un bolsillo. Un par de obreros en el Comite, esto si, porque tienen instinto de clase; pero sujetos. Si los soltaramos pedirian las mismas cosas que piden los burgueses; ademas de que un buen revolucionario saca mejor partido del hambre que de la prosperidad.
»Asi, pues, lo mas importante es el clima revolucionario. Y luego tener presente que hay que repetirlo todo constantemente. De ahi la eficacia de un programa sencillo -los nueve puntos que lei en la barberia- y de los carteles y la Prensa. Es necesario llenar las paredes de carteles que digan siempre lo mismo y escribir siempre lo mismo en los periodicos. Por eso el semanario
»En el seno del Partido, la organizacion es lo basico. En cada fabrica y taller un enlace, una celula agraria en cada pueblo. Hasta que el mapa de la provincia no este lleno de banderas la cosa no empezara a marchar. Y tener esta idea fija: los del Comite somos los responsables de todo. Por de pronto, nos reuniremos todas las noches sin excepcion. Luego, no nos permitiremos ni el menor lujo. Mesas y sillas en casa, nada mas. Ni cines ni bailes ni matar las horas en tertulias. Y, sobre todo, no vestir como el alcalde o los Costa. En la cabeza, o nada, como yo, o en todo caso gorro de ferroviario. Nada de sombrero ni de panuelitos que salen ni de corbata. Y nada de agua de colonia, a pesar del negocio de Gorki. Hay que cuidar todos los detalles, ser minuciosos. Contacto continuo con Barcelona y visitas periodicas de Vasiliev. Imponer una disciplina ferrea y dar pocas explicaciones. De vez en cuando, un escarmiento. Y desde luego, estudiar. Y el que no este dispuesto a morir por la idea, ir a la carcel o sacrificar a la familia, vale mas que se afilie a la Izquierda Republicana.
El Comite Ejecutivo aprobo la linea de conducta. Gorki se las prometio felices. Cosme Vila abrio un cajon del escritorio y se puso a comer un bocadillo.
Cosme Vila odiaba por igual a los terratenientes, a los militares y al clero. Y lo mismo a los disidentes del Partido, especialmente a Pedro, chico que vivia en la calle de la Barca con su padre, este siempre en la cocina con una mosca pegada entre ceja y ceja. Tal vez el blanco preferido fuera el clero, no por conviccion sino por temperamento. Pertenecia a la organizacion «Los militantes sin Dios» que acababa de fundarse en Barcelona, antiguamente «Los Sin-Dios», y decia que en accion antirreligiosa en Espana debia llegarse mas lejos que en Rusia.
No obstante, era inteligente y no se hacia demasiadas ilusiones. Tenia un conocimiento muy preciso de cuantos le rodeaban. Sabia muy bien, que sus suegros no dejarian de admirarle nunca, hiciera lo que hiciera; en cambio, comprendia que los afiliados le echarian el alto si no remozaba sin cesar su autoridad. Tambien sabia que Gorki, muy entero, no le perdonaria un fallo ni perderia un momento de vista el sello y el tampon; y que cuando Murillo se atusaba los bigotes lentamente, era senal de que rumiaba algun resentimiento.
Pero no importaba. Les daria pruebas de su voluntad indomable. Por de pronto, no se movia de su mesa de trabajo, ni siquiera para salir al balcon. No salia al balcon ni siquiera cuando, abajo, pasaba Teo, con su carro arrancando chispas de las piedras.
Esta era la gran virtud del jefe, que trascendia al Partido. Permanecia inmutable. Los militantes admiraban su seriedad. Ya en la barberia comprendieron que la jugada era importante. Cosme Vila decia siempre que la frivolidad era el defecto burgues por excelencia, y el que a la postre les resultaria fatal.
Cosme Vila, despues de analizar cada una de las decisiones que tomaban sus adversarios, llegaba a esta conclusion: que eran unos frivolos. Frivolo el notario Noguer cuando creia que, recogiendo la basura, se limpiaba una ciudad; frivolo Casal cuando afirmaba que un poco de algodon en el oido basta para no oir; frivolos los Costa cuando se declaraban euforicos porque apenas reabierto el local contaban con mayor numero de afiliados que antes del 6 de octubre, y solemnemente nombraban al martir Joaquin Santalo presidente perpetuo del Partido y republicano ejemplar.
Esta era la vida. Si Mateo sonaba en Marta para fundar la Falange femenina en la ciudad, si Izquierda Republicana explotaba para su propaganda los huesos de Joaquin Santalo y el Partido Comunista estaba dispuesto a sacrificar a sus afiliados, si el Partido Socialista y su Sindicato se recobraban con formidable impetu gracias a la cabellera anarquica de Casal, si Porvenir tenia tan loca a la hija mayor del Responsable, que esta le proponia poner en practica las teorias de Bakunin y huir los dos a Francia o donde fuera; si Mateo luchaba a brazo partido para arquitecturar el inicial entusiasmo de los recien ingresados y en la Liga Catalana don Jorge con su ortodoxia, resultaba un muro para los que querian convertirla en una entidad bancaria, todo ello formaba parte del juego de la ciudad -de su historia-, como el rio o como la pulcra cabeza del Comisario. Ahora bien, llenaba el presente -la vida cotidiana, las calles- de irremediables asperezas. La diversidad de bandos afectaba a la existencia entera de la ciudad, desde sus instituciones hasta su marcha comercial. Porque el hecho de que cada hombre tuviera su local politico -y cada local su conserje- traia como consecuencia que cada mujer tuviera su panaderia, su vendedora de pescado. Vivir las ideas: esta era la ley. Por nada del mundo un ugetista hubiera dejado una peseta en el estanco de un radical. Y ademas, cada ciudadano leia un solo periodico, que tallaba como en piedra su mentalidad. Y cada periodico tenia sus anunciantes, y los lectores sabian que los anunciantes de otros periodicos eran enemigos. De ahi que Matias Alvear soltara en el Neutral una frase que fue repetida durante mucho tiempo y que divirtio enormemente a Julio Garcia: «Si esto continua asi, viendo la marca de los calcetines de un caballero sabremos si cree o no en el misterio de la Encarnacion».
Matias Alvear hablaba de esta forma con animo a la vez alegre y triste. Triste porque hubiera querido que todo el mundo fuera mas tolerante, que todos los periodicos anunciaran todos los calcetines; alegre porque en aquella libertad de organizacion y opinion veia la prueba de que las aguas habian vuelto a su cauce, y que el fantasma de la Dictadura Militar, que en un principio se temio, se habia desvanecido. Matias Alvear recobraba poco a poco, sin darse cuenta, su confianza en la Republica. A don Emilio Santos, el menos optimista, le repetia la cancion: «Un poco de seso y unos cuantos republicanos de buena fe. Todo marcharia sobre ruedas». Y a veces se conformaba con uno solo, con un jefe. Ni Gil Robles, «hipocrita», ni Azana, «un resentido»; alguien nuevo, sensato, de buena fe. Matias Alvear creia que este jefe surgiria un dia, «que no habia razon para desesperar. Y entre tanto, ?para que revolverse la sangre?»
Lo que ocurria era que Matias Alvear, realista, estaba contento porque en Telegrafos el asunto catalanista habia quedado zanjado y, sobre todo, porque entre las aguas vueltas a su cauce se hallaba su familia: Santiago, tranquilo en Madrid; Jose metido en un negocio de recambios de coches; en Burgos, su hermano libre tiempo hacia, la hija de este a punto de casarse; uno y otro -e incluso el chico- otra vez en la UGT. Era, ciertamente, un balance positivo teniendo en cuenta lo ocurrido. Cerca de treinta parientes, contando con los de su mujer, y solo se habian perdido cuatro dedos: los del cunado de Trubia; que por cierto ya volvia a dirigir los talleres. En Bilbao, completos, y en San Sebastian. Carmen Elgazu tambien daba gracias a Dios por todo aquello; y ahora solo le pedia que Ignacio perseverara siendo el que era, estudiando sin meterse en tanta lucha secreta como habia en la ciudad, que Cesar regresara pronto -?le echaba mucho de menos!- y que la inclinacion que Pilar sentia por Mateo tuviera buen fin.
CAPITULO LII
Mes de junio. Un gran sopor habia invadido a la ciudad. Los movimientos eran lentos, los cuerpos se resistian a cambiar de postura. Mirando el sol se presentia que pronto mandaria rayos de fuego sobre las cabezas. En determinadas horas las calles parecian deshabitadas. Todo el mundo decia: «No se por que, pero me pasaria el dia durmiendo».
Ignacio y Mateo aprobaron en la Universidad de Barcelona el primer curso de Derecho, ?Ignacio llamo por telefono a Ana Maria! La chica sintio que el corazon le estallaba. Dieron un paseo en barca, por el puerto. Ignacio hizo otro discurso…
Las familias de Mateo e Ignacio recibieron a los dos chicos en la estacion. Por su parte, el profesor Civil hizo tambien acto de presencia. Hubo abrazos, besos, regalos. ?Primer curso! En el Banco se repitio la cancion: «Ignacio Alvear, consultas de tres a siete».
Pedro, el comunista disidente y solitario, queria comprar un aparato de radio a plazos, para recibir directamente las consignas de Moscu. Su padre, el viejo de la cocina, le dijo: «Vete a ver». El muchacho fue a ver y le dijeron: «De acuerdo, pero tiene usted que firmar estas letras». Pedro se nego a ello. Su padre le habia
