pronto se levantaron entre los pinos pequenos incendios. Solo respetaron los terrenos de presuntas artistas norteamericanas porque Blasco grito de pronto: «?Cuidado! Podriamos provocar un conflicto internacional».
Si la opinion popular estaba desconcertada con respecto a los incendios, por el contrario los dirigentes politicos, derechistas e izquierdistas, sabian perfectamente a que atenerse. Y presumian que el castigo seria duro para el Responsable y Porvenir. «La Voz de Alerta» regreso fulminantemente de Puigcerda y en compania de don Pedro Oriol se presento en Comisaria con testigos que habian visto a los anarquistas por las montanas.
Pero la cosa se revelaba dificil. No solo faltaban las pruebas reglamentarias, sino que los incendios habian cesado. Y por lo demas, el Comisario se negaba rotundamente a admitir que los dos jefes anarquistas tuvieran nada que ver con el asunto.
– ?Como pueden ustedes suponer semejante cosa? El Responsable se pasa el dia en el Gimnasio, y Porvenir en la Piscina. Docenas de personas les han visto alli manana y tarde.
Por ello el Responsable y Porvenir estaban tranquilos. Porque contaban con la amistad personal del Comisario, don Julian Cervera. El Comisario habia sentido desde el primer momento simpatia por uno y otro. Al Responsable le habia dicho: «Me gustan los hombres que siguen siempre la misma linea». A Porvenir le habia preguntado, riendose: «?Es cierto, Porvenir, que en Barcelona una vez se colgo usted un astronomo del brazo izquierdo y un librero de lance del brazo derecho?»
Esta amistad se revelo eficaz. El Comisario no solo rechazo en principio las protestas de los propietarios afectados, del Instituto de San Isidro y de los partidos derechistas e izquierdistas sino que con los Costa -que acudieron en taxi desde el pueblo natal de sus mujeres- discutio en tales terminos que los dos industriales acabaron por encogerse de hombros. «Al fin y al cabo -le dijeron al Comisario-, los perjudicados son ustedes, los representantes del Gobierno.»
Casal reacciono con mayor violencia. No le cabia en la cabeza que se dejara impune semejante atentado contra la riqueza forestal de la region. Se puso furioso; y, sin embargo, no iba a tomar represalias por su cuenta contra el Responsable y Porvenir. «?Si las altas esferas creian que aquello beneficiaba a alguien…!»
No, no era eso, al parecer. Las altas esferas no creian que aquello beneficiara a nadie, pues el atentado, provocando reacciones diversas, acusaba aun mas las diferencias que separaban entre si a los Partidos Izquierdistas, lo cual les parecia de mal aguero, dado que el verano pasaria y que probablemente a fines de ano habria elecciones. ?El interes capital no era precisamente lanzarse a estas elecciones unidos, formando un frente comun, desde la FAI hasta Izquierda Republicana?
Fue entonces cuando aparecio en la ciudad el doctor Relken. Julio le recibio en su casa con todos los honores y le presento sus amistades. Dona Amparo se sintio orgullosa. «?Por fin huespedes de categoria!» El doctor, al enterarse de la devastacion de la provincia, comento, limpiandose las gafas de doble espesor: «?Ah, no hay manera de que ustedes los espanoles se pongan de acuerdo! ?Me quiere servir un poco de agua, dona Amparo?»
CAPITULO LIII
Carmen Elgazu, teniendo a Cesar al lado, era la mujer mas feliz del mundo. Los nueve meses de ausencia le habian parecido tan largos que una vez mas se habia dado perfecta cuenta de que entregar un hijo a Dios era perderle desde el punto de vista humano. Tres meses al ano en casa; y una vez terminada la carrera, quien sabe adonde le destinarian.
Ahora le miraba, pareciendole imposible que hubiera crecido aun mas, que supiera tantas cosas… Siempre estimaba que Cesar sabia muchas mas cosas que Ignacio. En su escala de valores todo el Derecho no valia lo que un nuevo detalle liturgico, o un poco de Teologia.
Cesar tomo, como siempre, posesion de su cama, de su silla en el comedor, de la ventana que daba al rio, del balcon. Tomo posesion de su Biblia mutilada, comprobo que la imagen de San Ignacio cobraba una patina de buena ley. Viendo los ojos de Pilar, y la felicidad que respiraba su hermana por todos lados, comprendio que la cosa entre ella y Mateo estaba mas avanzada de lo que le habian contado por caria. Oyendo a Ignacio en la mesa, tranquilo y dueno de si, comentando sin pasion los acontecimientos, comprendio que era cierto que su hermano habia mejorado mucho desde que le dejo, en octubre ultimo, exaltado por la revolucion. Cesar ignoraba que Ignacio hubiera estado enfermo. Atribuyo su cambio a los rezos, y tal vez a la influencia del profesor Civil, de quien tenia las mejores referencias.
Lo que mas le impresiono del hogar fueron las imagenes de San Francisco de Asis y Santa Clara que Murillo les habia mandado cumpliendo su promesa.
Carmen Elgazu las habia puesto en el cuarto de Pilar, en el que el seminarista entraba muy raras veces. No le habian dicho nada a Cesar, de modo que para el muchacho constituyeron una jubilosa novedad. Se quedo boquiabierto, contemplandolas a ambos lados de la coquetona cama de su hermana, sobre dos minusculos pedestales. «?Es lo mejor que ha salido del taller Bernat!», exclamo. Luego dijo que tendria que ir a darle las gracias a Murillo. Matias Alvear se rasco la nariz, pero de momento no le desanimo.
De la ciudad en general, lo que mas impresion le produjo fueron, por un lado, los incendios, por otro la entrada de Falange -y por lo tanto de Mateo- en la vida publica.
Ante ambas cosas su reaccion fue de asombro. Respecto de Falange, experimento inmediatamente una sensacion de malestar, tal vez porque mosen Alberto le habia dicho, senalando las montanas: «Si tu madre supiera con quien se las ha Pilar, no le permitiria salir con quien sale». Pero esto no era todo. Cesar habia identificado, desde el primer dia, la palabra Falange con la palabra Fascismo, y ello le inspiro siempre un temor especial. Temor que aumento cuando su profesor de latin en el Collell le conto las persecuciones que sufrian los catolicos en Alemania, anadiendo que por su parte Mussolini, en sus comienzos de lucha sindical, habia publicado un folleto titulado: «Dios no existe», asi como terribles blasfemias contra Jesus.
Sin embargo, se resistia a condenar. En primer lugar, uno de los internos del Collell, que tenia un retrato de Jose Antonio escondido en la mesilla de noche, siempre decia que este era catolico antes que otra cosa; y tocante a Mateo, parecia no solo eso, sino incluso devoto, para no hablar de su conocimiento de la Biblia, que segun Ignacio era sorprendente.
Por lo demas, mosen Francisco, a quien visito en seguida, le dijo: «?Mateo peligroso…? ?Pse! Ya sabes que yo casi nunca estoy de acuerdo con mosen Alberto».
Tocante a las montanas, Cesar no comprendia. A Cesar no le cabia en la cabeza que pudiera quemar montanas ningun hombre. En el Collell se extasiaba viendolas y nunca olvidaria cuando por Navidad quedaron vestidas de blanco. Y en cuanto a los arboles, ?a veces creia incluso que tenian alma! En las noches que se habia pasado rezando, a intervalos se asomaba a la ventana, y si habia luna o si la bombilla del patio habia quedado encendida, veia a los chopos agitar sus hojas, saludandole, o a veces parecia que descendian de ellos lentas lagrimas. ?Nadie era capaz de quemarlos deliberadamente! Y desde luego, no habia hablado aun de los cipreses, que a su entender eran los arboles que mas motivos tenian para creer en Dios.
Y, sin embargo, el hecho estaba patente, los rescoldos por los montes. Y ahi estaban tambien los VIVAS de Falange en la Dehesa. Y ademas, los folletos. Incendios falangistas. ?Que pensar?
A Cesar le costaba mas que antes integrarse en la vida de los demas. Se sentia ausente. Sin embargo, observaba a Mateo y cuantas veces hablo con el saco buena impresion. Nada veia, serio, que oponer a cuanto decia. Solo una de las frases de las octavillas le desagrado: aquella que decia: «La gente que sufre, odia». Cesar admitio que por desgracia era asi en muchos casos, pero que expresado en aquella forma podia dar a entender que tal odio era justo.
Mateo le contesto:
– Querido Cesar, no pierdas de vista una cosa. Nosotros no nos dirigimos a personas como tu, que llevan cilicio, sino a obreros que son echados de todas partes por los banistas y que, como dice tu hermano -tu hermano siempre habla muy bien-, «ven que su mujer envejece rapidamente, el agua les queda lejos y no saben donde colgar la gorra».
Cesar asintio meditativamente. ?Que complicado era aquello!
Desde el punto de vista practico, sus proyectos eran menos definidos que el ano anterior. ?Calle de la Barca? ?El otro taller de imagenes? Evidentemente, todo aquello le era ajeno, sin saber por que. ?Dormiria durante el dia las horas de sueno que le robaba a la noche? Quien sabe. Vivia en otra orilla. De momento lo atribuyo al brusco
