la plaza de Maria Guerrero.

En medio de la pequena orgia de aquella noche, Jesus Aguirre pronuncio con mucha decision estas palabras: «Voy a conquistar el poder», una frase que repitio tres veces mirando a las estrellas. Javier Pradera no pudo evitarla ironia. Le propuso instalar un trampolin en la terraza, no para arrojarse al vacio sino para impulsarse hacia la Moncloa o al palacio de la Zarzuela, y a cambio de esta idea le pidio boligrafos, calendarios y gomas de borrar de su negociado como unica contrapartida. A altas horas de la noche sono de nuevo el telefono. El teniente coronel Angel Prats le pregunto: «?Quieres o no quieres mi apellido?». Jesus contesto a su padre, muy alto y enorme: «Me llamo Aguirre y Ortiz de Zarate, con siete apellidos mas, alaveses y bilbainos, y a partir de hoy vas a oir hablar mucho de mi». No seria la primera vez que se iba a conquistar el poder desde una tortilla de patatas: tambien lo haria, uri grupo de amigos socialistas en Sevilla. Aguirre recordo que Churchill tenia sobre la mesa del despacho un pequeno cartel con esta consigna: «Accion ahora mismo».

Ese ano de 1977 habia comenzado con una manifestacion por la amnistia en que al grito de «?Viva Cristo Rey!» habia sido baleado y muerto el estudiante Arturo Ruiz. Sucedio el 23 de enero y no mas de veinticuatro horas despues fueron asesinados en un despacho de la calle Atocha los abogados laboralistas. Los sicarios fascistas Cerra, Lerdo de Tejada y Garcia Julia habian vaciado a mansalva el cargador de sus pistolas Super-Star largas de 9 mm sobre los alli reunidos y dejaron amontonados cinco cadaveres y cuatro heridos. Lola Gonzalez se habia librado de la muerte con un balazo en la cara puesto que se habia desplomado un segundo antes bajo el monton de cadaveres. Aquella mujer extraordinaria estaba muy metida en el corazon de Jesus Aguirre desde los tiempos en que fue novia de Enrique Ruano. Tal vez por eso en el entierro de los abogados, que fue la puesta en escena en la calle del Partido Comunista, aparece Jesus Aguirre llorando entre la multitud en torno al palacio de Justicia. Despues de este entierro, la legalizacion del Partido Comunista solo era cuestion de poco tiempo y de muchas agallas, cosa que sucedio en Sabado Santo, antiguamente llamado de Gloria. A medianoche, en la hora en que se supone que Cristo salto de la tumba del Golgota como un tapon de champan para inaugurar una era de nuestra historia, comenzaron a flamear banderas rojas junto a la sede en la calle Virgen de los Peligros de Madrid, ante el panico de los burgueses que salian del teatro Alcazar y del Reina Victoria.

El ano de la ascension de Jesus Aguirre a los palcos del Teatro Real, el pais estaba envuelto en una violencia extrema. Algunos militares levantiscos zarandeaban publicamente al ministro de Defensa Gutierrez Mellado y otros le negaban la mano al presidente Suarez durante una revista a la tropa. ETA asesinaba a un ciudadano cada tres dias y los GRAPO redondeaban la cuenta. Ya sin peluca, Carrillo habia entrado y salido de la carcel; habia aceptado la bandera espanola, y despues de las elecciones de junio entraron en el palacio de las Cortes los rojos. En el salon de los pasos perdidos hacia la cafeteria del Congreso se cruzaban Fraga con Dolores Ibarruri, Calvo Sotelo con Rafael Alberti, Ramon Tamames con Felipe Gonzalez y todos pedian un cafe cortado con leche en taza mediana, unico proposito en que entonces estaban de acuerdo. |

Dolores Ibarruri, apenas aterrizada un jueves en Madrid, ese mes de mayo se presento el domingo en Villa Valeria, en la colonia de Camorritos, en los altos del Guadarrama, al pie de Siete Picos, y un grupo de progres le hicimos una paella de pollo y conejo en la que intervine en el momento solemne de echar el arroz mientras ella, sentada en un sillon de mimbre descalabrado, cantaba un zorcico con voz muy modulada. En un paredon de la estacion de Cercedilla estaba escrito con grandes letras rojas «?Muera la Pasionaria!». Y junto a ese grito de muerte pasaban los primeros adolescentes de la nueva generacion, que pronto olvidarian el pasado tenebroso de Espana, cargados con mochilas de colores para escalar las brenas mas altas.

Antes de ser nombrado director general de Musica, Jesus Aguirre hacia los agostos en Madrid, pero se tomaba unas vacaciones en julio, ese verano en casa de Matias Cortes y Mai, su mujer, en Marbella. Una tarde su amigo dio una copa y por alli, de forma esporadica, cayeron los duques de Arion acompanados por Cayetana de Alba. Aguirre lucia un pareo, barba negra y gafas de espejo como de motorista. Le fueron presentados estos aristocratas y, despues de unas intelectualidades, monerias y los chismes marbelleros de rigor, al final, cuando se largaron los invitados y quedaron solos, Jesus dijo a Matias: «Esta tal Cayetana me ha caido de la patada». Camino de casa en su coche, la tal Cayetana dijo a su amiga la duquesa de Arion: «A mi este hombre me ha parecido un fatuo, un impertinente». Matias Cortes no podia imaginar en ese momento el sortilegio que produciria poco despues la barcarola de Los cuentos de Hoffmann.

1978

Tomarelpodercomoquienbailaunvalslento, mientraslamanoseelevahacialablancura dondelateelcorazon

En los periodicos comenzo a aparecer la imagen de Jesus Aguirre sentado junto a la reina dona Sofia en el palco del Teatro Real. Su cargo de director general estaba hilado con sonatas, sinfonias, operas y cantatas, todo eran violines o timbales en medio de pequenos odios, conspiraciones y zancadillas, ya que la musica amansa a las fieras pero no a los propios musicos. Con un baile de corcheas, fusas y semifusas Jesus Aguirre desarrollaba su propia ambicion, como un pentagrama, en recepciones, conciertos, cocteles y besamanos. En ese ambiente nadie como el sabia emitir una sonrisa encantadora acompanada de la frase exacta, inteligente unas veces, otras erudita, ironica o malvada, segun le convenia!, pero sabia detenerse antes de parecer impertinente si el que tenia enfrente, aunque lo considerara un idiota, podia servir a sus planes. Era muy agrio con los inferiores, trataba mal a las criados, y de pronto en cualquier restaurante decidia odiar a un senor desconocido sentado a otra mesa. No se sabe si ese caracter era el mas indicado para tomar el poder como se habia prometido a si mismo ante un coro de amigos, todos con un gin tonic en la mano, pero en el ultimo momento solucionaba la caida doblando gentilmente la bisagra. Aguirre solia cambiar mucho de ricos y si iba a una de sus piscinas a banarse, despues venia contando como eran las toallas.

Ahora merodeaba ya por los vericuetos mas proximos a la monarquia musical. Le bastaba con una sola boutade volteriana para dejar admirados a todos los comensales si eran aristocratas poco leidos, y esa capacidad de encantador de serpientes le daba la sensacion de que el mismo podia enroscarse por el tronco del arbol del Paraiso para morder la fruta prohibida. Todo era facil, todo le parecia posible. Podia ser la princesa Irene de Grecia la Eva de turnos Jesus Aguirre intento invadir ese jardin vedado. ?Por que no enamorar con un verso de Holderlin a este corza huidiza en el verde soto de palacio? Un dia el monarca le dijo: «Jesus, por ahi, no. Pon tu fe en otra caza». Jesus contesto: «Majestad, la fe es la salvacion, pero no un consuelo». La princesa Irene de Grecia paso a ser una de las manzanas del Paraiso, que quedo intacta en el arbol de la ciencia del bien y del mal, y entonces Jesus Aguirre, que se movia a sus anchas por los salones de la aristocracia cani, gracias a su amistad con la duquesa de Arion, se consolo jugando a seducir a la duquesa de Alba.

«Lo mio con Jesus -dijo un dia Cayetana- fue un flechazo en toda regla. Yo, que presidia la Asociacion de Amigos de la Opera, fui a hablar con el al Ministerio de Cultura. Ya habiamos acabado, y el me dijo: 'Espera un poco, que te quiere conocer el ministro'. Yo creo que el ministro, que era Pio Cabanillas, no me queria conocer para nada, y que fue un truco de Jesus para alargar la conversacion, asi que nos quedamos charlando. Cuando estaba a punto de marcharme, Jesus me pregunto si me podia llamar. Le dije que si. A los dos dias fuimos a almorzar, y luego vino otra cita, y luego otra».

Sucedio en el teatro de la Zarzuela durante la representacion de Los cuentos de Hoffmann, de Offenbach. Jesus Aguirre y la duquesa ocupaban el palco principal unidos solo por el protocolo, pero cuando sono la barcarola el la tomo de la mano, la miro a los ojos de forma sostenida, sin palabras, y la musica de aquel vals lento hizo lo demas. A partir de ese momento se veian discretamente en Liria y en el castillo de Malpica de los duques de Arion, en tierras de Toledo. El le hacia la escena del sofa en tresillos isabelinos, pero desde los ripios del Tenorio era capaz de elevarse a las alturas romanticas inmarcesibles de John Keats: coloca tu mano sobre la blancura donde el corazon late. Una de aquellas tardes de otono, despues de una cita secreta en Malpica, de regreso a Madrid entre chopos de hojas amarillas, con las nubes color sangre sobre la sierra del Guadarrama al fondo y encendidos ya los collares de luz que rodean la gran ciudad» «n el asiento trasero del Mercedes k duquesa se puso blanda, le cogio la mano, la deposito sobre el corazon, acerco los labios hasta el oido de Jesus y le susurro muy ardiente: «Jesus, liemonos». Y Jesus respondio: «No es suficiente, no me basta»,

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