otros, es valido imponer una doctrina por la fuerza.» La cosa estaba clara. Mateo era de Falange.
Ignacio no acertaba a volver en si. Un extrano sentimiento de recelo le invadio. ?Quien le habia dado aquel sujeto por companero? «El hombre, portador de valores eternos.» La frase era retorica y no implicaba que quien la hubiera pronunciado tuviera dones profeticos y sirviera para gobernar un pueblo.
Mateo se habia dado cuenta de que algo pasaba por la mente de su companero. No obstante, cuanto antes fijar posiciones, mejor. Pregunto al senor Civil si cuando dijo: «Esto hubiera sido lo democratico», hablo en serio, mejor dicho si creia seriamente en la democracia. El profesor cerro el libro que tenia enfrente, con ademan que le era peculiar. Y luego contesto que antes habia que proceder a una serie de distinciones. Tal vez la democracia fuera positiva en tal sitio, en tal ocasion, mientras en la misma hora, en otro sitio, resultara inoperante.
– En todo caso no olvide -inquirio Mateo- que el advenimiento de la democracia se debio tambien a la fuerza. Los democratas no dudaron en cortar cabezas para imponerse. Desde la Revolucion francesa hasta la Revolucion rusa, pasando por todas las demas.
El profesor Civil entendio que tal planteamiento retrospectivo llevaria lejos, pues los reyes y los zares, a su vez, se habian impuesto por la fuerza. Tal proceso conduciria hasta el mismisimo fratricidio de Cain.
Mateo exclamo:
– ?Se equivoca usted! ?Llevaria hasta la rebelion de los Angeles!
En aquel instante, Ignacio pidio al profesor Civil permiso para fumar: el profesor se lo concedio. Ignacio lio un cigarrillo, con calma, Mateo saco de su bolsillo el mechero de yesca. Ignacio declino la oferta diciendo «Muchas gracias». Y saco su mechero de gasolina. Mateo le dijo: «El inconveniente de tu mechero es que se apaga con el viento». Ignacio repuso: «El inconveniente del tuyo es que para encenderlo hay que soplar».
Ignacio se sentia molesto. Todo aquello le distraia. El queria estudiar, estudiar y tener un amigo. Al ver a Mateo habia pensado: «Ahi esta». Le habia impresionado su aspecto serio y una rara precision en el lenguaje. Pero resultaba que era de Falange y que llegaba de Madrid cargado de proyectos…
Ignacio decidio que a partir de aquel dia saldria de casa del profesor Civil en cuanto la leccion hubiera terminado. Aunque se daba cuenta de que aquellos minutos de conversacion al viejo profesor le sabian a gloria. Era de suponer que con su mujer no podia hablar de aquellas cosas.
La habitacion en que daban la clase era obsesionante. Abarrotada de libros hasta el techo, mapas mediterraneos, un viejo reloj, la estufa y el piano. No se veia un centimetro de pared. Unas viejas fotografias reclinadas en los libros. El viejo profesor, cuando se levantaba para buscar un volumen, parecia un tigre cansado recorriendo su jaula. Pero si conseguia provocar una discusion, rejuvenecia. ?En Mateo habia encontrado la horma de su zapato! Pero Ignacio se sentia molesto.
Los dos muchachos salieron. La escalera estaba oscura. Al llegar a la Rambla las parejas se paseaban. Automaticamente, dieron unas vueltas.
– ?Que te propones con todo eso? -pregunto Ignacio, de pronto.
Mateo contesto:
– ?Bah! Ha quedado claro, ?no? He preferido que lo supieras cuanto antes.
Ignacio guardo silencio.
– ?Hace mucho tiempo que piensas asi…?
– Desde siempre. Quiero decir que ya de pequeno deseaba formar parte de un grupo… que quisiera hacer algo extraordinario. Me hubiera embarcado para conquistar America.
Ignacio reflexiono:
– Ya… Crees que esas cosas se llevan en la sangre, ?no es eso?
– Desde luego.
Ignacio se levanto las solapas del abrigo.
– ?No te parece mejor llevar una vida normal, estudiar, ir al cine, hacerse un hombre…?
Mateo nego con la cabeza.
– Todo eso es un espejismo. En Espana es imposible inhibirse de ese modo.
– ?Por que?
– El temperamento. Excesiva capacidad de vida, ?comprendes? Nosotros lo que queremos es infundir a la gente una ilusion que sea grande, para evitar que cada tres dias hagan una revolucion por motivos mezquinos.
El ultimatum que el comandante Martinez de Soria habia dado a Julio Garcia llego pronto a conocimiento de toda la ciudad. «Si no sale el autor del disparo, sera usted condenado a muerte.» Incluso en el Casino se produjo cierto silencio. Don Pedro Oriol luchaba a brazo partido con su conciencia, pues el no creia de ningun modo que el policia hubiese disparado.
Dona Amparo Campo empezo a alarmarse. «?Quien le habria mandado el papelito: Este usted tranquila?» A lo mejor el propio teniente Martin, quien cada vez que se cruzaba con ella por la calle la miraba de arriba abajo con una insolencia que, en otras circunstancias, no le habria disgustado.
En cualquier caso muchos veian en todo aquello el fracaso definitivo de la teoria segun la cual Julio quedaba siempre cubierto. Ahi estaba, a un paso de los fusiles apuntando a su cerebro. Matias pasaba momentos angustiosos y la propia Carmen Elgazu se daba cuenta de que sentia por el policia mas piedad que otra cosa.
En la carcel, el rasgo de Julio, aceptando su sacrificio antes que denunciar a Joaquin Santalo, diputado de Izquierda Republicana, era comentado con autentica veneracion. El unico que no sabia nada de lo que ocurria era el propio Joaquin Santalo. Nadie osaba comunicarselo, pues entonces el hombre se hubiera visto obligado a denunciarse a si mismo.
Un hombre se mantenia en sus trece: el subdirector. Cuando Ignacio se acerco a su mesa y le dijo: «Bien, ahora es el momento de que las grandes Logias y los golpes 3-1-2, etcetera, se pongan en movimiento», el subdirector se paso la mano por la calva reluciente:
– No se, no se… Ya veremos. -Sin embargo, se le veia inquieto.
En cambio, el comandante Martinez de Soria acababa de recibir el golpe de gracia. A los incesantes comunicados de Madrid y de Capitania General aconsejando prudencia, se unia a ultima hora un oficio inserto en la valija que se cruzaba a diario con el Tribunal de Barcelona. Este oficio decia: «Relativo al asesinato del comandante Jefe de Estado Mayor de esa
El comandante reunio el Tribunal sin perdida de tiempo y fue llamado el recluso Joaquin Santalo. El cunado del cajero entro en la sala practicamente vencido. En cuanto oyo su nombre en el pasillo dijo a sus companeros: «Ya esta». Estos companeros acudieron inmediatamente a dar la noticia a Julio Garcia. ?Han llamado a Joaquin Santalo! El policia no movio un solo musculo de su rostro. Contesto: «Todo esto es una pena».
El cunado del cajero confeso sin grandes requisitos, sobre todo al hacersele saber que iba en ello la cabeza de Julio Garcia. Dijo: «Fui yo». Inmediatamente dos guardias civiles se acercaron a el y le esposaron las munecas. El Tribunal levanto la sesion. El reo fue conducido a una celda individual, situada en la planta baja de la carcel. Cuando unos guardianes subieron a buscar su colchon y sus utensilios personales, en toda la carcel reino un gran silencio. La silueta del colchon, doblado sobre la espalda de uno de los guardias, tomaba la forma del desaparecido.
David le dijo a Julio:
– Te has salvado.
El policia repitio:
– Todo esto es una pena.
Pronto se supo en la ciudad. Un hombre quedo asombrado, sin palabra: el cajero. El cajero ignoraba en absoluto que su cunado hubiera sido el autor. Se lo comunicaron en el Banco. Su excelente corazon le dio un inusitado vuelco. Aquello era una catastrofe. ?Que hacer? Sus ojos se volvieron hacia Ignacio, como si el muchacho pudiera ayudarle de algun modo. ?Como prevenir a su mujer, a la mujer del condenado? Por las calles voceaban
Fue el primer choque del cajero con su hijo adoptivo, Paco. La casa hecha un mar de lagrimas, la esposa del detenido acudio en seguida del pueblo, y Paco permanecio insensible. Se le veia molesto por el ajetreo, no compasivo. No pensaba sino en su carpeta de Bellas Artes. Imaginaba un grupo escultorico sobre la tumba. El condenado en pie, las mujeres arrodilladas como Dolorosas.
Cuando se confirmo la sentencia de muerte, don Pedro Oriol se persono en la Sala del Tribunal. Alego que la
