mitines, no ahogaba la intima sensacion de que los falangistas eran muy pocos y de que no constituirian un peligro nacional excepto en el caso de que desde el poder se les brindara la ocasion. En Gerona se habia sabido en seguida que el hijo del Director de la Tabacalera -gran cabellera y camisa azul- llego con intenciones de abrir brecha. El notario Noguer, don Santiago Estrada, mosen Alberto y demas prohombres consideraban a Mateo una cabeza juvenil, con cuatro ideas espectaculares, desconocedor de la psicologia de la region. El Responsable y muchos obreros -trabajando o en paro- profetizaron que recibiria muchas palizas; en cambio, David y Olga
Algunas senoras se sentian atraidas, sin saber por que. Falange tenia algo de clandestino, de misterioso y caballeresco. Mateo no se daba cuenta, pero a su paso despertaba algun suspiro de admiracion.
Mateo se habia propuesto llegar, lo mas pronto posible, a la cifra de seis camaradas. Ello no lo consideraba imposible, pues a su entender en todas las poblaciones ocurria lo mismo: habia unos cuantos muchachos que eran falangistas sin saberlo… Y otros manifiestamente simpatizantes, que leian los discursos de Jose Antonio con atencion, pero que, faltos de un jefe inmediato, se mantenian pasivos. Se trataba, pues, de dar voces, fe de vida. «Por las barberias, por los cafes…» Al menor movimiento de simpatia que se notara, coger al catecumeno por la solapa… y entonces ponerle a prueba. Decirle que Falange no le prometia ninguna ventaja, ni aumento de salario, ni aprobar los estudios sin esfuerzo; a lo mas, algun disgusto serio. Darle a leer las Circulares, muy claras a este respecto. Si el muchacho, a pesar de todo ello, se cuadraba y exclamaba: «?Arriba Espana!», se le entregaria el carnet.
El brazo derecho de Mateo era Octavio Sanchez, empleado de Hacienda, carnet numero dos. Mateo, que dividia las inteligencias en elefantiasicas -Menendez y Pelayo-, peso fuerte, peso mosca y peso pluma, clasificaba a Octavio en este ultimo grupo. Entendiendo por peso pluma la facultad de escurrirse para pegar el primero.
Esto lo decia porque Octavio no se dejaba pillar nunca en falso. Cuando en Hacienda le hacian preguntas capciosas respecto de Falange, el contestaba con impecable rotundidad. Y lo mismo en la fonda en que se hospedaba.
En esta fonda, cerca de la Plaza Municipal, habia ocurrido algo singular. Octavio, que siempre decia que era humanista, en el sentido de que preferia mil veces tomarse una copa en una tertulia que escalar un pico del Pirineo o penetrar en una gruta, habia ido alargando considerablemente las sobremesas, en compania del patron del establecimiento y de su hija Rosario. Hasta que un dia le dijo a la hija del fondista que la queria. La muchacha subio a su cuarto sofocada y volvio a bajar al cabo de un rato a confesarle que llevaba muchos dias esperando la declaracion. El patron se mostro contento, pues consideraba que tener un pariente en Hacienda en ningun caso podia perjudicar.
La sencillez con que todo aquello habia ocurrido, era abrumadora. Ahora Octavio llevaba camisa azul y su novia, Rosario, se la planchaba. Perfecto. Sentia gran simpatia por Ignacio y esperaba que una de las sillas del despacho de Mateo le perteneciera algun dia. Mateo le decia: «No te hagas ilusiones. Ignacio lleva algo en la sangre que tira por otro lado».
Octavio no insistia. Octavio sentia un gran respeto por Mateo. Le consideraba Jefe y le hubiera obedecido a ciegas. Tenia perfecta conciencia de haber sido su primer camarada en la ciudad; de modo que cuanto mas cargado de humo, de tension y de circulares estuviera el despacho en que se reunian, mas contento estaba de no ser simple funcionario de Hacienda, de contribuir, aunque fuera ceceando, «al amanecer de Espana». Con los Martinez de Soria se hubiera entendido muy bien, aun cuando le habian parecido un poco petulantes. Ahora le ocurria algo pintoresco. Conseguia hacer respetar Falange en Hacienda, en el Neutral, en todas partes… excepto en la fonda. En la fonda, el patron, hombre de elevada estatura y enorme faja, le decia siempre, blandiendo la cuchilla del pan: «Escucha, Tavio. Como me metas a mi hija en jaleos, te devuelvo a Andalucia cortado en lonchas».
Mateo y Octavio habian puesto manos a la obra. La preparacion de todas las demas fuerzas de la ciudad los estimulaba a ello. Mateo le dijo: «Hay que llegar a la cifra de seis. Seis hombres es poca cosa, pero en nuestro estilo bastan para abrir brecha. Seis falangistas en potencia existen seguramente en Gerona. Veras como en el plazo de un mes se presentan a nosotros».
El calculo de probabilidades hecho por Mateo se revelo exacto. Veinticinco mil habitantes, no podian dar menos. La primera pieza cobrada resulto falsa; las demas, verdaderas.
La pieza falsa fue el teniente Martin. Se les ofrecio, diciendo que ya en La Coruna habia sido de Falange. Mateo se hizo el sordo. Queria eludir a los militares, sobre todo de la casta engomada del teniente Martin.
En cambio, aceptaron al hijo menor del profesor Civil. Lo cual era curioso habida cuenta que el profesor les habia dicho a Mateo e Ignacio: «Ninguno de mis hijos sera nunca falangista: les he dado formacion clasica». Su hijo menor, Benito Civil, delineante en paro forzoso despues de lo de octubre, ahora trabajando para los arquitectos Massana y Ribas, al enterarse de que Mateo iba a clase de Derecho con su padre se presento en su casa y le dijo: «Camarada, me gustaria saber exactamente de que se trata, pero en principio me parece que soy de los vuestros». Mateo le miro con fijeza. Por entonces el delineante estaba todavia parado. Mateo le dijo: «Falange no te promete encontrarte trabajo; al contrario, probablemente tendras que ayudarnos a pagar algunas cosas».
Benito Civil parpadeo.
– ?Eres casado? -le pregunto Mateo.
– Si.
– ?Tienes hijos?
– Si. Dos.
– Pues piensalo bien. Esto es peligroso.
– ?Por que tan peligroso?
– Porque Falange ama a Espana sobre todas las cosas. Incluso sobre los hijos.
Benito Civil sintio un escalofrio. Su mujer le habia dicho: «Dejalos. Esto no nos traera mas que disgustos». Pero algo le
Se llevo las Circulares a casa. Las leyo con apasionamiento. Benito Civil habia intuido desde chico que no le bastaria vivir en Gerona, odiar la tecnica y los judios, que eran las ideas que su padre le habia inculcado. Todo esto le parecia un poco desorbitado. Al leer en las circulares: «La idea de Patria es el termino medio preciso entre el concepto local o regionalista -concepto raquitico- y el de supresion de fronteras o sociedad universal -concepto vago o quimerico-»; al leer: «Para nosotros, nuestra Espana es nuestra Patria, no porque nos sostenga y haya hecho nacer, sino porque ha cumplido los tres o cuatro destinos trascendentales que caracterizan la Historia del mundo: defensa de la Catolicidad, descubrimiento de America, etcetera…», Benito Civil se puso su americana a cuadros verdes -al delineante le gustaban las tintas de color- y andando algo encorvado, como su padre, el profesor, se presento a Mateo y levantando el brazo, exclamo: «?Arriba Espana!»
Ya eran tres. Se habia avanzado la mitad del camino. El cuarto fue el hijo del doctor Rossello. Miguel Rossello empezo a sentirse falangista el dia en que oyo a su padre hablar en contra de la Falange. «Cuando mi padre critica algo, es que es bueno…», se dijo.
El abismo humano abierto desde siempre entre el doctor Rossello y su hijo era uno de los dramas teluricos de la ciudad. Miguel Rossello seguia paso a paso las andanzas de su padre y le consideraba un ser indeseable, ganado por extranas ambiciones personales. Cuando salia de su casa Miguel Rossello miraba el cielo azul y ensanchaba sus pulmones. Rota la esperanza familiar, buscaba algo en que verter sus energias de estudiante. Un dia leyo un discurso de Jose Antonio y se entusiasmo. Conocio a Octavio en el Neutral. Octavio le dijo: «Falange, a las personas como tu padre, que utilizan a los enfermos como medio, los condenaria a cadena perpetua o a algo peor aun». Miguel Rossello quiso conocer a Mateo. Mateo miro el ojal de la solapa del catecumeno, en el que brillaban una insignia de marca de coches.
– ?Eres aficionado a los coches?
– Si.
– ?Por que?
– Me gusta la velocidad.
Luego le pregunto Mateo por el resto de sus aspiraciones. Miguel Rossello queria estudiar Medicina, «para salvar las personas que su padre destrozaba».
– No comprendo que hables asi. Tu padre tiene fama de medico muy competente.
