Al final del acto se pasaron unas copas de champan y alguna bandeja con caramelos de fresa y de menta. Entre las cabezas del publico apinado en las dos salas, Jesus Aguirre y aquel hombre se buscaron y despues de algun esfuerzo por abrirse paso se encontraron junto a una arpillera de Millares. «?Me puedes explicar que significa este cuadro tan horrible?», le pregunto el hombre. «Imaginate que son mis despojos despues de haberme atropellado un tren», contesto Jesus Aguirre. «Por si quieres que hablemos, he reservado mesa en el restaurante La Corralada, esta aqui al lado, los duenos son de Santander, me han dicho que preparan unas albondigas extraordinarias», dijo el hombre como toda respuesta. No fue una cena muy agradable, tampoco demasiado ruda. Sentados a la mesa, se produjo entre ellos un silencio muy tenso. «Siempre imagine que serias mas seductor, mas guapo», fue lo primero que dijo Jesus. «Un ano fui lo suficiente guapo y gracias a eso estas tu aqui en este mundo. Despues de todo, no te ha ido tan mal en esta jodida fiesta», respondio el hombre. «Mama me conto que cuando vino a dar a luz a Madrid a escondidas como una furcia se cruzo en el ascensor del hotel con tu mujer.» El hombre hizo una mueca de indiferencia: «Es posible. Bueno, ?y que? Despues de tantos anos ?no iras a renirme ahora?». Jesus insistio: «Y seguiste diciendo que eras soltero y que te ibas a casar». El hombre pincho una albondiga con el tenedor: «Nada de melodramas, por favor. Por lo poco que se de ti, no creo que sea tu estilo. No vayamos a joderla a estas horas. ?Quieres mi apellido?». Jesus Aguirre nego con la cabeza: «Prefiero que comamos juntos estas albondigas en paz. Solo queria unir tu nombre a un rostro. Con eso me basta». El teniente coronel se quedo con la sonrisa de admiracion y despues continuaron hablando de otras cosas.

Esta escena la recordaba Jesus Aguirre aquella tarde de 1977 mirando a traves de la ventana el ultimo sol que doraba los cipreses y acacias de la plaza de Maria Guerrero, en la colonia de El Viso de Madrid, cuando recibio la llamada de Pio Cabanillas, ministro de Cultura, su viejo companero del Colegio Mayor Cesar Carlos, en que de forma ambigua le insinuaba que la reina dona Sofia y el presidente Adolfo Suarez parecia que no pondrian ningun reparo a su decision de nombrarlo director general de Musica. Semejante noticia le hizo saltar de la butaca, pero Aguirre trato de disimular su euforia. No era elegante expresar tanta alegria y se sirvio del ardid de poner una condicion, por otra parte anodina. Solo aceptaria el cargo si lograba que Jose Maria Guelbenzu le sucediera como director de Taurus, algo que se consiguio sin ninguna dificultad, dado el talento y la ideologia del escritor.

La vida de Jesus Aguirre comenzo a tomar otra dimension a partir de ese dia. No es que la Direccion General de Musica fuera un puesto muy relevante, solo que le permitia entrar en politica y sobre todo conquistar el palco del Real y los proscenios del teatro de la Zarzuela, espacios donde solian posarse cisnes muy blancos, incluso alguno negro. Un jueves, despues del Consejo de Ministros, el telediario de la noche iba a dar la noticia y para ese minuto de gloria en que su nombre saltaria a las esferas celestes preparo una pequena fiesta en casa. Su amigo Pedrusco Diez cocino una inmensa tortilla de patatas y de ella dieron buena cuenta Javier Pradera, Andres Perez- Sierra y Alfredo Deano. Llegado el momento, Jesus Aguirre arrastro el televisor desde detras de la comoda de barco hasta la embocadura de la biblioteca y con un pincho de tortilla en el aire oyo que el locutor proclamaba su nombre. A continuacion alguien puso un disco de cuarenta y cinco revoluciones de Las Madres del Cordero, en el que se canta el cuple Soy director generaly enseguida comenzo a sonar el telefono. El padre Sopena, su antigua jefe en Santo Tomas de la Universitaria, en esta epoca director de la Academia de Roma en San Pedro in Montorio, junto al templete de Bramante, le llamo para felicitarlo. Su jefe ahora seria Aguirre. Tambien le dio la enhorabuena seca e ironica su madre. En la terraza Jesus Aguirre bailo y canto un numero de Celia Gamez, en Yola, que dice: «Un millon, sensacion, da lo mismo de suspiros que de tiros, un millon es un millon»-. Y asi hasta que al clarear el alba comenzaron a piar tambien los pajaros en

Вы читаете Aguirre, el magnifico
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату