encendieron las tradicionales hogueras al atardecer, hogueras cuya inocencia lleno de nostalgia los ojos anarquistas.
Tambien Raimundo el barbero captaba ondas beneficas. El barbero tenia una pasion: su clientela de bigote y masaje, a la que halagaba cuanto podia. En aquella quincena le dijo a Mateo:
– Mateo… tengo una noticia para usted.
– ?Cual?
– Conozco el sistema para que se gane usted… un amigo.
– ?Un amigo…?
– Si. Pedro.
Mateo se callo. El barbero anadio, tijereteando:
– Regalenle ustedes una radio.
Mateo disimulo. Y, sin embargo, la idea se le clavo en la mente. Fue algo que le ensancho la camisa azul. Y en la reunion del sabado planteo el asunto a sus camaradas.
Todos se quedaron asombrados. Benito Civil se ajusto su americana a cuadros verdes y pregunto: «?Una radio a un comunista?» Mateo contesto: «?Por que no?» Octavio repuso: «Seria un honor para la Falange captar a Pedro». Pero luego anadio que no habia un centimo en caja. «Todo se fue en octavillas.»
Rossello propuso abrir una suscripcion entre las personas mas o menos simpatizantes: Marta, el teniente Martin… El personalmente aportaba… tanto. Dicho y hecho. Nadie se explico como consiguieron, en unas horas de fiebre juvenil, reunir la cantidad necesaria. ?El rubio del saxofon entrego veinticinco pesetas! Don Emilio Santos se mostro generoso; Matias Alvear, aunque no comprendia la situacion, tuvo que abrir la cartera… A las siete de la tarde del lunes la radio relucia en la barberia de Raimundo, este perplejo al comprobar que su idea habia sido tomada en serio. Se organizo una comitiva -Mateo, Ignacio, que conocia a Pedro, Octavio y el Rubio, ademas de Pilar y Marta- y todos juntos, poseidos por un vertigo jubiloso, se dirigieron a marcha atletica hacia la casa de Pedro, que vivia en la calle de la Barca.
Cuando el muchacho, al abrir la puerta de su triste piso vio a Mateo con un aparato de radio, y a los demas en la escalera, se llevo una mano a la cabeza, luego abrio los ojos de par en par y, por fin, no sabiendo que hacer, se agacho un poco para palpar el aparato.
Entonces todos irrumpieron en el oscuro comedor y le ayudaron a buscar un enchufe, encontrando uno a ras de suelo, en un rincon. Octavio se subio a una silla y coloco la antena.
Cuando las lamparas se encendieron y el aparato empezo a runrunear se oyo un ?hurra! general. A Pedro, la emocion le tenia agarrotado. Pero de pronto se acerco a la radio y se apresuro a dar vueltas al boton. Pero… Moscu no salia, no era la hora de la emision.
No se oian mas que valses. Tan tentadores que Pilar asio de la mano a Mateo y se puso a bailar con el. Ignacio invito a Marta.
Hasta que de repente, en la puerta de la cocina, aparecio un rostro cadaverico, con dos moscas pegadas en la frente. Entonces todo el inundo se callo. La radio fue desconectada.
– ?Que pasa, que pasa? -pregunto, con voz asustada, aquel rostro.
En cincuenta anos que el padre de Pedro llevaba en el piso era la primera vez que en el oia musica.
Tambien para Ignacio la quincena se manifesto propicia: vacaciones. Descartado San Feliu, pues David y Olga se habian dado enteramente a la UGT, y queriendo a toda costa salir de Gerona para cambiar de aire, el muchacho penso en el campo. ?Adonde ir? Jaime, el telegrafista, le tenia dicho a Matias: «Si alguno de ustedes quiere pasar unos dias en casa de mis padres, en la Cerdana, aviseme».
El viaje fue decidido en un santiamen. Ignacio pagaria lo que en la fonda, y le tratarian como de la familia.
Ignacio se marcho, dispuesto a asegurar a los padres de Jaime que su hijo era el mejor poeta de la region. El pueblo en que vivian estaba muy cerca de Puigcerda, donde «La Voz de Alerta» pasaba los veranos fundando clubs de
Los padres de Jaime le dijeron a Ignacio:
– ?Que quieres, chico! A los jovenes os tira la ciudad. Jaime queria abrirse camino en Gerona, con la poesia. Pero dice que le falta influencia.
Luego le informaron de que el cura era una bellisima persona y de que el relojero del pueblo estaba loco. Cuando llegaba un forastero le llamaba y ensenandole un reloj que tenia parado le decia: «Lo pondre en marcha el dia que estalle la revolucion».
Ignacio puso una expresion parecida a la de los conejos al oir hablar, incluso en la Cerdana, de revolucion. Pero no hizo caso. Inmediatamente la comarca le entro en el corazon, el valle y aquella casa. Caminos que el sol aplastaba durante el dia, pero que hacia el atardecer se desperezaban, llevando y trayendo, a traves de la llanura, carros, alfalfa y misterio. Entonces Ignacio veia la hierba quieta y, sin embargo, temblorosa de los campos, los montes de Nuria ensombrecerse y, no obstante, ganar en estatura, troncos y solitarias paredes que continuaban recibiendo en plena noche impactos de luz. Luego dormia totalmente, como nunca conseguia dormir en Gerona, y, a veces, de madrugada se asomaba a la ventana, comprobando que todo estaba en su lugar, que todos los relojes de la Cerdana -excepto el del relojero loco- marchaban a la perfeccion. Eras, pajares, gatos y perros, olmos y chopos, la linea de Francia a dos kilometros escasos, la carretera a Seo de Urgel, los atajos de los contrabandistas, el agua pirenaica que al doctor Relken le hubiera gustado beber, los viejos carlistas sentados en los bancos de piedra de la plaza del pueblo: todo tenia su norma y su ley.
De no ser por el relojero loco, Ignacio hubiera vuelto a Gerona diciendole a Cesar: «Comprendo que en el Collell se te antoje a veces que cada cosa de la naturaleza tiene de por si un alma, que todas juntas o por separado te saludan, que algunas lloran, que muchas de ellas luchan para aprender tu nombre y el de tu profesor de latin»; pero el relojero -que en efecto le llamo en seguida, en cuanto le vio cruzar la calle- hundiendose en la cuenca del ojo izquierdo el horrible monoculo de su oficio le contaba con estilo incoherente que todo aquello estaba muy bien -los rebanos, el agua-, pero que en el pueblo se disfrutaba de menos salud de la que el creeria -matrimonios entre primos hermanos, habia mas miseria de la que suponian las autoridades, muchas familias que emigraban a Francia y que la vida en invierno era dificil alli, porque quedaban incomunicados y porque el tunel de Nuria -que ya la Dictadura les habia prometido, y luego la Republica- no era nunca una realidad.
– Comarca feliz. Si, si. ?Ves este reloj? Le das cuerda y anda para atras. ?Je, empleado de Banca! Aqui en la Cerdana, en invierno no se puede vivir. Mi padre decia que no se quiso bautizar porque la iglesia estaba helada. Tenia razon. Es muy bonito venir a Puigcerda en el mes de julio y andar como tu andas, con alpargatas y una camisa de seda con iniciales: pero en invierno… ?Por que hablo de revolucion? Porque el oficio me ha ensenado «que las ruedas pequenas son tan importantes como las grandes…» ?Quienes son las grandes? Los que vienen a jugar al
Ignacio regreso a Gerona algo obsesionado por aquel hombre. Y Gerona le devolvio a la realidad. Menos hierba quieta -murallas recibiendo tambien impactos de luz en plena noche- y mas camisas de seda con iniciales.
Carmen Elgazu le encontro mas gordo. Cesar le dijo, inesperadamente: «Hoy he ido al valle de San Daniel. He visto la tapia del convento de clausura».
En cuanto a Gerona, se hallaba en plena fiesta. La quincena del amor habia alcanzado su punto culminante. Cada barrio tenia su fiesta veraniega, como en la Cerdana cada camino su carro. Papeles de color zigzagueando de balcon a balcon, tipicos monigotes de madera colgados en el aire, tablados para los musicos, puestos de mantecados.
?Como resistir? Era la fiesta de la Rambla y Matias Alvear habia formado parte de la comision organizadora.
