«?Que pasa ahi abajo, amor?». El poeta se levanto, fue hacia la ventana, aparto un visillo, miro la calle y se volvio a la cama. «Tranquila, solo es una cosa de pobres», dijo muy seductor.
Al frente de su nuevo despacho, Jesus Aguirre seguia siendo un escritor sin libros, autor de prologos y de algun articulo, pero daba conferencias sobre el dialogo de marxistas y cristianos y sobre sus experiencias de editor. Uno de estos actos se celebro en el Instituto Boston, en la plaza de Ruben Dario, con la sala repleta de mujeres de la progresia y senores democristianos, socialistas y liberales, muchos de los cuales habian participado en el Contubernio de Munich. Eraotra de las misas laicas que impartia a sus nuevos fieles Jesus Aguirre. Hablaba en su platica de Adorno, efe, Walter Benjamin y del caso Heidegger. En ese momento unos tipos que estaban de pie en la ultima fila abrieron unos bolsos de lona y soltaron unas ratas por la sala al grito de ?Arriba Espana! Era una provocacion de unos guerrilleros de Cristo Rey para poner a prueba a las feministas. Su proposito tuvo el resultado que ellos esperaban, aunque el exito no fue absoluto. Por un instinto incontrolado, algunas mujeres se subieron a las sillas y al no guardar el equilibrio dieron en el suelo; otras se limitaron a gritar, pero las demas permanecieron impavidas solo paralizadas por la ira en medio del barullo. Pasado el primer susto, las ratas ganaron la calle para buscarse la vida, todas salvo una, a la que un joven catedratico de Biologia logro agarrar por el rabo, la exhibio ante el publico balanceandola en el aire como un pendulo y, antes de arrojarla a una alcantarilla, exclamo: «Mirad. Asi hay que hacer con los fachas». Fuera de la sala, a salvo en la calle Miguel Angel, un cojo con gafas negras y muelas de oro llamado Rufino grito a los suyos: «?Larguemonos de aqui, chavales, mision cumplida!».
El atentado del despacho de abogados laboralistas de Atocha habia marcado un punto de inflexion en el pulso contra los ultimos ramalazos de la dictadura. Bajo esa nube negra alentaba el primer viento democratico irreversible y en ese momento Jesus Aguirre ya pilotaba con mucha soltura intelectual, entre la erudicion y las frases malvadas, la dosis exacta de cinismo y el riesgo calculado en el negocio editorial, con Javier Pradera siempre al telefono, con visitas de Hortelano y Benet, bajo la bendicion laica de Pancho Perez. En el despacho Aguirre solia recibir una llamada diaria de su madre, que vivia sola en la calle Francisco Silbela, en Madrid, en un piso de cuarenta metros cuadrados, y despues de colgar el telefono siempre decia: «Esta pesada nunca me dejara en paz», pero se ponia suave, meloso y encantador cuando la llamada era de la duquesa de Arion o entraba Pedrusco en el despacho sin llamar y el mastin se dejaba rascar las orejas mientras daba un par de lenguetazos a cualquier original que hubiera encima de la mesa en senal de aprobacion. No eran tiempos propicios para la frivolidad. La masacre de los abogados de Atocha le habia devuelto a Jesus Aguirre una pulsion nostalgica de otros tiempos. Lola, la antigua novia de Enrique Ruano, se habia salvado de milagro en ese despacho con un balazo en la mandibula, y su marido Javier Sauquillo habia sido acribillado. Ya no podia celebrar una misa por su alma. Ahora solo cabian las lagrimas laicas. Aunque sea muy dificil, hay que imaginarse a Jesus Aguirre llorando.
No obstante, frente a la duda de si volvia a galopar el caballo de Pavia para aplastar con sus herraduras los primeros suenos de libertad, en la editorial Taurus se sucedian presentaciones de novedades? fiestas y saraos de cultura. Una tarde de primavera, de 1976, los salones y pasillos de Velazquez, 76 estaban abarrotados. Se presentaba un libro sobre JulianBesteiro. Solo unos pocos, los mas cualificad, entre aquella densidad de escritores, poetas y politicos que efectuaban remolinos en torno a las bandejas de canapes, sabian que esa tarde podia apareced un caballo blanco. Aguirre esperaba muy nervioso una llamada de aviso y esta no se produjo, pero supo que algo distinto sucedia en la sala porque pronto se oyo un rumor cuando aparecio en el rellano un joven moreno, de patillas hasta media mejilla, traje de pana rayada, camisa de lenador y melena sobre las orejas, rodeado de unos tipos cuajado» que le abrieron paso hacia su despacho tambien abarrotado sin que los invitados al coctel lograran adivinar quien era aquel ser que llegaba orlado del guardaespaldas. Ante la jurisdiccion de Jesus Aguirre, despues del abrazo y las palmadas en la espalda muy madrilenas, aquel joven saco del bolsillo un puro Montecristo, lo encendio con parsimonia y despues de tres caladas cadenciosas, alguien mando silencio al publico apinado para que el recien llegado pudiera ser oido. «Me llamo Felipe Gonzalez y soy el secretario general del Partido Socialista Obrero Espanol», dijo sonriendo. Y siguio la fiesta de presentacion como si nada, pero desde ese momento aquel joven moreno dejo de llamarse Isidoro, apodo de guerra, y con su nombre y apellidos comenzo una larga batalla politica.
A este joven no lo habia confesado ni casado ni habia bautizado a sus hijos el cura Aguirre, si bien anos despues, cuando Felipe Gonzalez alcanzo el poder, el duque de Alba se vanagloriaba en los salones de la aristocracia de que el lider socialista habia salido de la alcantarilla por el sistema del butron y habia aparecido en su despacho de Taurus, donde fue bendecido por el estamento intelectual aglutinado en torno al diario
En las fiestas, en los bares y en los ascensores de los grandes hoteles sonaba
El teatro politico acababa de subir el telon. En escena, frente al socialista Felipe Gonzalez, consagrado en el congreso de Suresnes de 1974 por la bendicion y el cheque del canciller aleman Willy Brandt, se alzaba la contrafigura del comunista Ramon Tamames, y en 1977 la izquierda tuvo que apostar entre estos dos caballos. Del lider socialista la opinion publica apenas sabia nada, porque los anos de obligada clandestinidad habian proyectado sobre su persona extensas zonas de sombra. Se sabia que habia empezado a hacer politica en la sacristia de la catedral de Sevilla, donde un canonigo de buen corazon reunia a un grupo de obreros de Accion Catolica y Felipe estaba alli como abogado laboralista y era amigo de un librero enamorado de Antonio Machado, que escribia piezas de cafe teatro de LadyPepa.
En cambio Tamames era un apellido muy sonoro en la sociedad madrilena. Este nuevo adalid habia llegado al uso de razon en medio de un Madrid famelico, cuando Franco creia que el agua del rio Henares podia convertirse en gasolina si se le anadian unas flores silvestres, segun una formula que le; habia vendido y cobrado un hungaro muy espabilado. Tamames guardaba una memoria de bombardeos, lluvia de pan sobre los tejados, sopas de ajo, lentejas con gusanos, el primer
De pronto, cumplida la venganza franquista, en la baja posguerra, el apellido Tamames comenzo a sonar a traves de los aparatos de radio, marca Invicta o Telefunken, siempre asociado a cornadas de toro. El padre de Tamames y un tio carnal eran unos famosos cirujanos especialistas en suturar femorales. Durante las famelicas cenas, en las noches estrelladas de verano en plena autarquia, los espanoles oian el nombre del medico Tamames junto a un parte de enfermeria, despues de una minuciosa descripcion de las dos trayectorias de la cornada de veinte centimetros en el vientre de cualquier torero, con salida o no del paquete intestinal. Cuando el 28 de agosto de 1947 el toro
El vastago Ramon estudio el bachillerato en el Liceo Frances, crecio ancho de espaldas delante de Dios y de los hombres, logro las mejores notas con un talante de apisonadora. Un entusiasmo febril le impulsaba a ser el primero en todo, incluso en el amor a Cristo o en las carreras de cien metros lisos. Por ley natural, termino la carrera de Derecho con un saco lleno de matriculas de honor, y se doctoro, ?es necesario decirlo?, con premio extraordinario; estudio Ciencias Economicas, y repitio en ella el paseo por las cimas despues de arrodillarse ante el padre Aguirre en el confesonario de la iglesia de la Universitaria. «?Cuantas veces, hijo mio?», le preguntaba el padre Aguirre previo pescozon en la mejilla. «Muchas, muchas, mas que nadie, padre», contestaba el tambien aguerrido y plusmarquista pecador.
Un toque de London School of Economics, un bano de Mercado Comun en Bruselas, un ultimo barniz de Ginebra como reflejo de Naciones Unidas y el producto ya estaba listo para consumir. Ramon Tamames se hizo tecnico comercial del Estado. Dio clases en una academia, y con aquellas lecciones fabrico el libro
