– Y lo es. Pero es un mal hombre.
– ?Te parece que un medico, antes que medico, tiene que ser hombre?
– Desde luego.
Mateo asintio con la cabeza. Le arranco de la solapa la insignia Studebaker. Le dio a leer las Circulares: «Vuelve dentro de tres dias». Miguel Rossello, alto, casi imberbe, con cara de franqueza total, con mucha energia concentrada en las comisuras de los labios, volvio y grito cuadrandose: «?Arriba Espana!» Luego, al llegar a su casa, conto a su padre lo que habia hecho. El doctor Rossello le contesto: «Si no borras inmediatamente tu nombre, mejor dicho, tu apellido, de Falange, tendras que buscarte otro techo». El chico le dijo: «Me buscare otro techo».
El quinto camarada fue Juan Roca, estudiante de idiomas. Era hijo del portero de la Inspeccion de Trabajo -el competidor del subdirector en asuntos masonicos-. Se ganaba la vida dando lecciones de aleman y rellenando cedulas para la Diputacion. Le gustaba todo lo aleman, empezando por el idioma y terminando por las maquinas fotograficas. Su padre le decia que el aleman era horrible, que solo servia para recitar o cantar himnos. Pero Juan Roca continuaba estudiandolo, y ensenandolo, con la mejor voluntad.
Se presento a Mateo porque estaba convencido de que Falange se inspiraba en las modernas teorias alemanas. Cuando Mateo le replico que estaba en un error, que la minima parte no espanola de la doctrina de Falange se habia inspirado en Mussolini, el muchacho intento hacer marcha atras. Pero Mateo le detuvo. Le habia gustado la mirada de Juan Roca. Le dio a leer las Circulares. Juan Roca las leyo y penso: «Nada, nada, esto es aleman, por mas que diga. O por lo menos podia haberlo concebido un aleman». Volvio al despacho de Mateo y extendio el brazo exclamando, sonriente: «?Arriba Espana!» Mateo le dijo: «Antes de darte el carnet, asistiras a varias lecciones. En fin, tienes que liberarte de toda idea de extranjerismo».
El ultimo fue Conrado Haro. Conrado Haro, el bonachon. Un chico de escalofriante buena fe, de familia muy modesta. Su padre era guardia urbano del Municipio. Conrado Haro queria ser marino. Todo lo que se relacionara con el mar le llegaba al corazon. Estaba desesperado porque la Republica no hacia nada en este sentido, porque tenia la marina abandonada. Cuando leyo en un retazo de periodico que Falange preconizaba que Espana volveria a ser grande por las rutas del mar, no vacilo un momento. Se presento a Mateo. Mateo le dijo: «Es cierto. Ya lo ves, hasta el color de nuestra camisa es azul…» Conrado Haro grito: «?Arriba Espana!» En las Circulares entendio poca cosa. Los parrafos en que no se hablaba del «mar» se los saltaba. «Bien, bien, de acuerdo, de acuerdo», murmuraba. Mateo le admitio porque le vio un corazon puro, con un ideal concreto y dispuesto al sacrificio para realizarlo. Y se dijo que no cejaria hasta ver a Conrado Haro vestido de blanco en la cubierta de un barco.
Alcanzada la cifra de seis, Mateo penso que era la hora de reunirlos. Apenas si se conocian entre si. Octavio conocia a Rossello, Roca y Haro se habian saludado alguna vez en la Rambla, Benito Civil era bastante mayor que todos ellos -veintinueve anos, el viejo de la pandilla-. Era preciso presentarlos mutuamente y formar un bloque compacto. La idea de unidad era esencial.
A Mateo le encantaba la diversidad de procedencias y aun la diversidad de motivos que habia impulsado a los seis camaradas. Y se dijo que entre todos formaban, en miniatura, un mundo completo. Octavio era la inteligencia instintiva y sutil, andaluza. Rossello, el rebelde. Benito Civil, muy primitivo intelectualmente, pero de una conmovedora capacidad emotiva. Juan Roca de una gran tenacidad. Conrado Haro, el alma intacta. Cuando todas esas potencias espirituales se hubiesen identificado en un deseo comun para la grandeza de Espana, Gerona empezaria a erguirse, y lo mismo se caerian de puro arcaicas las bravatas de
Mateo se dijo que tenia que unir a los camaradas… y ademas a otras personas. Una idea romantica -y tambien peligrosa, probablemente- le hurgaba en el cerebro.
Y la llevo a la practica. Organizo un baile en su casa, para su cumpleanos, dia de San Jose. Le dijo a Orencia, la criada: «Seremos trece. Prepare trece tazas de chocolate».
Don Emilio Santos le concedio el permiso necesario. Don Emilio Santos fiscalizaba todos los actos de su hijo sin que este se diera cuenta. A veces incluso cometia pecadillos indignos de sus plateadas sienes: escuchaba detras de la puerta. Cuando Mateo y Octavio se quedaban solos en el despacho, don Emilio Santos se acercaba por el pasillo y escuchaba. Gracias a ello se entero de lo que significaria aquella reunion, y de que las primeras manifestaciones publicas de la Falange gerundense… se efectuarian en junio.
?Santo Dios! La cosa iba de prisa. Ahora que el rumor de los demas Partidos crecia como una ola… Ahora que el Partido Comunista tenia ya local, y propio, en la Plaza de la Independencia, un local magnifico en cuyo balcon un monumental rotulo rezaba en letras rojas: «Partido Comunista de Gerona».
Todo el mundo fue recibiendo las invitaciones para el baile. Los primeros, Ignacio y Pilar. Carmen Elgazu estuvo encantada. Le parecia muy natural que sus hijos se divirtieran. «Los bailes en una casa particular no me dan ningun miedo», dijo. Matias Alvear le replico que si el habia echado alguna cana al aire, habia sido precisamente en bailes de casa particular.
Mateo les dijo a Ignacio y Pilar: «Habra invitados sorpresa…» Ignacio le contesto: «?Bah, no me digas! Octavio, Resello, etcetera…» Mateo sonrio y anadio: «Y alguien mas».
El personaje mas emocionado ante la proximidad de la fiesta era Orencia, la criada. Orencia no hubiera podido justificar ante ningun juez por que se habia convertido en espia. Siempre fue una muchacha tranquila, y aun devota, de cerebro algo sonador, muy servicial. Por eso Carmen Elgazu la recomendo vivamente a don Emilio Santos. Pero… se puso en relaciones con Salvio, porque la muchacha se queria casar y Salvio era un hombre guapo y formal. Y ahi empezo la cosa. En cuanto supo que su novio era comunista, estimo su deber contarle de pe a pa las andanzas de Mateo. «Tendrias que advertir a Cosme Vila de que ya son seis afiliados, y que ademas…» «?No me hables de Cosme Vila! -le interrumpia Salvio-. Yo soy trotskista.» Orencia se quedaba perpleja y pensaba que el dia en que pudiera entrar en el despacho de Mateo consultaria en el diccionario lo que significaba aquella palabra.
El dia del baile se propuso no perder detalle de cuanto ocurriera. Mateo le habia rogado que, a pesar de ser San Jose, se quedara para servir a «los invitados». En compensacion, luego tendria dos tardes libres.
A medida que «los invitados» fueron llegando, los iba mirando uno por uno, haciendose a si misma comentarios de una violencia inexplicable.
Alli estaba el senorito de la casa, Mateo, con zapatos nuevos, para causar impresion. Alli el hijo del profesor Civil, con su mujer, esta con una cara de boba que no podia con ella. Alli el de Hacienda, con su novia, mosca muerta que en la fonda debia de hacer propaganda de Falange. Alli Alvear hijo, este si que era un tipo fino, que seria abogado y se negaba a afiliarse. Alli Pilar, gordita y mocosa, comiendose con los ojos a Mateo. Alli Rossello, de la ultima hornada, con sus hermanas, senoritas que no sabian lo que era fregar un plato… ni pasarse una tarde de fiesta preparando trece tazas de chocolate. Alli un tal Juan Roca, mas feo que un demonio. Alli un tal Conrado Haro, que parecia un nino de teta…
?Ale, a merendar, junto al pajaro aquel, que tambien era un detalle! Y la fotografia de Jose Antonio, presidiendo.
Mientras se oyeron las cucharillas y los platos, la criada cultivo su mal humor. Pero… luego ya no pudo. En cuanto oyo que se apartaban las sillas y vio que se encendian todas las luces de la casa, se detuvo. ?De repente la gramola se puso en marcha! Un tango. Los primeros compases se los trago con un poco de rabia. Pero de pronto, al oir el frufru de los que bailaban, se puso sentimental, entorno la puerta de la cocina, se quito el delantal y se puso a dar languidas vueltas, sola, abrazaba a un Salvio imaginario.
Nadie pensaba en ella. ?Perra vida, mientras una esta soltera! Los invitados vivian cada uno su tango. ?Que piso, que muebles! Se bailaba en el despacho, en el pasillo y en el comedor, habilitados al efecto. Un vertigo magnifico se habia apoderado de la casa.
